Los atentados con bomba que mataron a 35 personas en India el sábado, durante las elecciones generales, ilustran la guerra que libran hace décadas campesinos sin tierra con terratenientes de las castas superiores en el estado de Bihar, donde aún predomina el feudalismo.
El último incidente se debió a "disputas políticas, ideológicas y sociales mayores" que "nuestros dirigentes políticos sabrán resolver", declaró el comisario electoral M.S. Gill.
Los atentados, destinados a imponer el boicot de los comicios promovido por el proscripto Centro Comunista Maoísta y el Grupo de Guerra Popular, ambos de extrema izquierda, mataron a 35 pesonas, entre ellas a 25 policías, un juez y a dos funcionarios electorales.
La ferocidad de los atentados sorprendió a la Comisión Electoral, aunque se había advertido que los extremistas intentarían perturbar la votación en sus enclaves en los distritos de Jehanabad, Palamu y Gaya, en el central estado de Bihar.
Los radicales de izquierda, que rechazan las elecciones como parte del statu quo, suelen promover el boicot de los comicios, pero por lo habitual y a último momento expresan su apoyo a candidatos cercanos a su ideología o que pertenecen a las castas inferiores.
La masacre del sábado comunicó la desilusión que sienten los extremistas con los partidos que se presentan como luchadores por la justicia social en el estado, como el Partido Nacional del Pueblo (RJD), gobernante en Bihar, dirigido por Laloo Prasad Yadav.
El partido de Yadav, un hombre procedente de la cada vez más influyente clase media del campesinado de Bihar, permanece en el poder desde hace casi 10 años equilibrando los intereses de las castas superiores terratenientes y los trabajadores agrícolas sin tierras.
Pero el RJD no pudo impedir una serie de masacres y posteriores venganzas de extremistas de izquierda y del grupo paramilitar Ranvir Sena, dirigido por milicianos de las castas superiores que tienen la intención de mantener su poder feudal en Bihar.
Según Arvind N. Das, escritor y experto en Bihar, el Ranvir Sena pretende impedir la reforma agraria e incluso anular la poca redistribución de la tierra que ordenó el estado.
El Ranvir Sena, aunque fue prohibido un año después de su formación en 1994, goza del apoyo del derechista Partido Bharatiya Janata, el partido que lidera la coalición de gobierno del país, y también, aunque en forma más encubierta, del RJD.
Para ambos grupos políticos, el Ranvir Sena cumplió el fin de mantener bajo control a su enemigo en común, o sea a los campesinos pobres y a los trabajadores marginados en el estado con 100 millones de habitantes que es el segundo mayor del país.
El Ranvir Sena pudo realizar su campaña de asesinato y terrorismo contra los campesinos de las castas inferiores sin que se lo impidieran el gobierno estatal ni central.
De hecho, desde que fuera prohibido, el Ranvir Sena masacró a más de 300 personas, sin otra oposición que la de los feroces ataques de venganza de los grupos extremistas de izquierda que surgieron por primera vez en los años 60.
El 18 de marzo, el MCC respondió a la ferocidad de las castas superiores en la aldea de Senari degollando a 34 personas en venganza por dos masacres perpetradas por el Ranvir Sena que mataron a 34 personas.
La organización de derechos humanos Human Rights Watch (HRW), en su informe de este año sobre la violencia contra los intocables, la casta más baja de India, recuerda que el conflicto comenzó a principios de los años 70 con un movimiento de ocupación de tierras apoyado por los extremistas de izquierda.
Los campesinos "comenzaron a sembrar cultivos en tierras de las castas superiores en los distritos centrales de Bihar mientras cuadros… extremistas quemaban depósitos de granos e imponían bloqueos económicos sobre cientos de hectáreas de tierra que impedían cultivarlas a los terratenientes", señaló el informe de la organización de Nueva York.
El estado respondió con las muertes sumarias de extremistas y hubo evidencias de complicidad policial con el Ranvir Sena, según HRW.
Una razón de esa complicidad es que los policías suelen proceder de las castas terratenientes y que los agentes estatales a nivel de las aldeas y los distritos operan como funcionarios de los partidos políticos y simpatizan con el Ranvir Sena, aseguró.
En un informe anterior, la organización independiente Unión del Pueblo por los Derechos Democráticos denunció que el Ranvir Sena recibe apoyo y poder militar del gobierno.
La policía local sostiene que no retira los permisos de portar armas de los terratenientes porque estos las necesitan para protegerse, agregó el grupo.
Así mismo, HRW destacó que Bihar es conocido por la práctica de la "captura de urnas" en época electoral, por la cual los candidatos políticos se aseguran la mayoría de los votos con la ayuda del Ranvir Sena y de los paramilitares.
Cuando miembros del Ranvir Sena son detenidos, son liberados rápidamente bajo fianza y ninguno es procesado. Por el contrario, los extremistas de izquierda son juzgados y, en ocasiones, condenados a muerte, agregó.
"El Estado no sólo trata a los crímenes de los dos grupos en forma diferente, sino que la policía y los funcionarios locales toleran abiertamente a los paramilitares", concluyó HRW. (FIN/IPS/tra-en/rdr/an/aq-mj/ip/99


