/BOLETIN-AMBIENTE/ CAMBIO CLIMATICO: Intercambio de nitrógeno, opción para granjeros

El Instituto de Recursos Mundiales (WRI), una organización ambientalista con sede en Washington, presentó una propuesta para reducir las emisiones de gases de invernadero en Estados Unidos sin perjudicar a los agricultores.

WRI publicó su nuevo informe en coincidencia con la inauguración el lunes de la Sexta Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en La Haya.

Más de 150 países discutirán hasta el día 24 formas de aplicar el Protocolo de Kyoto, que exige a las naciones industrializadas reducir sus emisiones de los gases que provocan el efecto invernadero en un promedio de cinco por ciento respecto de los niveles de 1990, entre los años 2008 y 2012.

Los gases de invernadero son los responsables del recalentamiento de la atmósfera terrestre, causante de graves trastornos climáticos y catástrofes naturales. Los principales son el dióxido de carbono y el óxido nitroso.

Varios estudios e informes sugirieron que si Estados Unidos, el mayor emisor de gases de invernadero, ratificara el protocolo, los agricultores de este país sufrirían graves dificultades económicas, porque el costo de la gasolina, los fertilizantes y los pesticidas aumentaría.

Pero no es así, aseguró Paul Faeth, director de economía del WRI y coautor del informe «Estrategia climática y ambiental para la agricultura de Estados Unidos», junto con Suzie Greenhalgh.

Faeth y Greenhalgh afirmaron que las predicciones de desastre económico para los granjeros estadounidenses se basan en las peores hipótesis, que son muy improbables.

Hay muchas estrategias de reducción de las emisiones que Estados Unidos podría aplicar y que beneficiarían a los agricultores, como el intercambio de nitrógeno y de carbono del suelo.

«Si el Protocolo de Kyoto se combinara con políticas domésticas agrícolas adecuadas, los ingresos de los granjeros en realidad aumentarían, a la vez que se protegería el clima y la calidad del agua», señaló Faeth.

Gran parte de las negociaciones internacionales sobre el papel de la agricultura en la reducción de las emisiones de gases de invernadero se concentró en la manera en que los agricultores podrían obtener créditos por aumentar la cantidad de dióxido de carbono, el principal gas invernadero, almacenado en el suelo.

La superficie de las tierras de cultivo contienen grandes cantidades de dióxido de carbono.

El estudio recomienda la extensión del Programa de Conservación de Reserva, que paga a aquellos agricultores que dejen de cultivar tierras para propósitos de conservación. Esas tierras no se cultivan y no reciben fertilizantes ni pesticidas.

Como resultado, no se emite ningún gas invernadero por el uso de maquinarias agrícolas, y el suelo almacena dióxido de carbono. Este proceso también podría reducir la erosión del suelo, señaló WRI.

En virtud de un programa nacional de intercambio de carbono del suelo, los agricultores podrían obtener créditos por sustituir sus prácticas por métodos que ayuden a mantener el carbono en la tierra, como la reforestación, dejando de cultivar la tierra por cierto período de tiempo, o cultivando sin labrar.

Pero el carbono del suelo no es tenido en cuenta en el Protocolo de Kyoto, aunque el tratado podría permitir en el futuro el almacenamiento de carbono en tierras agrícolas, dice el informe.

Además, los ingresos que los agricultores obtendrían por este medio serían escasos, dado que el costo del cambio de prácticas es muy alto, observaron Faeth y Greenhalgh.

«Es probable que el potencial económico de tales programas sea limitado», señala el informe.

WRI también advirtió que el carbono acumulado en tierras agrícolas puede liberarse fácilmente hacia la atmósfera si el agricultor decide reanudar sus prácticas tradicionales.

«Por lo tanto, los beneficios de tal estrategia no serían permanentes», aclaró la organización.

Faeth y Greenhalgh propusieron como alternativa el intercambio de permisos de emisión de nitrógeno. El óxido de nitrógeno es otro gas invernadero.

La agricultura genera tres cuartos del óxido nitroso causado por la actividad humana en Estados Unidos. Gran parte de esa sustancia se fija en el suelo a causa de los cultivos y del uso de fertilizantes sintéticos químicos.

Cuando el nitrógeno se pierde a través de la lixiviación y las aguas de escorrentía, parte de él adopta la forma de óxido nitroso.

Según científicos, el nitrógeno derivado de la escorrentía es el principal culpable de la formación de «zonas muertas» en los cursos de agua de Estados Unidos y en el golfo de México.

La Ley de Agua Limpia exige a industrias y municipios la adopción de tecnologías para reducir las emisiones de nutrientes, incluso el nitrógeno.

WRI propuso que las industrias y los municipios cumplan con su obligación ambiental pagando a los agricultores para que reduzcan su descarga de nitrógeno en los cursos de agua.

El sistema podría diseñarse de manera similiar a otro programa nacional de intercambio de permisos tendente a reducir las emisiones de dióxido sulfúrico.

La opción del intercambio de nitrógeno produciría un incremento de 2,1 por ciento en los ingresos netos de las granjas, 50 por ciento más que un programa de intercambio de carbono, según los autores del informe.

Faeth y Greenhalgh concluyeron que los programas de intercambio de nitrógeno no sólo lograrían el mejor resultado económico para los agricultores estadounidenses, sino que también protegerían los cursos de agua y reducirían las emisiones de gases de invernadero. (FIN/IPS/tra-en/dk/da/mlm/en-dv/00

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