ARGENTINA: Carne vacuna vuelve a la pelea por el título mundial

Argentina confía en lograr a fines de mes un fuerte impulso hacia la recuperación del primer lugar que ocupó en el mercado mundial de carne vacuna desde 1900 hasta 1971, cuando fue desplazada por Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos.

El presidente Fernando de la Rúa firmó el lunes, casi como un trámite menor, la resolución que declara a Argentina país libre de aftosa "sin vacunación", un certificado que será formalizado el 24 de este mismo mes en París, en la asamblea anual de la Oficina Internacional de Epizootias.

"La rubrica significa que se abre para nuestras carnes un 22 por ciento del mercado mundial, representado básicamente por Japón, Corea del Sur y México, que permanecía cerrado a la espera de esta garantía", explicó a IPS Alberto de las Carreras, ex secretario de Comercio Exterior y experto en comercio de carnes.

Con esa perspectiva, el gobierno designó a varios "embajadores" especiales de la carne argentina, entre los que se cuentan ex tenistas de prestigio -Gabriela Sabatini y Guillermo Vilas-, la bailarina Paloma Herrera -pese a ser vegetariana- y humoristas y cantantes.

Los nuevos diplomáticos, que no percibirán honorarios, asistirán a ferias alimentarias internacionales para asociar su imagen y su carrera a un producto que durante dos siglos fue casi un sinónimo del país: la carne roja, presentada en la forma de asado o de filetes.

Argentina, como muchos productores pecuarios del mundo, sufrió por la presencia de la aftosa en el ganado desde 1830. El Norte industrial erradicó esa enfermedad de sus rebaños, pero este país no lo lograba y su producción perdió terreno en el mercado mundial.

A esa razón de tipo sanitaria se unieron otras, relacionadas con la falta de competitividad de la producción y con la ausencia de políticas de promoción de carnes favorecidas por las condiciones naturales para el pastoreo del ganado en la llamada región pampeana.

La cría de ganado en la llanura pampeana, un área que engloba a cuatro provincias del centro del país, no requiere hormonas ni anabólicos. Los animales se alimentan de pastos especialmente ricos en nutrientes y antioxidantes, que dan por resultado una carne magra y fibrosa.

Argentina vende anualmente 350.000 toneladas de carne vacuna y se ubica en cuarto lugar entre los exportadores, detrás de Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, que superan cada uno el millón de toneladas y ofrecen un producto de calidad, sin aftosa, y con una vigorosa política de promoción.

"Nueva Zelanda tiene el tamaño de una de las 23 provincias de Argentina -la austral Santa Cruz-, está alejada de numerosos mercados", y sin embargo, "triplica nuestras exportaciones de carne", comentó De las Carreras, autor del libro "La aftosa en Argentina. Un desafío competitivo".

El primer golpe a la posición de Argentina en el mercado mundial fue la decisión de Estados Unidos a mediados de la década del 30 de cerrar sus puertas a la carne cruda de países con aftosa. Ese embargo se mantuvo hasta 1997, cuando Argentina fue declarada país libre de aftosa con vacunación.

Hacia 1971, Argentina fue superada como potencia exportadora por Australia y Nueva Zelanda, y luego, también por Estados Unidos.

Productores y gobierno emprendieron una campaña sostenida de control que les permitió registrar en 1994 el último foco de aftosa. Pero sólo cuatro años después el país fue declarado libre de la epizootia con vacunación, y ahora, dos años más tarde, sin vacunación.

La certificación implica la eliminación de las inspecciones exigidas por los compradores, permite el ahorro de millones de dólares en vacunas y abrirá nuevos mercados. La Unión Europea, el principal importador de carne argentina, condicionaba sus compras a una larga serie de controles de calidad.

Pero con la competencia reinante y la fuerte posición de los rivales en el mercado, no será fácil para Argentina imponerse con la sola aprobación de la Oficina Internacional de Epizootias.

"Necesitamos una campaña, porque somos muy malos vendedores", clamó el presidente de la Asociación de Productores de Carne Bovina, Angel Girardi, en el suplemento rural del diario Clarín.

"Tenemos condiciones pastoriles que permiten a las vacas fijar músculos y no grasa, carnes con bajo colesterol y alto nivel de antioxidantes, no usamos anabólicos y tenemos un ambiente sin dioxina, no tenemos ni aftosa, ni BSE (encefalopatía espongiforme bovina, o "mal de las vacas locas"), dijo Girardi.

"Pero no sabemos vender", agregó. Al respecto, De las Carreras comentó que en Japón, primer comprador mundial de carne, con más de un millón de toneladas en importaciones sobre cinco que mueve el mercado mundial, es común identificar en los supermercados la marca de las carnes con Australia o Estados Unidos.

"Lo mismo ocurre en Singapur, Corea (del Sur) o Hong Kong. Usted puede ver en el salón de venta de las carnes a un empleado con un delantal que reza 'Ausatralian beef', o con un gorro que dice 'United States beef', y también se encuentran las bandejas de carne con la bandera del país junto a la marca", explicó.

Los grandes productores, que tienen recursos millonarios para promover las carnes en el mundo, también patrocinan a deportistas y sus marcas pueden verse en las carreras de automóviles, en maratones o en otro tipo de actividades deportivas o culturales.

En Argentina, adonde el desequilibrio fiscal no permitiría al Estado destinar sumas importantes a ese fin, se designó a los embajadores y se prevé para los próximos días el envío al Congreso de la propuesta de crear un fondo de promoción de 12 millones de dólares a partir del descuento de un dólar por cada res faenada.

Con base en un modelo econométrico, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria señaló que Argentina podría ser en 2003 el segundo exportador mundial de carne vacuna, después de Australia, si consiguiera colocar sus productos en Japón.

Japón exige, además de la certificación sanitaria, una producción sostenida a lo largo del año, de muy buena calidad, y que llegue por avión, un medio de transporte que para Argentina es 10 veces más costoso que el barco, que demora 44 días en llegar a Asia oriental. (FIN/IPS/mv/ff/if/00

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