El Consejo de Seguridad de la ONU se encamina a adoptar la próxima semana una resolución que podría allanar el camino para un ataque militar de Estados Unidos contra Iraq, tras seis semanas de deliberaciones a puertas cerradas.
Luego de amortiguar su retórica de guerra, Estados Unidos haría lugar a una de las demandas centrales de Rusia, China y Francia: solicitar una autorización explícita del Consejo de Seguridad antes de usar la fuerza contra Iraq, si éste se niega a cooperar con las inspecciones de armas de destrucción masiva.
Sin embargo, según fuentes diplomáticas, la frase más ambigua del proyecto de resolución advierte implicítamente a Iraq que cualquier infracción material a sus obligaciones pasadas podría justificar una acción militar de Estados Unidos.
Para ser aprobada, la resolución requiere nueve votos afirmativos de los 15 países integrantes del Consejo de Seguridad, cinco de los cuales son miembros permanentes con poder de veto: Estados Unidos, China, Francia, Gran Bretaña y Rusia.
El actual Consejo se completa con Bulgaria, Camerún, Colombia, Guinea, Irlanda, Mauricio, México, Noruega, Singapur y Siria.
De acuerdo a los rumores que corren en la sede de la ONU en Nueva York, la propuesta de resolución auspiciada por Estados Unidos y Gran Bretaña obtendrá ocho votos de los miembros no permanentes más dos de los proponentes.
Si tal como se espera, Rusia, China y Francia se abstienen de ejercer el veto, la resolución se considerará políticamente débil, pues no cuenta con el respaldo de esas tres potencias del máximo órgano de seguridad de la ONU.
El compromiso más probable puede dejar lugar para la disputa: Estados Unidos puede sostener que la resolución lo autoriza a usar la fuerza, mientras Francia puede alegar que no, dijo a IPS Chris Toensing, editor del Middle East Report, con sede en Washington.
Toensing añadió que uno de los factores que obligó a este compromiso del Consejo de Seguridad fue el temor a que Washington actuara solo ante la ausencia de una resolución.
Al menos en el corto plazo, el efecto de la crisis de Iraq puede alimentar la idea de que la ONU es una herramienta de los designios de las grandes potencias, y socavar su credibilidad y aun su relevancia, opinó Toensing.
El secretario de Estado (canciller) de Estados Unidos, Colin Powell, dijo la semana pasada que su país mantendrá abiertas las opciones militares pues no quiere que una resolución ate las manos del presidente George W. Bush, impidiéndole hacer lo que considere necesario para defender los intereses estadounidenses.
Una invasión de Estados Unidos a Iraq sin un claro mandato del Consejo de Seguridad representaría un grave asalto a la legalidad, advirtió el activista Jason Mark, de la organización de derechos humanos Global Exchange, con sede en la occidental ciudad de San Francisco.
La ONU, no la Casa Blanca, debería tener la última palabra, dijo Mark a IPS.
¿Esto ata las manos de Estados Unidos? Sí. Ese es precisamente el sentido de la ONU y del instituto del veto en el Consejo de Seguridad: restringir las accciones unilaterales y preservar la estabilidad internacional, añadió.
Mark subrayó que la belicosidad de la Casa Blanca constituye una amenaza tan grande a la relevancia de la ONU como el programa de armas de destrucción masiva de Iraq.
Tememos que si Estados Unidos sigue adelante y ataca a Iraq sin la aprobación de la ONU, mutilará a la institución, estimó.
El gobierno de Bush está trabajando intensamente para obtener del Consejo de Seguridad cualquier tipo de apariencia de legalidad que pueda exhibir para justificar su ya planificada agresión, sostuvo el profesor de derecho internacional Francis Boyle, de la Facultad de Leyes de la Universidad de Illinois.
Sin esa cobertura, será obvio para todo el mundo e incluso para el pueblo estadounidense que este ataque es una abierta y brutal agresión, tal como la que (Adolf) Hitler llevó a cabo contra Polonia en 1939, iniciando la segunda guerra mundial. ¿Y podría ser éste el comienzo de la tercera guerra mundial?, se preguntó.
El experto sostuvo que si el Consejo de Seguridad proporciona a Bush esa apariencia de legalidad para sus planes de guerra, habrá demostrado su propia ruina jurídica y moral, tal como ocurrió con la Liga de las Naciones (1920-1946) cuando se negó a confrontar la agresión de la Alemania nazi y la Italia fascista.
Muchas fuerzas poderosas en Estados Unidos, incluyendo a muchos militares y capitalistas, parecen opuestos a la guerra. Y, desde luego, grandes sectores de la opinión pública se oponen, aseveró el profesor sobre justicia y paz de la Universidad de Georgetown, Mark Lance.
Pero, obviamente, el gobierno piensa que el tono beligerante es el mejor camino a seguir, no importa lo que pase, agregó.
Si bien la resolución amenaza implícitamente con una acción militar a Iraq si se niega a cooperar con los inspectores de armas, Estados Unidos ha querido dar la impresión de que la votación favorable no necesariamente conducirá a un ataque.
Esta resolución no es un intento de Estados Unidos de buscar una excusa para la guerra. Es un intento de dar un claro mensaje a Iraq y poner en marcha un buen régimen de inspecciones, sostuvo el jueves el embajador James Cunnighan, segundo representante permanente de Estados Unidos ante la ONU. (FIN/IPS/tra- eng/td/dcl/ip/02


