Las disputas comerciales entre Argentina y Brasil tienen desde hoy el escenario de una reunión técnica en la capital argentina, pero el viernes, en la cumbre de presidentes, la voluntad política de relanzar el Mercosur se impondrá sobre la batalla por el acceso a los mercados.
El Grupo Mercado Común, que nuclea a negociadores de los cuatro socios del bloque -Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay- comenzó a sesionar este lunes en Buenos Aires y lo hará hasta el miércoles, para tratar temas comerciales conflictivos, como el azúcar, el calzado o el régimen automotor.
Los delegados también debatirán la posibilidad de bajar el arancel externo común -una propuesta de Brasil que no convence a Argentina- y reanudarán la discusión acerca de la propuesta de crear un tribunal permanente para dirimir las diferencias comerciales -una iniciativa argentina que no es respaldada por Brasil.
Sin conferencias de prensa, con perfil bajo, los funcionarios de nivel técnico de las cancillerías y de los ministerios de Economía absorberán las tensiones entre los socios, para permitir que el viernes, los presidentes expongan un bloque unido, dispuesto a lanzarse a una nueva etapa de integración.
De la cumbre participarán además los mandatarios Hugo Banzer, de Bolivia, y Ricardo Lagos, Chile, dos países que están cada vez más cerca de unirse plenamente al bloque. En su primera visita a Argentina, hace un mes, Lagos manifestó confianza en acelerar el ingreso de Chile en el Mercosur.
Respecto de las relaciones externas del Mercosur -un bloque que suma más de 200 millones de habitantes-, también se sumará a la cumbre el representante de Política Exterior de la Unión Europea (UE), el español Javier Solanas. La UE y el Mercosur negocian actualmente su asociación comercial.
La cita cumbre será presidida el jueves por una reunión de cancilleres y ministros de Economía, en la que se limarán las asperezas que queden pendientes tras la reunión técnica de tres días, a fin de llegar al viernes con un documento en el que la vocación de unidad predomine sobre las diferencias.
El clima previo a esta serie de reuniones permite anticipar que las discusiones se realizarán en buenos términos, a pesar de las dificultades de Argentina, que no logra una recuperación económica consistente tras un año de retroceso.
Las condiciones económicas objetivas de Argentina permitirían presuponer que el gobierno de Fernando de la Rúa, instalado hace poco más de seis meses, buscará reforzar los aranceles a las importaciones y bregará por ampliar el acceso al mercado de Brasil, su principal cliente externo.
Sin embargo, De la Rúa está empeñado en la reactivación económica a través del ajuste fiscal y de la recuperación de la confianza externa, más que en un recrudecimiento de las disputas con Brasil. De hecho, intenta comenzar una nueva etapa de relacionamiento con Brasil, para dejar atrás los conflictos.
Desde enero de 1999, cuando Brasil devaluó su moneda, tanto el gobierno como los empresarios de Argentina señalaron a las autoridades brasileñas como las principales responsables de la pérdida de competitividad de las exportaciones locales, que fluyen en un contexto de fuerte rigidez cambiaria.
A principios de este año, numerosos economistas comenzaron a advertir que Argentina intentaba culpar a Brasil por su propia decisión de mantener el tipo de cambio fijo y por su falta de competitividad externa, argumentos que el gobierno de De la Rúa parece haber incorporado tácitamente a su estrategia con el socio mayor.
Cancilleres de los dos países reunidos en Buenos Aires acordaron en marzo un régimen común para el comercio de automóviles, que ahora deberán someter a la aprobación de Uruguay y Paraguay. Y en abril, lanzaron junto a los ministros de Economía nuevas señales a los negociadores del proceso de integración.
Los ministros, en un clima de cordialidad, anunciaron entonces su decisión de dar mayor impulso a la convergencia macroeconómica y trasladar al ámbito privado los conflictos comerciales relativos al calzado, los textiles o el azúcar, una determinación que resultó difícil poner en práctica en todos los casos.
En la reunión de abril, los ministros aseguraron estar ante un punto de inflexión en el que las diferencias pasaban a un segundo plano y debía reivindicarse la dinámica positiva del bloque, que en los años 90 permitió a Argentina aumentar de 500 a 9.000 millones de dólares sus exportaciones a Brasil.
De acuerdo con los trascendidos, uno de los puntos conflictivos de la reunión técnica de esta semana será el azúcar, un producto sensible para el bloque.
Brasil, primer productor y exportador mundial, mantiene una política indirecta de subsidios al azúcar, por su apoyo activo a la fabricación de alcohol de caña de azúcar como combustible. Es por eso que Argentina se niega desde siempre a liberalizar el ingreso de ese producto.
El compromiso original prevé la incorporación del azúcar al libre comercio del Mercosur en enero de 2001. Pero Argentina se resiste a aprobar el ingreso en su territorio de un producto brasileño que acabaría con su débil industria azucarera, que crea empleo en el noroeste del país.
El vicecanciller argentino Horacio Chighizola se preguntó la semana pasada por qué Argentina debería abrir el comercio al azúcar del principal productor y exportador mundial al precio de arruinar a provincias que dependen completamente de ese monocultivo.
Por su parte, el embajador brasileño José Botafogo Gonçalves, a cargo de la negociación técnica en el bloque, consideró que "sería malo" para el Mercosur que, tras la semana de reuniones en Buenos Aires, no hubiera ninguna iniciativa para poner en marcha conversaciones sobre el azúcar y habilite una solución para antes de fines de año.
Los funcionarios de ambos países -que representan 90 por ciento del bloque- auguran a su vez que Paraguay y Uruguay aceptarán el régimen automotor común ideado por ellos en forma bilateral. Los países chicos no coinciden con la idea de postergar la total desregulación del ingreso de automóviles de terceros países.
Para Argentina -que en el primer trimestre de este año presentó un crecimiento inferior a uno por ciento y donde el desempleo sigue en alza- no es fácil ceder a las presiones de sus socios para liberalizar el comercio o para reducir aranceles. El recorte de los aranceles externos del Mercosur es requisito para acelerar la incorporación de Chile.
No obstante, la decisión política de los gobiernos de mantenerse unidos para competir con el resto del mundo parece, por el momento, tener una gravitación mayor que los conflictos sectoriales. (FIN/IPS/mv/ff/ip if/00


