VENEZUELA: Con un baño de multitud Chávez marca su presidencia

Los actos de toma de posesión de Hugo Chávez como presidente de Venezuela, este martes, cerrarán con un inusual mitín de más de un millón de personas, con el que el nuevo gobernante pretende multiples objetivos, incluido el de mostrar su fuerza popular ante el mundo.

Más de 15 jefes de Estado y de gobierno concurrirán a la juramentación de Chávez, y los organizadores aseguran que la mayoría asistirán al multitudinario acto, incluido el presidente cubano Fidel Castro, entre más de cien invitados especiales.

Con el baño de multitudes, Chávez mostrará a sus huespedes internacionales que, además de ganar las elecciones con un contundente 56 por ciento de los votos, tiene detrás un fervoroso respaldo popular que legitima su proyecto de refundación política del país y quita sombras a su pasado golpista.

Quien desde este martes será el noveno presidente del moribundo ciclo democrático nacido en 1958, saltó a la escena pública el 4 de febrero de 1992, cuando como teniente coronel encabezó el primero de los dos cruentos alzamientos de ese año.

Siete años después de aquel fracaso golpista que lo mantuvo 25 meses preso, la carismática figura de 44 años accede al poder encarnando a los desposeidos de un país con más de 70 por ciento de la població en pobreza, pese a la riqueza de sus recursos.

La entrega de la presidencia al pueblo es el objetivo declarado del acto, que por razones de seguridad se desplazó de una gran avenida del centro de Caracas al más controlable y espacioso paseo de los Próceres, en el sur capitalino y vecino al Fuerte Tiuna, un símbolo del militarismo que Chávez reivindica.

Chávez triunfó en forma contundente el 6 de diciembre, en unas elecciones en que las ofertas de cambio radical sumaron 90 por ciento y los dos partidos tradicionales, Acción Democrática y Copei, no superaron 10 por ciento de los sufragios.

El nuevo presidente llega al poder al frente de una alianza de casi toda la izquierda y antiguos militares golpistas, pero su mayor fuerza está en la calle, en los contingentes movilizados de excluidos sociales y resentidos por la corrupción y degeneración de la conducción política en el país.

"Por primera vez llega un limpio (sin recursos económicos) a la presidencia", caracterizó el analista Luis García Mora, y lo hace blandiendo la escoba con que promete "barrer la podrida partidocracia" y promover "una democracia verdadera y centrada en el ser humano".

Para ello, Chávez tiene que "pegar duro y rápido", indican otros comentaristas políticos independientes, protagonizando el proceso con el que pretende llegar a la mitad del año con una asamblea constituyente ya elegida y en enero próximo con unas nuevas reglas de juego políticas e institucionales.

El mostrar la fuerza popular que tiene detrás es un elemento esencial de esa estrategia, que tiene como ingrediente el "no dar cuartel" al viejo régimen político que se propone enterrar.

Chávez insiste, además, que él no es sino "una paja en el huracán" de los cambios que exige la población y que de no promoverlos, la fuerza popular lo desbordaría tanto a él como al sistema. La calle movilizada es una prueba práctica para los dudosos de la urgencia del rediseño de la gobernabilidad interna.

El acto popular, para el que se tuvo que diseñar una tarima especial que costó unos 70.000 dólares según subrayan los opositores al nuevo mandatario, y que comenzará cinco horas antes de que Chávez se dirija a la multitud, busca también "saciar la sed de participación de la población", dijo un organizador.

El proceso electoral motivó la politización de una población que se mostró hasta entonces hastiada de la política, y donde la mayor expresión de rechazo se dio mediante las sangrientas y anárquicas protestas de las que el día 27 se cumplirán 10 años.

El mitín es central en ese objetivo de Chávez de que sus adeptos, parte de los cuales tienen una comunión casí religiosa con su lider avivada por su estilo de tintes mesiánicos, sientan que son ellos mismos quienes llegan al poder.

Chávez comentó a periodistas internacionales que el mitín es para él el acto más importante de su toma de posesión, para canalizar y dar valor al entusiasmo de la población, que una dura campaña electoral dividió entre chavistas y antichavistas.

El nuevo presidente, con un recio físico en que los rasgos indígenas dominan en su mestizaje -un elemento de tipicidad venezolana que ayuda a que amplias capas de la población se sientan expresadas en él- encuentra en los mitines el mejor ambiente para desplegar su florido e inagotable discurso.

Chávez interactúa con la gente, canta y recita si hace falta y convierte los actos masivos en una especie de misas populares, que hilan su mezcla discursiva habitual de innumerables citas, con predominio de la Biblia y el libertador Simón Bolivar, de anécdotas personales y de irónicas referencias a sus opositores.

Esa conexión popular se expresó la noche de su triunfo con la espontánea congregación de decenas de miles de personas para esperar durante horas a vitorearlo, y se reedita en cada acto público protagonizado por Chávez desde entonces.

Se trata, en definitiva, del arma mayor y mejor que tiene Chávez para imponer su marca en la construcción de una nueva era en este país arruinado en lo económico, pauperizado en lo social y deshilachado en lo institucional, según resumen analistas.

Y el presidente que gobernará el país hasta el 2004, o por el periódo que defina la nueva Constitución, quiere que se note desde el primer día en Venezuela y el mundo. (Fin/IPS/eg/ip la/99

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