CAFE-AMERICA CENTRAL: El amargo sabor de los precios

Productores de café de América Central estudian abandonar ese cultivo tradicional en la región ante la persistente caída de los precios internacionales, que ha puesto al sector al borde de la ruina.

Ese comentario de Ricardo Espitia, director del Consejo Salvadoreño del Café (CSC), refleja la desazón de los productores frente a la peor crisis de la historia de la caficultura.

Espitia aseguró a IPS que «el ánimo del cafetalero está por el suelo, muchos han perdido la confianza y la fe en este producto» e, incluso, hacen planes para diversificar su actividad agrícola.

La cotización del café en los mercados mundiales se ubicó el lunes 16 en 56,65 dólares el quintal (46 kilogramos), precio que en muchos casos no cubre los costos de producción.

El CSC, organismo estatal autónomo con representación del sector privado, estima que para resarcir los costos y darle un valor agregado razonable al producto es necesario que los precios fluctúen entre los 100 y los 110 dólares por quintal.

Pero los mercados se mantuvieron este mes a la baja, sobre todo después de que Brasil anunció que aumentará la producción este año y de la decisión de Indonesia de no acatar el recorte de oferta decidido en 2000 por la Asociación de Países Productores de Café (APPC).

Según Espitia la caída de los precios golpea en especial a América Central, una región con una historia de café muy arraigada.

Las exportaciones de café de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua sumaron 13,75 millones de sacos de 60 kilogramos en la cosecha 1999-2000, mientras que Brasil, primer productor mundial, vendió 18,73 millones de sacos.

Panamá también produce café pero a menor escala y sobre todo para consumo local.

La situación del comercio mundial del café será examinada por representantes de América Central, de México y de Colombia, el lunes 23 en Miami, donde estudiarán una reducción de cinco por ciento de la oferta. La meta es desechar del mercado interno y externo el producto de más baja calidad, explicó Espitia.

Esos siete países también trabajan en forma conjunta con el objetivo de que los demás productores del mundo sigan su ejemplo, para lo cual propondrán en mayo una medida similar a Brasil y a naciones asiáticas.

Los impulsores del recorte de cinco por ciento aún no han definido si será complementario de la medida de retención de 20 por ciento de las exportaciones resuelta por la APPC el 22 de mayo de 2000, que comenzó a ser aplicada en octubre y rige por dos años.

El experto salvadoreño comentó a IPS que, a diferencia del recorte de la APPC confirmado en enero, la iniciativa regional sería de carácter permanente.

El Salvador y Costa Rica son los únicos dos países centroamericanos que forman parte de la APPC.

Mientras, Espitia explicó que la situación en El Salvador se ha deteriorado al punto de que el gobierno de Francisco Flores ya incluyó en su política económica un programa de apoyo crediticio, a un interés de seis por ciento anual, para aquellos productores que quieran cambiar de cultivo.

«Los últimos dos años han sido pésimos, porque los precios no llegaron nunca a superar los 90 dólares por quintal, lo cual causa pérdidas», relató.

También comienzan a escucharse voces de alerta en Honduras y en Nicaragua.

El Instituto Hondureño del Café (Ihcafé) estimó que el retroceso de los precios internacionales causará este año una pérdida de ingresos al país de unos 160 millones de dólares.

El gerente del Ihcafé, Juan José Osorto, comentó a la prensa local que esa situación provocará un desastre en la economía hondureña.

«La producción del café podría terminarse en este país, porque ya no sería rentable para nadie», y eso afectará a cerca de 100.000 familias hondureñas, declaró.

Expertos estiman que la merma de la producción de café en Honduras hará que este año se exporte sólo 2,5 millones de sacos de 60 kilogramos, frente a los 3,5 millones que vendió en la cosecha anterior.

En tanto, autoridades, productores y trabajadores de Nicaragua comparten similar preocupación. Sólo los gobiernos municipales dejarán de percibir este año unos 600.000 dólares por concepto de los impuestos que cobran a las exportaciones cafetaleras.

Esto sería un serio golpe para las autoridades locales de varias comunidades nicaragüenses, quienes tienen en esos tributos una de las principales vías de financiamiento para realizar obras públicas.

Así, el panorama actual de los productores de café de América Central lo resume el propio Espitia: «estamos enterrados en el lodo». (FIN/IPS/nms/dm/if/01

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