El presidente de Venezuela, el teniente coronel retirado Hugo Chávez, homenajeó hoy el séptimo aniversario de su alzamiento golpista, cuyo fracaso militar abrió el paso a su triunfo político, plasmado al asumir el martes el poder en forma democrática.
Chávez dijo que la conmemoración del primero de los dos cruentos alzamientos de 1992, no buscaba "darle gloria a la rebelión armada" y pidió "perdón por los dolores" causados. Pero reactivó con honores los batallones suspendidos entonces, trató de héroes a los alzados y defendió su legitimidad.
En el más desafiante de los improvisados discursos que han tejido esta semana histórica de Venezuela, en que los partidos tradicinales fueron desplazados del poder por una alianza de izquierda y antiguos militares golpistas que promete refundar políticamente el país, Chávez también anunció la reincorporación de los insurrectos pasados a retiro contra su voluntad.
El desfile militar con el que tradicionalmente acaban en el país los actos de juramentación de los ya nueve presidentes constitucionales, fue postergado por Chávez para hacerlo coincidir con el aniversario del golpe y transformarlo en una reivindicación de que lo que fue derrota es ahora victoria.
Como en todos los actos en que participa Chávez desde que en diciembre triunfó en las urnas con un contundente 56 por ciento, una multitud devota se desbordó en aplausos, cuando, vuelto a las personalidades civiles y militares presentes, les dijo: "ustedes saben en el fondo del fondo que alguien tenía que hacerlo".
El ex presidente Carlos Andrés Pérez, ahora senador electo en el recien estrenado Congreso y contra el que se alzó Chávez, reconoció este jueves "mi angustia por la tendencia absolutista tremenda" que observa en el presidente. Pero, al mismo tiempo, aplaudió su voluntad de regenerar la conducción del país.
"No hay marcha atrás", repitió Chávez, de 44 años, ante los vítores del público, la mayoría representane de las capas más desposeidas de un país en que 80 por ciento de sus 23 millones de habitantes vive en pobreza, pese a los ricos recursos.
El nuevo mandatario aseguró a los representantes de los poderes públicos presentes y la oposición ausente que no es el momento de "leguleyadas", cuando "hay un pueblo que se muere de hambre y clama", ante su situación calamitosa.
"Más que un presidente soy un soldado que gracias al pueblo estoy de vuelta", expresó Chávez, quien estuvo 26 meses preso hasta que su antecesor, Rafael Caldera, le perdonó sin más condición que pedir la baja, iniciando un camino que el martes lo convirtió en el más joven mandatario venezolano.
La impasible marcialidad en que la alta oficialidad se mantuvo durante el candente discurso y los actos reivindicativos del primer alzamiento en Venezuela en 30 años, dificultó calibrar su reacción ante la reinvidicación de las asonadas por Chávez.
El propio Chávez dio alguna pista de que el hecho de que ahora sea el constitucional comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, resulta díficil de asimilar para parte de la cúpula castrense, donde prevalecen aún los oficiales leales que derrotaron las asonadas del 4 de febrero y el 7 de noviembre de 1992.
Chávez exaltó el desfile como "el primero de un nuevo tiempo histórico" en las Fuerzas Armadas y añadió que pretende que represente "de una vez y para siempre la reunificación de los militares en función del país". El llamado a la unidad en que ya insistió otras veces sería una admisión de su ausencia.
Allegados y opositores a Chávez coinciden en que el sexto militar que llega a la presidencia en Venezuela y el primero desde la restauración democrática de 1958, ha actuado hasta ahora con gran inteligencia en el ámbito castrense.
Destacan en ese sentido que puso al frente a las armas a oficiales muy respetados y designó como ministro al general Raúl Salazar, con simpatías en todos los sectores castrenses, y que se ha convertido en uno de los principales miembros de su gabinete.
La oposición política rechazó estar presente en el acto, al aducir que la fecha del 4 de febrero no era una jornada de fiesta para la democracia venezolana, según expresaron sus portavoces la noche antes durante una sesión bicameral del Congreso.
Pero sí estaban en primera fila los antiguos compañeros de conspiración y ahora ministros y otros altos cargos en el recien estrenado gobierno, así como el presidente del Congreso y coronel retirado Luis Dávila, dirigente del Movimiento Quinta República, el partido del presidente y segunda fuerza legislativa.
El nuevo gobernante indicó este jueves que los batallones reinstalados se dedicarán a tareas como la construcción de carreteras y otros proyectos de infraestructura, dentro de su plan de convertir a las Fuerzas Armadas en "puntas de lanza del desarrollo social", porque sin este "no existe defensa".
La llamada "voz política" del gobierno, el canciller y antiguo candidato de izquierda José Vicente Rangel, ha calificado a este como "cívico-militar", mientras que Chávez subraya su propósito de conducir una revolución democrática y pacífica.
Este jueves, Chávez dijo que su asonada fue "un compromiso con la historia", de una oficialidad progresista, que venía conspirando desde 1982 y que decidió intervenir tras las sangrientas protestas de febrero de 1989, reprimidas por los militares y que inaguraron el convulso segundo gobierno de Pérez.
Pérez replicó que el alzamiento no pasó de ser "un cuartelazo tropero", instrumentalizado por quienes en el estamento político y económico se oponían a los cambios en el país. El ex mandatario salió anticipadamente del poder mediante un caso de corrupción, debil jurídicamente y que sirvió de salida ante la crisis institucional de 1993.
Pero el ahora senador de 74 años, en cuyo antiguo carisma y energía perciben los analistas el único antecedente nacional del fenómeno de Chávez actual, insistió en su prédica de que hay que apoyar al presidente a lograr los cambios de "la podrida y anquilosada democracia" y buscar controlar su autoritarismo,
Chávez descalificó las críticas de opositores de que incumple algunos extremos legales el decreto con el que, sin perdida de tiempo, convocó cuatro horas después de su juramentación a un referendo consultivo sobre su propuesta Asamblea Constituyente.
"El problema de Venezuela no es jurídico, es político", subrayó el flamante presidente, mientras llamó a cada sector nacional a que "asuma cada quien su responsabilidad" en la reconstrucción del país, que recibió arruindo en lo económico, depauperado en lo social y agotado en lo político.
Portavoces del partido Proyecto Venezuela dijeron que "el desfile dejo claro que tenemos un comandante-presidente". El cndidato de esta nueva organización escoltó a Chávez en los comicios presidenciales y también ofrecía cambios radicales, pero sin ruptura del sistema partidocrático instaurado en 1958.
Los problemas del país, precisaron, "no se combaten ni con himnos, ni con marchas, ni con consignas, ni tampoco colocando una bota al cuello de quien se oponga al gobierno". (Fin/IPS/eg/ip la/9


