María Jesús Garro es una inquieta niña costarricense de 7 años a la que le encanta ver dibujos animados, pero ni se imagina que la televisión le muestra un delito cada dos minutos.
Esa situación fue confirmada por un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el cual señaló que en los cinco programas de televisión de mayor audiencia infantil en Costa Rica los menores de 12 años ven 39 actos violentos por hora.
«Los dibujos animados son muy bonitos. En la escuela, mis amiguitos y yo hablamos de lo que dan en la tele, de lo que pasa en los programas», dice María Jesús, quien cursa el primer año de la escuela primaria en Cartago, ubicada 22 kilómetros al este de San José.
También un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, llamado «El Estado de la nación», reveló que la violencia doméstica aumentó de 15.000 casos denunciados en 1997 a 26.000 el año pasado.
Frente a estos y otros datos, la estatal Defensoría de los Habitantes implementó una campaña para reducir los factores que llevan a la violencia, en un país que por años gozó de fama internacional por su tranquilidad interna.
Esta institución, que vela para proteger a los ciudadanos de posibles abusos del Estado, pide a los empresarios que eviten comprar espacios de publicidad en programas de televisión que contengan violencia o que inciten a los niños a la agresión.
«No estamos impulsando un plan moralista ni de censura, sino más bien queremos informar y concientizar a los empresarios», dijo a IPS la Defensora de los Habitantes, Sandra Piszk.
Piszk explicó que muchos anunciantes de empresas locales y extranjeras desconocen el contenido de los programas en los que invierten en publicidad.
Es que según cifras oficiales, el monto total de la publicidad pagada en los canales de televisión de Costa Rica asciende cada año a 63 millones de dólares.
«Lo que necesitamos son códigos de ética y que los empresarios sepan que con su dinero ayudan a construir el país que queremos», indicó la funcionaria.
Psicólogos y sociólogos debaten hoy en el mundo sobre el grado de influencia de los medios de comunicación en el comportamiento de las sociedades, inclusive en la estimulación de la violencia.
Pero, más allá de ello, los estudios revelan que la violencia que miran los niños costarricense a través de la televisión es alta.
Un informe hecho por Unicef y el Instituto Latinoamericano de Naciones Unidas para la Prevención del Delito indicó que los actos violentos más vistos por televidentes menores son la difamación (28,2 por ciento), las lesiones (14,4 por ciento), amenazas (12,9 por ciento) y daños a propiedad (9,1 por ciento).
Ese estudio señaló, además, que en la programación infantil de Costa Rica por cada propuesta constructiva hay siete negativas, que contienen agresiones verbales, descalificación, autoritarismo, agresión física, manipulación, intimidación, sometimiento y engaño.
«La televisión es uno de los mejores medios de enseñanza, es por eso que los programas violentos son un riesgo de delincuencia», dijo a IPS la ministra de Justicia de Costa Rica, Mónica Nágel.
Nágel, quien apoya la estrategia de la Defensoría de los Habitantes, cree que la solución no es prohibir programas infantiles violentos, ya que «no es un problema de leyes sino de actitud de los empresarios», y espera «que poco a poco los canales programen menos espacios violentos».
Pareciera que el llamado de la Defensoría comienza a rendir frutos, pues esta semana el Banco Nacional de Costa Rica, el más grande del país, anunció que dejará de pagar anuncios publicitarios en programas que contengan escenas de violencia.
A esta decisión se sumó Pipasa, elaboradora de productos avícolas, una de las principales empresas costarricenses y con fuerte presencia publicitaria en los medios de comunicación.
Mientras, la Defensoría de los Habitantes organizó un foro para empresarios y directores de medios con el fin de examinar experiencias similares en Estados Unidos y Canadá, donde más de 40 firmas encabezadas por la transnacional Procter and Gamble promueven una reducción de la programación televisiva violenta.
Si estas iniciativas prosperan tal vez María Jesús, al igual que muchos niños de Costa Rica, podrían tener más opciones amigables y familiares en la pantalla televisiva y no sólo dibujos animados japoneses que lanzan «hielo y fuego» por la boca para eliminar a los malos. (FIN/IPS/nms/dm/cr hd/00


