MERCOSUR: Crisis argentina cambia rumbo de emigración

Argentina dejó de ser el principal destino de inmigrantes en América Latina para convertirse en emisor, pero Brasil, un sustituto natural, no tiene condiciones económicas ni legales para recibir la mano de obra excedente de la región.

Los pedidos de asistencia de argentinos en Sao Paulo al Servicio Pastoral de los Migrantes de la Iglesia Católica aumentaron desde diciembre, cuando se agudizó la crisis en ese país, aunque no fueron ”nada significativos”, dijo a IPS el asistente social de esa institución Mario Xavier Steinhoff.

El crecimiento mayor fue de bolivianos y paraguayos, muchos de ellos llegados de Argentina y otros que ya habían estado antes en Brasil, señaló.

Sao Paulo y su zona metropolitana, con 17 millones de habitantes, concentran la mayor parte de los inmigrantes de la región, pero no hay cifras confiables sobre la cantidad, ya que la mayor parte todavía no regularizó su situación pese a la amnistía concedida en 1998 y 2000.

Los cálculos sobre la cantidad de extranjeros residentes en Brasil en busca de trabajo o de mejores condiciones de vida van de 100.000 a un millón de personas, comentó Steinhoff.

De todos modos, el flujo inmigratorio hacia Brasil es todavía muy inferior a lo esperado ante la profunda crisis económica, social y política que afronta Argentina, con efectos directos en los países vecinos, señalaron autoridades y activistas que trabajan en la asistencia a los extranjeros.

Argentina tenía 807.000 inmigrantes latinoamericanos en 1991, siete veces más que Brasil, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Pero los expertos entienden que esa cantidad debe haberse mantenido o aumentado, considerando el crecimiento de la economía argentina hasta 1998.

El plan de convertibilidad que fijó la paridad de un peso igual un dólar en Argentina entre 1991 y este año también contribuyó a la llegada de inmigrantes a ese país, ya que su moneda sobrevaluada aumentó el poder adquisitivo de las remesas de dinero a sus países de origen.

La recesión argentina de los últimos tres años cambió esa tendencia, aunque fue neutralizada en parte por la situación crítica de las economías de Bolivia, Paraguay y Perú, origen mayoritario de los inmigrantes.

Sin embargo, el derrumbe de la economía y la consecuente liberación cambiaria de enero completó la tarea de poner fin a la imagen de tierra prometida de Argentina, destruyó esperanzas y provocó la diáspora general.

Se calcula que unos 150.000 argentinos emigraron en los dos últimos años, la mayoría a España e Italia, aprovechando el derecho a la doble nacionalidad por ser descendientes de inmigrantes de algunos de esos dos países europeos.

También unos 15.000 bolivianos, 10.000 paraguayos y 5.000 peruanos, la mayoría indocumentados, han regresado de Argentina a sus respectivos países de origen, según datos de los consulados.

Así, Brasil podría ser una alternativa de destinos a las nuevas corrientes emigratorias latinoamericanas, pero este país ”no está preparado para recibir esa gente, debido a una legislación muy restrictiva y al estancamiento económico”, evaluó Steinhoff.

El Servicio Pastoral de los Migrantes, creado en 1977 cuando eran chilenos los que más buscaban refugio político o económico en Brasil, elabora una propuesta para amnistiar inmigrantes indocumentados y abrir mayores posibilidades de residencia a los extranjeros.

La política del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, sin embargo, busca evitar el ingreso de trabajadores provenientes de Argentina. Al país sólo interesa mano de obra muy calificada, según la orientación del Ministerio del Trabajo.

Brasil exige a los extranjeros para obtener su residencia visa y contrato de trabajo, lo cual esa posibilidad se limita a muy pocos técnicos o administradores empleados en grandes empresas.

Para los bolivianos y peruanos, la mayoría de los cuales buscan trabajo en la economía informal en el sector de confección de ropas o en artesanías, ”no les es difícil instalarse en Brasil”, explicó Steinhoff.

Pero en el caso de chilenos y argentinos, en general trabajadores que buscan la industria o servicios calificados, la inmigración indocumentada les resulta una severa complicación, añadió.

Gabriela Palomas, una uruguaya que trabaja en el centro de atención del Servicio Pastoral de Migrantes de la meridional ciudad de Porto Alegre, indicó que todavía no han aparecido argentinos a pedir asistencia.

Es común que los argentinos se dirigen a Santa Catarina, un estado vecino que atrae más a turistas argentinos y donde muchos poseen casas y negocios, observó Palomas.

Eso revela que están dejando Argentina familias de mejores condiciones económicas, tal como los que se mudan a España o Italia.

Por ahora, los uruguayos constituyeron la mayoría de los cerca de 1.000 inmigrantes que buscaron asistencia de la Pastoral en Porto Alegre, capital del estado de Río Grande del Sur, informó Palomas, quien vive junto con sus padres en esta ciudad hace 10 años. (FIN/IPS/mo/pr/02

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