SALUD: El sida coloca una lupa sobre la pobreza

La ciencia dispondrá en el corto plazo de medios para controlar el sida, pero la enfermedad seguirá siendo una catástrofe para los países pobres aunque se desarrolle una vacuna, del mismo modo que lo son otros males prevenibles y curables.

Ese es el pronóstico del médico infectólogo argentino Pedro Cahn, presidente de la Primera Conferencia Internacional sobre Patogénesis y Tratamiento del VIH que se celebra en Buenos Aires desde el domingo y hasta este miércoles, con la presencia de más de 3.000 científicos, funcionarios y activistas.

«El sida colocó una lupa sobre problemas como la pobreza, el hambre, la falta de vivienda y la ausencia absoluta de bioseguridad en los hospitales, y todo eso era previo a la irrupción del virus», dijo Cahn a IPS.

La escasa expectativa de vida en Etiopía, de apenas 45 años, es un problema anterior a la propagación del VIH (virus de inmunodeficiencia humana), causante del sida, ejemplificó.

Este virus, que origina un deterioro progresivo del sistema inmunológico, está hoy presente en el organismo de casi 40 millones de personas y causa la muerte de unos tres millones cada año. Setenta por ciento de los casos se concentran en Africa subsahariana, la región más pobre del mundo.

Las diferencias entre países pobres y ricos fue evidente en el primer día de reunión, al considerarse el acceso al tratamiento.

Las terapias antirretrovirales que combinan varios medicamentos (cócteles) reducen 95 por ciento la mortalidad, pero el acceso regular y sin interrupciones a esas drogas varía enormemente de una región a otra.

El presidente de la Sociedad Internacional de Sida, Stefano Vella, consideró necesario que el Norte industrial pague más caro los remedios y que el Sur en desarrollo los abone a precio de costo, sin pagar las patentes a los laboratorios, como Brasil y Sudáfrica.

Esos países entablaron un fuerte debate con los laboratorios y con el gobierno de Estados Unidos al reivindicar, ante la emergencia del sida, el derecho de abstenerse de pagar por las patentes a los dueños de las marcas de medicamentos.

Las transnacionales farmacéuticas y Estados Unidos desistieron este año de proseguir los juicios y reclamos ante la Organización Mudnial de Comercio contra Brasil y Sudáfrica.

El ministro de Salud y Población de Malawi, Feliz Salaniponi, expresó en Buenos Aires su propuesta de controlar el sida con la misma infrastructura empleada para el control de la tuberculosis y la malaria, tratando de aprovechar los mismos recursos humanos con una capacitación adicional.

La financiación de la iniciativa fue objeto de las principales críticas. ¿Quién pagará el costo de las drogas? ¿Quién garantizará que los pacientes puedan llegar a la clínica desde sus viviendas? ¿Cómo se asegurará la calidad de las pruebas de laboratorio, en general muy cuestionadas?

Las preguntas quedaron sin responder cuando la exposición de Sakaniponi fue seguida por la del doctor Jens Lundgren, del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Hospital Hvidovre de Dinamarca. El experto presentó resultados de toda Europa.

Allí quedó en evidencia que los resultados son muy buenos cuando los pacientes tienen asegurado el acceso a las drogas y a los tratamientos continuados, aunque todavía es pronto para afirmar que el sida se puede curar en todos los casos.

Casi todos los expertos de países industrializados coincidieron en que los tratamientos antirretrovirales combinados tienen que saltar todavía dos grandes barreras.

Primero, el temor a que el organismo permita al VIH mutar y desarrollar nuevas cepas resistentes a los tratamientos. Segundo, los efectos adversos de las drogas, un asunto clave para la aceptación del tratamiento por parte de los pacientes. Entre esos efectos figura la predisposición a problemas cardiovasculares.

En ese sentido, generó gran interés la presentación del médico Anthony Fauci, director del Instituto de Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos en Washington, quien examina hace algunos años los resultados de la aplicación del cóctel antirretroviral semana de por medio.

Según las pruebas de Fauci, el VIH se mantiene indetectable en la sangre de los pacientes así tratados, lo que permitiría reducir los efectos adversos en el organismo y, al mismo tiempo, los costos económicos de la terapia.

Esta variación del cóctel ya se aplica —aunque en grupos reducidos— en Estados Unidos, España, Italia, Francia y próximamente en Brasil. En Argentina también se experimenta con esta modalidad, aunque no semana de por medio, sino con periodos más prolongados sin ingerir pastillas.

El médico infectólogo David Ho, director del Centro Diamond de Nueva York, advirtió que hasta el momento las terapias combinadas no logran una erradicación absoluta del VIH en todos los casos. El virus permanecería, por ejemplo, en las células T del sistema inmunológico.

Por otra parte, Ho advirtió que las drogas actuales no permiten bloquear 100 por ciento la reproducción del virus, si bien insistió en que el cóctel es hoy la herramienta más efectiva contra el sida, siempre y cuando se controle su administración.

Eso es lo más difícil de lograr en países en desarrollo, que carecen de los recursos para un control efectivo de los tratamientos.

Por eso, aún cuando la conferencia en Buenos Aires está orientada a intercambiar experiencias sobre avances y fracasos frente a la enfermedad, los científicos no olvidaron mencionar que lo más importante en este sentido sigue siendo la prevención. (FIN/IPS/mv/mj/he/01

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