INDIA-PAKISTAN: Difícil apuesta por el éxito de la cumbre

La relación entre India y Pakistán es hoy mucho menos auspiciosa que hace seis semanas, cuando el primer ministro indio Atal Bihari Vajpayee invitó sorpresivamente al jefe del gobierno militar paquistaní Pervez Musharraf a la cumbre de este domingo.

En la histórica reunión de este fin de semana, convocada, según Vajpayee, para buscar en conjunto «el rápido camino hacia la paz y la prosperidad», se juegan asuntos clave para la estabilidad de Asia meridional.

Los contactos diplomáticos de los últimos días dejaron en evidencia la persistencia de las rispideces. Sin embargo, hay esperanza de que los dos tradicionales rivales de Asia meridional, ambos poseedores de armas nucleares, puedan llegar a un acuerdo en alguno de los muchos asuntos que los separan.

La provincia de Cachemira, la carrera armamentista nuclear, las disputas fronterizas y las mutuas restricciones al paso de personas y a la integración cultural son algunas de las diferencias candentes.

La reunión se celebrará este domingo en Agra, ciudad que alberga el palacio del Taj Mahal, y será la decimonovena cumbre entre gobernantes de ambos países, divididos al independizarse en 1947 un estado de mayoría hindú (India) y otro predominantemente musulmán (Pakistán).

La cumbre se celebrará apenas dos años después del conflicto de Kargil, el cuarto enfrentamiento armado por su magnitud entre ambos países en los 54 años de su independencia.

Sin embargo, Islamabad y Nueva Delhi parecen endurecer su postura sobre el territorio de Cachemira, la principal piedra de la discordia indopaquistaní.

Para Pakistán, Cachemira es el «asunto central» de la cumbre, y la considera una disputa que debe ser resuelta antes de negociar cualquier otro acuerdo. Pero India, que controla la mayoría del territorio de mayoría musulmana, rechaza el término «disputa».

India afirma reconocer el problema de Cachemira, pero apela al Acuerdo de Simla, firmado en 1972 por ambos países, luego de la guerra de Bangladesh que dividió el territorio paquistaní.

El acuerdo establece el compromiso entre Nueva Delhi e Islamabad de buscar una solución pacífica a todas las diferencias a través del diálogo.

Desde 1947, los ministros de Relaciones Exteriores de ambas naciones se reunieron 65 veces para discutir la cuestión de Cachemira, el estado indio de mayoría musulmana cuya posesión condujo a tres guerras entre Pakistán e India, en 1948, 1965 y 1971.

Los dos países acordaron al cabo de la última conflagración crear una zona de alto el fuego a ambos lados de la línea fronteriza. Como consecuencia, la población cachemira quedó dividida. Nueve millones de cachemiros quedaron en territorio indio, y tres millones, en Pakistán.

Desde entonces, organizaciones separatistas cachemiras reclaman la creación de un estado independiente. El movimiento insurgente armado se inició en 1989, y, según Nueva Delhi, los guerrilleros cuentan con asistencia activa de Islamabad, que niega la acusación.

Cachemira podría ser un puente entre India y Pakistán, tanto geográfica como metafóricamente. Pero también puede convertirse en el más grande obstáculo en la búsqueda aun de los más modestos acuerdos, y en especial de una salida consensuada a su rivalidad nuclear.

Otros asuntos que estarán en la mesa de negociaciones será la cooperación entre sus economías, que podrían complementarse de forma armónica dadas sus distintas especializaciones y su vecindad, y la libertad de movimiento de personas y de bienes a través de la frontera.

Indios y paquistaníes eran optimistas hace apenas unos días sobre el futuro de Cachemira y esperaban, si bien no un acuerdo definitivo, al menos el inicio de un proceso de negociaciones de alto nivel.

Pero los dos países adoptaron posiciones contradictorias cuando Musharraf invitó a dirigentes de la Conferencia Multipartidista Hurriyat, una coalición de grupos separatistas cachemiros, a participar de una celebración en su honor.

India expresó su desagrado por la visita de Hurriyat a Islamabad y confió que Musharraf sería «sensible» a sus sentimientos.

