El conductor, la policía e incluso los pasajeros contribuyeron con su conducta a la tragedia en la provincia argentina de Catamarca, donde 47 personas murieron al caer un ómnibus por una pendiente.
Este martes se conoció que en el accidente del domingo en la noroccidental Catamarca se conjugaron la impericia del conductor, la falta de control vehicular, actos de corrupción policial en la ruta y hasta la irresponsabilidad de los pasajeros.
La tragedia fue otro claro ejemplo del peligro que representan la falta de controles adecuados y de sanciones más severas a la infracción de normas de tránsito, principal causa, según organizaciones no gubernamentales, de las casi 8.000 muertes que se registran cada año en Argentina.
El ómnibus que se despeñó el domingo de noche en la cuesta de El Totoral cuando se trasladaba de Catamarca a la vecina provincia de Tucumán, llevaba 74 pasajeros, pese a que la capacidad sólo era para 52.
Testimonios recogidos luego del accidente aseguraron que el vehículo transitaba a gran velocidad por el camino de montaña en declive, pues le fallaron los frenos.
El conductor les gritó a los pasajeros que se habían roto los frenos poco antes de que el ómnibus cayera por una pendiente de unos 150 metros hasta quedar detenido por arbustos durante dos horas, cuando llegaron las ambulancias y los socorristas.
El ómnibus iba repleto, había niños que viajaban sobre las piernas de los adultos y también algunos que habían llevado sus sillas para sentarse en el pasillo, narró este miércoles Argentina del Vall, que sobrevivió al accidente pero perdió a su hijo de 12 años.
Los pasajeros eran residentes de Tucumán y habían viajado al santuario de la Virgen del Valle de Catamarca en el ómnibus de la empresa Oyola.
El secretario de Transporte de Tucumán, Enrique Romero, dijo este miércoles que Oyola no tiene sus vehículos habilitados por las autoridades proviciales ni por la Comisión Nacional que regula el transporte.
En este accidente hubo falta de controles, de capacitación del conductor y de educación de los pasajeros, cómplices de un delito del que terminaron siendo principales víctimas, dijo a IPS Alicia Copello, directiva de la Asociación Luchemos por la Vida, una organización que imparte educación vial y trabaja en prevención de accidentes.
Los testimonios indican que el conductor tenía su licencia vencida, el ómnibus no estaba asegurado ni había pasado por las obligatorias verificaciones mecánicas y, sin embargo, había logrado sortear los controles de la policía de caminos, supuestamente gracias al pago de soborno.
El policía subió al ómnibus y nos explicó que el vehículo no tenía seguro y que debía secuestrar la unidad, pero todos empezaron a gritar que no y juntamos dos pesos (60 centavos de dólar) cada uno para dárselo, contó Del Vall desde la sala de hospital donde se recupera.
Del Valle resistió horas atrapada entre los restos del ómnibus. Mi hijo salió volando y dio contra un tronco, explicó tras contar que lo llevaba sentado sobre sus piernas porque no había asientos para todos.
La policía provincial, en base a los testimonios de los sobrevivientes, separó provisoriamente de sus cargos a los efectivos que permitieron el paso del vehículo pese a las condiciones irregulares que presentaba y a que llevaba más pasajeros de los permitidos.
Por su parte, la jueza María del Milagro Vega indicó que el principal responsable del accidente parece ser el conductor, que se encuentra en estado de coma.
Un estudio realizado en Buenos Aires por la Asociación Luchemos por la Vida indicó que 31 por ciento de los conductores profesionales, a cargo de taxis, remises, camiones y ómnibus, tuvieron accidentes en una proporción tres veces mayor a la de quienes conducen vehículos particulares.
Esos datos revelan que la falta de control, de sanciones y de una buena capacitación de los conductores profesionales siguen causando muchísimas muertes, con la complicidad incluso de los pasajeros, que no tienen conciencia de la gravedad de sus decisiones, apuntó Copello. (FIN/IPS/mv/dm/ip/02


