BRASIL: El síndrome del segundo mandato presidencial

La reelección puede ser excelente para el ego de los presidentes, pero también una mala inversión política, al menos en el caso del mandatario de Brasil, Fernando Henrique Cardoso.

Cardoso enfrentó una casi ininterrumpida secuencia de reveses políticos desde que conquistó en octubre la presidencia por segunda vez consecutiva, a la que sumó esta semana una nueva atribulación, ante la divulgación de grabaciones de conversaciones telefónicas mantenidas con un asesor económico.

En la comunicación, grabada de manera ilegal por desconocidos, Cardoso autoriza de forma indirecta al presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico, André Lara Resende, a favorecer a uno de los dos consorcios que disputaban en julio la privatización de la empresa telefónica Telebrás.

Cardoso, al igual que sus pares Carlos Menem, de Argentina, y Alberto Fujimori, de Perú, fue reelegido con facilidad, pero las dificultades comenzaron antes de que asumiera el segundo período presidencial.

Los tres gobernantes tuvieron contadas alegrías y muchos contratiempos, y ahora corren el riesgo de no lograr que un seguidor suyo gane las elecciones presidenciales previstas para este año en Argentina y Perú, y para el 2002 en Brasil.

El calvario político de Cardoso empezó en septiembre del año pasado, cuando surgieron rumores de que tenía cuentas bancarias secretas en las Islas Caimán, en el Caribe.

En tanto, las primeras denuncias sobre escucha ilegal de teléfonos pertenecientes a funcionarios de alto rango de Brasilia aparecieron en noviembre.

Luis Carlos Mendonça de Barros, ministro de Comunicaciones y amigo personal de Cardoso, fue acusado de manipular la subasta de Telebrás, y renunció al cargo para proteger al presidente brasileño.

En diciembre comienzan las presiones de los inversionistas extranjeros para modificar la cotización del real, que deriva en la devaluación de enero.

Posteriormente surgen los primeros rumores sobre casos de corrupción en el gobierno, en especial de manejo inadecuado de información secreta por parte de varios directores del Banco Central, en relación con la decisión de devaluar el real.

El ex presidente del Banco Central Francisco Lopes fue acusado de favorecer a dos bancos privados, dándole información reservada sobre la modificación cambiaria de enero, lo cual les permitió obtener millonarias ganancias.

Sin embargo, las investigaciones realizadas por el Ministerio Público y la Comisión Parlamentaria de Investigación no lograron comprobar aún esas presuntas irregularidades

Lopes debe explicar también la procedencia de los 1.675.000 dólares que tiene en una cuenta bancaria en el exterior, según la declaración firmada por uno de sus ex socios en una empresa de consultoría económica.

Cardoso no fue involucrado en esos episodios, salvo en el caso de las cuentas en bancos de las Islas Caimán, pero nunca había aparecido hasta ahora una prueba al respecto. La primera evidencia surgió esta semana en las grabaciones divulgadas por el diario Folha de Sao Paulo.

El experto Helio Gaspari menciona la posibilidad de que el presidente brasileño sea víctima de una maniobra política para desprestigiarlo.

Las grabaciones, que causaron la renuncia el ministro Mendonça de Barros, son las mismas que involucran ahora el presidente Cardoso. Según rumores que circulan en medios políticos de Brasilia, existirían otras 25 cintas magnetofónicas.

Esas denuncias coinciden con el aumento de las presiones contra el ministro de Hacienda (economía), Pedro Malán, a quien acusan de tolerar la corrupción en el Banco Central.

Malán es el principal consejero económico de Cardoso y el artífice de la política cambiaria.

Si Malán también renuncia, el presidente brasileño habrá perdido el control de la política económica, y a uno de los principales sostenedores del Plan Real, que acabó con la hiperinflación y permitió la estabilidad en el campo económico, los dos temas que más contribuyeron a la reelección de Cardoso.

Lo cierto es que desde noviembre, el gobernante brasileño está a la defensiva, tratando de neutralizar los sucesivos escándalos que brotan en oficinas cada vez más cercanas al despacho presidencial.

Los dos principales grupos políticos de oposición, el Partido de los Trabajadores y el Partido Democrático Laborista ya solicitaron la renuncia de Cardoso, pero hay pocas probabilidades de que eso ocurra.

Lo que sí puede suceder, es que Cardoso abandone el protagonismo político y baje su perfil público, al igual que hicieron sus pares Menem y Fujimori. (FIN/IPS/cc/dm/ip/99

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