El escándalo por abusos sexuales contra menores en la Iglesia católica de Chile llegó a la jerarquía eclasiástica a través del obispo Francisco José Cox, sospechoso de actos de pederastia, que abandonará la vida pastoral para recluirse de por vida en un monasterio.
Cox, quien alcanzó notoriedad en 1987 como secretario ejecutivo de la comisión encargada de la visita a Chile del papa Juan Pablo II, está hace dos años en Colombia. Su reclusión fue confirmada en la noche de este jueves por el arzobispo de Santiago, cardenal Fracisco Javier Errázuriz, primado de la iglesia chilena.
El involucramiento de un obispo en actos de pederastia no tiene precedentes en la Iglesia Católica chilena y se produce tres semanas después de que se desvelara el caso de un sacerdote, actualmente en prisión preventiva, que abusó sexualmente de siete niñas en su parroquia de un municipio de clase media en Santiago.
En mayo, luego del estallido del escándalo por los sacerdotes pederastas en Estados Unidos, trascendieron en Chile al menos tres casos de párrocos denunciados ante los tribunales por abusos sexuales contra niños. Uno de ellos, Víctor Carrera, podría ser extraditado desde Italia para comparecer ante la justicia.
El obispo Cox, que probablemente se instalará en un monasterio de la orden de Schoenstatt en Europa, se retirará a la oración, la penitencia y al estudio, para seguir alabando a Dios y para pedirle perdón por las faltas que ha hecho, dijo Errázuriz en una entrevista con Canal 13, la estación católica de televisión.
El cardenal sostuvo que no existen denuncias comprobadas ni expedientes judiciales sobre los abusos que Cox habría cometido contra menores mientras fue obispo coadjutor y luego obispo titular en la ciudad de La Serena, 460 kilómetros al norte de Santiago, cargo del que fue removido discretamente en 1997.
Sin embargo, Errázuriz admitió que Cox mostraba una afectuosidad un tanto exuberante en su trato con personas, y particularmente con niños. Cuando sus amigos y superiores le llamaban la atención por esto, pedía perdón y prometía enmendarse. Pero, lamentablemente no lo lograba, señaló Errázuriz.
Cox, actualmente de 68 años, asumió como obispo de La Serena en 1990 y la Congregación de los Obispos, con sede en Roma, lo alejó de esa función en 1997, luego de que se hicieran frecuentes los rumores sobre sus inclinaciones paidófilas y se le viera a menudo paseando con niños en su camioneta.
Familiares de una supuesta víctima de Cox hicieron en aquella época una denuncia a Antonio Puga, director del diario El Día de La Serena, pero éste se negó a publicarla mientras no se le presentaran pruebas concretas de los abusos contra el menor, señaló Errázuriz.
Puga falleció sin dejar testimonio escrito ni oral de aquel episodio. Se llevó el secreto a la tumba y nosotros recién nos enteramos ahora, dijo al diario Las Ultimas Noticias de Santiago un ejecutivo del periódico serenense.
Versiones recogidas este viernes también por Las Ultimas Noticias señalan que otra denuncia fue recibida en 1997 por una autoridad judicial que entonces realizaba tareas de gobierno, lo cual dio lugar a la apertura de un proceso en tribunales de La Serena, cuyos resultados se desconocen.
Tras su remoción del obispado de La Serena, Cox fue destinado diversas tareas internas en la orden de Schoentatt, a la cual pertenece también Errázuriz, y más tarde se hizo cargo de los aspectos comunicacionales en la preparación del Jubileo 2000.
En marzo de 2001 fue enviado a Colombia, para hacer una investigación sobre los nuevos ministerios laicales en América Latina, la cual concluyó a comienzos de octubre. El 10 de ese mes envió una carta a Errázuriz, comunicándole su determinación de retirarse a un monasterio.
Al momento no está claro si se trata de una decisión voluntaria del obispo o si le fue impuesta por la jerarquía eclesiástica a raíz de sus no superados problemas de salud síquica, según la expesión usada este viernes en la orden de Schoentatt.
El miércoles, dos días antes de que irrumpiera el caso de Cox, se conoció que una comisión de la Iglesia Católica prepara un documento para la Asamblea Plenaria de obispos acerca de la política de tolerancia cero que la jerarquía se propone aplicar para castigar y prevenir actos de pederastia de sacerdotes.
La Iglesia Católica salió así al paso de nuevas versiones sobre abusos de religiosos contra menores, que cobraron cuerpo a comienzos de octubre con el arresto del sacerdote José Andrés Aguirre.
Conocido como el padre Tato, Aguirre mantuvo entre 1998 y 2000 contacto corporal con tocaciones con siete niñas acólitas y monaguillas de su parroquia en el municipio de Quilicura, en Santiago.
Este jueves, el Servicio Nacional del Menor de Valparaíso (120 kilómetros al oeste de la capital) entabló una demanda ante los tribunales contra otro sacerdote, cuyo nombre no ha trascendido, por abuso sexual contra tres niños en un hogar de acogida llamado Refugio de Cristo.
Cox, ordenado sacerdote el 16 de julio de 1961 en Suiza junto a Errázuriz, fue considerado en su momento uno de los más promisorios curas schoentanianos.
Antes de ingresar al clero, estudió Economía, y como sacerdote cursó teología en la Universidad de Friburgo (Alemania), así como filosofía y derecho civil y canónico en la Pontificia Universidad Lateranense del Vaticano.
Un dato paradojal en la biografía de este obispo sospechoso de pederastia es que fue el inspirador de Papelucho, el personaje más popular de la literatura infantil chilena, creado por su tía Esther Hunneus en 1943, a partir de la esmirriada figura de Cox, en ese entonces de 10 años.
Hunneus, cuyo nombre literario fue Marcela Paz, lanzó en 1947 el primer tomo de las aventuras de Papelucho, al cual le siguieron otros 11 títulos que mantienen una vital vigencia entre los niños.
Marcela Paz falleció el 12 de junio de 1985, a los 83 años. Se calcula que la colección de Papelucho ha vendido hasta ahora más de 12 millones de ejemplares. (FIN/IPS/ggr/hd/02


