VENEZUELA: Iglesia Católica pide diálogo y verdad

La Iglesia Católica aseguró que los agudos problemas de Venezuela se superarán con el diálogo entre el gobierno y la oposición y el esclarecimiento de las 85 muertes durante la crisis institucional de abril.

El llamado a la tolerancia y la convivencia pacífica está contenido en el documento ”Al servicio de la reconciliación”, elaborado en la 73 Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV).

”Venezuela se presenta en estos momentos como una sociedad polarizada con extremos que se excluyen mutuamente, de manera cada vez más intolerante y violenta”, advirtió la CEV en su balance de la situación política, económica y social del país.

También cuestionó ”la falta de diligencia en la investigación de los hechos del 11 al 14 de abril”, cuando huelgas y marchas callejeras derivaron en el frustrado golpe de Estado contra Chávez, en el marco de lo cual murieron 85 personas y centenares resultados heridas.

Chávez vivió la semana más difícil desde que llegara al gobierno en febrero de 1999 a partir de la huelga general por tiempo indeterminado convocada el 9 de abril por la Confederación de Trabajadores de Venezuela, la principal central sindical del país, y la influyente asociación empresarial Fedecámaras.

Dos días después una multitudinaria marcha opositora intentó llegar al Palacio de Miraflores, sede del gobierno, donde era esperada por simpatizantes de Chávez, lo cual derivó en disturbios y disparos que causaron la muerte a 17 personas.

Los enfrentamientos desembocaron en un golpe de Estado cívico- militar que alejó del gobierno a Chávez entre el 12 y el 14 de abril, lapso en el cual ocupó la presidencia el empresario Pedro Carmona.

Analistas políticos coincidieron en que el regreso a la presidencia de Chávez, luego de permanecer detenido en un cuartel por el entonces alto mando militar, no aplacó la severa crisis política y socioeconómica, y que las causas que la provocaron siguen presentes.

Las últimas encuestas señalan que alrededor de 30 por ciento de los consultados desea la destitución de Chávez ”por cualquier vía” y que un porcentaje igual lo respalda con firmeza. Esa es la tajante polarización a la que hicieron referencia los obispos en su declaración del 9 de julio.

La Iglesia Católica puso énfasis por igual en la necesidad de esclarecer los graves incidentes de abril, teniendo en cuenta que tres meses después hay varios procesados, pero ninguna persona detenida y continúan las versiones encontradas sobre la responsabilidad del gobierno y de la oposición.

Todavía sigue en debate la conformación de la llamada Comisión de la Verdad para investigar los hechos de abril, pues no se aprobó la ley de su funcionamiento, una condición puesta por las organizaciones de derechos humanos para sumarse al grupo.

”El primer responsable del diálogo es el propio gobierno, el cual debe demostrar en sus obras esa disposición y actuar de manera imparcial”, indicó la jerarquía católica.

”Es necesario que haya condiciones para el diálogo”, para lo cual se ”debe contar con una agenda, objetivos, método y plazos bien definidos”, apuntaron los prelados tras la reunión realizada al regreso de una visita oficial al Vaticano para conversar con el papa Juan Pablo II sobre la situación venezolana.

La Conferencia Episcopal Venezolana señalaron que ”se hace urgente crear una Comisión de la Verdad seria, independiente, confiable, constituida por personas de experiencia y con todo el apoyo legal y financiero, además de respaldo internacional”.

En esa reunión de la Conferencia se decidió la permanencia del arzobispo de Mérida, Baltazar Porras, como presidente del cuerpo.

Las nuevas autoridades de la Iglesia Católica de Venezuela debían surgir de esta cita de julio, pero se postergó para el año próximo, en vista de la severa crisis que afronta el país.

Porras, en su mensaje a la asamblea de obispos y arzobispos, aseguró que ”el semestre que acaba de finalizar ha estado marcado por una aceleración y radicalización dramáticas de la conflictividad social y por un resquebrajamiento, aún mayor, de la institucionalidad”.

”Es doloroso afirmar este hecho. Lo hacemos, conscientes de que nuestra misión es la de ser portadores de la paz y la reconciliación que Cristo vino a traer al mundo”, destacó el arzobispo de Mérida.

La Iglesia tiene un desafío central hoy, como es ”el destierro de todo tipo de violencia e intolerancia”, pues ”la sociedad venezolana no debe moralmente aceptar que esos antivalores sean el camino para dirimir las diferencias y promover transformaciones”, sentenció Porras. (FIN/IPS/ac/dm/ip cr/02

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