AMBIENTE: Gestión del Banco Mundial para vender gases invernadero

El Banco Mundial busca inversores del Norte industrializado para que los estados puedan vender a compañías u otros países la cuota de gases invernadero, a los que se atribuye mayormente el recalentamiento del planeta, que les permite emitir el Protocolo de Kioto de 1997.

El Banco presentará su Fondo Prototipo del Carbón (FPC) a un grupo selecto de inversores de países industrializados a mediados de noviembre y espera para fines de enero tener el capital suficiente que ponga en práctica la iniciativa, informó Charles Feinstein, director de la Unidad de Cambio Climático Mundial de la institución multilateral.

El FPC, aprobado por el consejo directivo del Banco Mundial la semana pasada, operará como un fondo común de inversiones, con la salvedad de que los valores comerciados no serán acciones sino toneladas de carbón.

Los inversores ayudarán a financiar las gestiones para reducir las emisiones de gases invernadero en el mundo en desarrollo.

Entre los posibles proyectos, sujetos a la aprobación de los inversores, se encuentran aquellos de la cartera del Banco Mundial y de la Corporación Financiera Internacional, su socia en el sector privado, así como de otros organismos, dijo Feinstein.

Entre las inversiones están las gestiones para promover la energía renovable, como la solar, mejorar la eficiencia energética de proyectos existentes o la sustitución de tecnologías «sucias» por alternativas «limpias», por ejemplo, con el cambio de bombillas de luz incandescentes a fluorescentes.

Los inversores serán recompensados con los «créditos» o licencias correspondientes para arrojar una cantidad equivalente de carbón a la atmósfera.

Podrían utilizar sus créditos para no reducir sus propias emisiones, o vender los permisos a otras compañías o países que no puedan o no quieran acatar la reducción de emisiones de carbón que estipula el Protocolo de Kioto sobre cambio climático negociado en 1997 en esa ciudad japonesa.

La capacidad máxima del FPC se fijó en 150 millones de dólares y los funcionarios esperan recibir entre 75 y 100 millones de dólares durante el primer llamado. Los gobiernos de Finlandia, Holanda, Noruega y Suecia aceptaron participar en la iniciativa, aunque ninguno se comprometió a invertir, según Feinstein.

Dieciocho compañías también habrían aceptado su participación, dijo, entre ellas la petrolera British Petroleum (BP), empresas públicas de Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia, y grandes firmas japonesas, como Mitsubishi.

«Son firmas con acciones de primera clase con importantes recursos de inversión, pero también con un interés subyacente en el mercado de las emisiones de carbón porque son industrias de energía a gran escala», explicó.

El Banco Mundial, que aportó tres millones de dólares al proyecto, espera recuperar 80 por ciento de sus costos con las comisiones cobradas a los trámites correspondientes, señaló el director del equipo del FPC, Kenneth Newcombe.

Analistas de la economía afirman que el Banco obtendrá una fuerte ganancia si opera en el mercado del carbón. Según calculos de la propia institución, la comercialización de las emisiones podría alcanzar los 150.000 millones de dólares por año para el 2020.

Pero no hay seguridad sobre el futuro del mercado. El Protocolo de Kioto permite la «comercialización de las emisiones», pero los signatarios no decidirán el monto ni las reglas del nuevo comercio hasta fines del próximo año o principios del 2001.

En Kioto, los países industrializados prometieron reducir sus emisiones a la cantidad de 1990 para el 2008. Algunos países ya cumplieron la meta, pero para los demás, la comercialización de las emisiones es una «opción indolora», comentó Charlie Kronick, director de la Red de Acción Climática, de Gran Bretaña.

«El régimen de comercialización de las emisiones permitirá una hipotética reducción de la contaminación, por la cual un país podrá comprar las emisiones sin usar de otro país. Pero en el lapso hasta el 2012, esta compra y venta podría provocar el incremento de las emisiones mundiales», dijo Kronick.

La mayoría de los ecologistas y algunos gobiernos europeos quieren que se ponga un límite a la cantidad de emisiones que los países puedan comercializar, pero Estados Unidos se opone a las restricciones.

Los detractores de la comercialización de las emisiones señalan que permitirán que los países ricos compren el incremento de su contaminación en el exterior, pero sus defensores dicen que el plan tiene sentido porque los proyectos para reducir las emisiones son más baratos en el Sur en desarrollo.

El plan «brinda a los interesados el incentivo para inflar artificialmente sus cifras de base, es decir, la cantidad de carbón que realmente emiten», dijo Daphne Wysham, investigadora del Instituto de Estudios Políticos, de Washington.

Los gases invernadero se emiten principalmente cuando se queman combustibles fósiles como el carbón y el petróleo. La mayoría de los científicos los culpan por el aumento de la temperatura del planeta, y advierten que tendrán graves consecuencias para el clima, la salud y la actividad económica.

La organización ecológica Greenpeace advierte que al ritmo actual, cuando se liberan 6.000 millones de toneladas de carbón por año, el mundo soportará la contaminación durante menos de 40 antes de sufrir graves daños a su ecosistema.

Los países pobres sufrirán más el cambio climático, reconoce el Banco Mundial. En las próximas semanas, el organismo considera anunciar una nueva estrategia para sus proyectos de energía en el Sur en desarrollo, Europa oriental y la ex Unión Soviética.

La estrategia, llamada «Combustible para el Pensamiento», tiene el fin de desviar al Banco Mundial de sus proyectos tradicionales de petróleo y gas y de fomentar tecnologías más limpias y sustentables de generación de energía, como la eólica y solar.

El Banco Mundial es la mayor fuente de financiación pública de proyectos de energía en los países en desarrollo, y fue criticado por financiar grandes proyectos contaminantes, como los 1.350 millones de dólares que otorgó a China en 1998 para construir plantas a carbón, señaló Wysham.

Los préstamos que el Banco otorga para proyectos de energía renovable sólo representan ocho por ciento de sus créditos para el sector de la energía. Ecologistas y miembros del personal del organismo quieren que esa cifra se eleve al menos a 20 por ciento. (FIN/IPS/tra-en/aa/mk/aq/en-if/99

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