Pero Pakistán insistió en invitar a la coalición como un asunto de «política», lo que llevó a un punto muerto las relaciones y acentuó aun más la disparidad de las posiciones sobre Cachemira.

Esta tormenta en un vaso de agua resumió la fragilidad de las relaciones bilaterales, que hace de Asia meridional «el lugar más peligroso del mundo», como dijo el ex presidente estadounidense Bill Clinton (1992-2000) en su visita a la región el año pasado.

La suspicacia y hostilidad entre India y Pakistán, inmersos en una peligrosa carrera armamentista, impide el desarrollo normal de las relaciones.

La tensión podría salirse de control por culpa de movimientos mínimos, con mayor rapidez que los peores episodios de rivalidad entre Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética en la guerra fría.

Vajpayee parece haber hecho un sincero esfuerzo para acabar con la rivalidad cuando invitó a Musharraf, antes considerado por India como el «villano» de Kargil.

Cuando Musharraf llegó al poder a través de un golpe de Estado contra un gobierno electo en las urnas en 1999, Nueva Delhi se negó a reconocerlo, pues se declaró comprometida con el sistema democrático.

Sin embargo, el gobierno indio mantuvo vínculos con varios dictadores militares paquistaníes, incluyendo el general Zia ul Haq (1977-1988).

India advirtió que no tendría diálogo con Pakistán a menos de que ese país pusiera fin al «terrorismo fronterizo» en Cachemira. El gobierno paquistaní niega la acusación, pero expresó su disposición a dialogar con Nueva Delhi «a cualquier nivel, en cualquier lugar y en cualquier momento».

Es por eso que nació la esperanza cuando Vajayee cambió su postura e invitó a Musharraf.

Sin embargo, no está claro si el cambio responde a una estrategia para acabar con el actual punto muerto en que se encuentran las relaciones.

Para muchos, la medida fue adoptada debido al fracaso de los intentos de India de garantizar un cese del fuego bilateral en Cachemira, después de seis meses de declarar uno unilateral.

Nueva Delhi también redujo las restricciones a la entrega de visas para el ingreso de paquistaníes, con la esperanza de que Islamabad también lo hiciera, pero todos estos pasos no parecen ser parte de un plan definido.

La ausencia de una estrategia de negociación en ambas partes alienta el temor de que la cumbre no logre la deseada apertura de un proceso de negociaciones sobre Cachemira, armas nucleares, medidas para aumentar la confianza recíproca y convenios de cooperación económica.

Las cancillerías no tienen un plan de negociación y solo confían en la «química personal» entre Vajpayee y Musharraf, lo cual agrava el temor al fracaso de una cumbre en que se juegan asuntos clave para Asia meridional.

La reunión podría terminar con importantes acuerdos. Por ejemplo, un congelamiento de la producción de armas y un cese de las pruebas nucleares. Esto impediría una crisis nuclear en Asia meridional.

El tiempo que tomaría un misil nuclear en llegar de una capital a la otra es entre tres y ocho minutos, dada la escasa distancia entre Islamabad y Nueva Delhi.

Así mismo, los dos países podrían poner fin a su disputa sobre el glaciar de Siachen, donde llevan a cabo la guerra no declarada a mayor altitud del mundo, en la que murieron ya 12.000 personas y se gastaron miles de millones de dólares por un territorio sin valor estratégico alguno.

El potencial de comercio bilateral es de entre 2.000 y 3.000 millones de dólares anuales, pero el volumen actual es de apenas 150 millones de dólares. India tiene exceso de azúcar, mientras producto escaso en Pakistán. También podrían intercambiar algodón, maquinaria ligera y productos químicos.

Hace dos años, India ofreció un crédito de 1.000 millones de dólares a Pakistán, un país que, debido a sus apuros económicos, tendría que rogar al Fondo Monetario Internacional para obtener la mitad de esa cifra. El ofrecimiento podría ser reformulado, aunque con un monto más modesto, en esta cumbre.

Hay posibilidades de lograr avances sustanciales en la reunión. Si Vajpayee y Musharraf pierden esta oportunidad, la próxima no se presentará muy pronto. (FIN/IPS/pb/rdr/ral/rp/mj/ip/01

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