CACHEMIRA: Relativa calma en jornada electoral

La ciudadanía del estado indio de Jammu y Cachemira votó masivamente en la primera de las cuatro fases de las elecciones parlamentarias locales, a pesar del llamado a la abstención de la principal organización separatista y a las amenazas de violencia de radicales islámicos.

Entre 65 y 70 por ciento de los 1,5 millones de votantes registrados sufragaron en la primera fase, informó al cabo de la jornada del lunes el principal funcionario electoral del estado, Pramod Jain. La última fase concluirá el 8 de octubre.

Cincuenta y cuatro por ciento de los ciudadanos habilitados habían participado en las últimas elecciones, en 1996, rodeadas de denuncias de fraude a favor del partido gobernante, la proindia Conferencia Nacional.

El presidente de la Comisión Electoral de India, James Michael Lyngdoh, había prometido que en esta ocasión los comicios serían libres y justos y que diplomáticos y periodistas tendrían, en su carácter de ”observadores informales”, acceso irrestricto a todo acto de campaña y puesto de votación.

Un muchacho de 16 años murió el lunes por un disparo de mortero dirigido contra un puesto de votación, en la localidad de Seri Khwaja, y otros dos civiles resultaron heridos por la explosión de una granada.

La relativa calma en que transcurrió la primera fase de los comicios, en comparación con la violencia que reinó durante la campaña, llevaron a Jain a pronosticar que las tres siguientes fases se desarrollarán del mismo modo. ”Hubo incidentes aislados, incluidas denuncias de coerción”, dijo el funcionario.

Al menos 450 personas fueron asesinadas por causas políticas en apenas tres semanas de campaña. Dieciocho separatistas murieron en enfrentamientos con fuerzas regulares el domingo de noche, cuando intentaban cruzar la ”línea de control” que separa la Cachemira india de la pakistaní, aseguraron las autoridades.

Ese mismo día, militantes cachemiros intentaron asesinar a la ministra de Turismo del estado, Sakina Ito, única mujer del gabinete y, con 29 años, la candidata más joven al parlamento local. La salvó el chaleco antibalas, pero dos de sus guardaespaldas murieron en un tiroteo de una hora.

Los expertos prevén que la Conferencia Nacional se mantenga al frente del gobierno de Jammu y Cachemira, como consecuencia del llamado a la abstención realizado por la Conferencia Hurriyat, coalición que reúne a 24 partidos separatistas.

Sin embargo, el oficialismo podría perder varios escaños a manos de candidatos separatistas que desoyeron a la Conferencia Hurriyat.

Al mismo tiempo, la organización islámica propakistaní Lashkar- e-Toiba manifestó su intención de asesinar a los candidatos que se presenten a las elecciones, por entender que legitimarán el dominio indio sobre la región.

Cien mil soldados fueron desplegados por India en los distritos de Rajouri, Kupwara, Baramulla y Kargil, los más cercanos a la línea de control.

Además, permanecían en el borde de la línea de control 700.000 soldados indios, con el objetivo de impedir el ingreso de combatientes cachemiros desde territorio pakistaní.

En muchos puestos de votación, los ciudadanos fueron revisados exhaustivamente por policías para impedir que ingresaran armados o con explosivos a las cabinas equipadas con un sistema de sufragio electrónico.

”Estoy en un dilema. Si voto, los militantes (separatistas) se vengarán de mí y de mi familia. Si no voto, los simpatizantes del oficialismo me atacarán. Yo no tengo chaleco antibalas como los políticos”, dijo el comerciante Said Bashir Ahmed, residente en el distrito de Kupwara.

La campaña electoral fue una de las más violentas de la historia de Cachemira.

Numerosos locales partidarios retiraron de su fachada las banderas y carteles que los identificaban con los candidatos por temor a posibles atentados, e incluso los diarios publicaron anuncios contratados por ciudadanos que deseaban declarar su independencia de la actividad política.

”Queremos evitar la ira de los militantes (separatistas) y de los militares (indios). Queremos ser neutrales para salvar a nuestro pueblo”, dijo Mohammed Abdullah, residente de Baramulla.

Las amenazas de grupos separatistas mantuvieron al público alejado de las calles el lunes, y los comercios de Srinagar, la capital del estado, cerraron sus puertas durante la jornada.

Militantes radicados en Cachemira Azad (libre), la parte pakistaní de la región, habían amenazado con atacar a quienes asistieran a las urnas. Al mismo tiempo, la Conferencia Hurriyat, que reúne a 24 partidos separatistas, llamó a la abstención.

Entre los asesinados durante la campaña electoral figuran el ministro de Justicia del estado, Mushtaq Ahmed Lone, y el candidato independiente Abdul Rehman Sheikh.

La tensión persiste en la línea de control desde diciembre, cuando un atentado contra el parlamento indio en Nueva Delhi fue atribuido por el gobierno de Atal Bihari Vajpayee a combatientes islámicos radicados en Pakistán. Las autoridades indias ordenaron de inmediato el despliegue de soldados en la línea de control.

Según cifras oficiales, 26.000 personas murieron en Jammu y Cachemira durante los 13 años de guerra civil en este estado, el único de mayoría musulmana de India. Partidos separatistas y organizaciones de derechos humanos elevan esa cifra a 80.000.

Para el gobierno de India, una gran asistencia a las urnas demostrará la legitimidad de su soberanía sobre Jammu y Cachemira. Mientras, Pakistán pretende desacreditar el proceso electoral.

Funcionarios indios afirman que Pakistán, luego de fracasar en sus intentos de separar Jammu y Cachemira de India en tres guerras libradas desde 1947, promueve ahora a los combatientes secesionistas, algunos vinculados con la red islámica Al Qaeda, que están radicados en su territorio.

La votación en Jammu y Cachemira también es clave para la reanudación del diálogo directo entre India y Pakistán, suspendido desde la guerra no declarada en Kargil en 1999. Nueva Delhi condiciona una nueva ronda de conversaciones a que en los comicios impere la paz.

Pakistán fue creado en 1947 para albergar a los musulmanes del subcontinente indio tras su indepencia de Gran Bretaña. Pero en su territorio no se incluyó el estado de Jammu y Cachemira, cuyo gobernante hindú declaró la anexión de este territorio de mayoría musulmana a India.

Los dos países se enfrentaron en una guerra en 1947, hasta que la Organización de las Naciones Unidas intervino y delineó la línea de control.

Nuevas guerras se sucedieron, en 1965 y 1971, que fortalecieron la línea de control como virtual frontera. Pero en 1999, incursiones de militantes islámicos a través de la línea originaron varios enfrentamientos armados que llevaron a India y Pakistán cerca de una guerra declarada en el distrito de Kargil. (FIN/IPS/tra-eng/gj/rdr/js/mj/ip/02

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