AFGANISTAN: Sin ejército ni policía, reina la inseguridad

La falta de un ejército y de una policía en Afganistán amenaza la estabilidad nacional un año después de la guerra que desalojó del poder al movimiento radical islámico Talibán, advirtió este jueves el representante especial de la ONU para ese país, Lakhdar Brahimi.

”No habrá una solución en el largo plazo a los problemas de seguridad hasta que un ejército nacional y una fuerza policial bien entrenados, bien equipados y con salarios regulares funcionen en Afganistán”, sostuvo Brahimi.

El fracaso en establecer un nuevo ejército luego de la derrota de Talibán en diciembre pasado es atribuido, entre otros factores, a la falta de recursos y a la amplia presencia en todo el territorio nacional de milicias y de señores de la guerra que se rehúsan a renunciar a su poder y a entregar sus armas.

El ministro de Relaciones Exteriores afgano Abdulá Abdulá anunció en mayo planes para la creación, en el primer año del gobierno encabezado por Hamid Karzai, de un ejército de 80.000 integrantes y una policía de 70.000 a un costo de 300 millones de dólares.

Además, afirmó, se sumarían a esas tropas una fuerza aérea de 8.000 integrantes y una guardia fronteriza de 12.000.

Estas fuerzas deberían asumir gradualmente del control del territorio afgano, ahora a cargo de la multinacional Fuerza de Asistencia en Seguridad (ISAF), con 4.787 integrantes de 20 países, entre ellos Alemania, Australia, Canadá, Corea del Sur, España, Francia, Gran Bretaña, Italia, Jordania y Noruega.

Turquía, hoy al mando de la ISAF, entregará la conducción militar de la fuerza multinacional a Alemania y Holanda a fines de diciembre.

El embajador turco en la ONU (Organización de las Naciones Unidas), Umit Pamir, sostuvo en una carta dirigida al secretario general de la ONU, Kofi Annan, que el proceso de creación de un ejército nacional afgano ”ha sido lento”.

Pamir explicó que Estados Unidos había completado el entrenamiento de un batallón del ejército nacional y que su país ha adiestrado a otro para la futura guardia fronteriza.

”Pero la mayoría de los policías, militares y funcionarios estatales no han recibido salario en muchos meses, y existe considerable preocupación de que esto fortalezca tendencias criminales” en algunos sectores de la población, indicó el diplomático turco.

”El flujo de ayuda internacional aún es limitado, en contraste con los reiterados pedidos de las autoridades afganas y con los compromisos” formulados por los donantes internacionales, que ascienden a 4.500 millones de dólares en un periodo de cinco años, agregó.

Más de un tercio de los 2.000 millones de dólares de ayuda comprometidos para este año no llegaron a Afganistán.

El secretario (ministro) de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, dijo en agosto que ”el dinero no ha estado llegando” a Afganistán ”tan rápido como debería”. Estados Unidos encabezó entre octubre y diciembre del año pasado la fuerza militar multinacional que desalojó a Talibán del poder.

Turquía anunció que suministrará al Ministerio del Interior afgano armas y municiones, mientras Gran Bretaña planifica donar 100.000 dólares para la adquisición de equipo especial destinado a los puestos de control en las fronteras.

Por su parte, el Banco Mundial anunció en una reunión de donantes internacionales en mayo que no se involucraría en proyectos militares en Afganistán, fiel a su tradición de recomendar a los países en desarrollo el desvío de recursos financieros de las fuerzas armadas al desarrollo económico.

”Todos reconocemos que la seguridad es la tarea más difícil en Afganistán y el elemento con más potencial para socavar nuestros esfuerzos en ese país. Pero el Banco Mundial no puede participar directamente en el financiamiento de las fuerzas de seguridad”, dijo el presidente de la institución, James Wolfensohn.

”Haremos, de todos modos, todo a nuestro alcance para alentar a los donantes bilaterales a brindar esa ayuda”, agregó.

En un informe divulgado este jueves, Annan dijo que ”el reto más serio que afrontan Afganistán y los afganos hoy es la falta de seguridad”. ”Por lo tanto”, agregó, ”el proyecto nacional más urgente sigue siendo la creación de fuerzas de seguridad aceptables para la gran mayoría del pueblo afgano.”

Uno de los principales problemas en ese sentido es, según Annan, ”asegurar un acuerdo entre el gobierno central y los líderes regionales” sobre la magnitud, la estructura y el despliegue del futuro ejército.

”Para que el nuevo ejército sea nacional, más que un ejército que se suma a muchos otros, las milicias privadas existentes deben ser desmanteladas y sus integrantes deben desmovilizarse y reintegrarse a la sociedad”, agregó.

En su informe, Annan mencionó como inconveniente el hecho de que cada batallón haya logrado apenas reclutar la mitad de los soldados necesarios. El Ministerio de Defensa, por otra parte, afirmó carecer de dinero para importar armas destinadas a sus fuerzas.

La falta de un ejército nacional podría obligar a la multinacional ISAF, cuyo alcance se limita a Kabul y sus alrededores, a extender su mandato más allá de fin de año.

Por su parte, Estados Unidos mantiene en territorio afgano unos 9.000 uniformados, que se suman a los 1.200 de otros países que integraron la coalición internacional que luchó contra Talibán. Esas fuerzas no son parte de la ISAF.

La guerra en Afganistán costó a Washington 12.600 millones de dólares y el eventual mantenimiento de sus tropas allí en 2003 ascenderá a entre 600 y 750 millones de dólares mensuales, según datos del Departamento (ministerio) de Defensa estadounidense. (FIN/IPS/tra-eng/td/mj/ip/02

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