El creciente descontento de los mineros del carbón en Rusia puso al gobierno en un aprieto, ya que la industria necesita con urgencia ayuda financiera para sobrevivir, pero las arcas del Estado están vacías.
Moscú, que no olvida lo ocurrido en Rumania en enero cuando 200.000 mineros marcharon hacia Bucarest y fueron detenidos por unidades de la policía antimotines y del ejército, prometió aumentar a 520 millones de dólares los subsidios que otorga a la industria del carbón.
El primer ministro Yevgeny Primakov anunció planes para reanudar la ayuda sólo después de que Ivan Mocknachuk, el dirigente del sindicato minero, tuvo un arranque de ira en un congreso celebrado en Moscú esta semana. "¿Que no hay dinero? Está mintiendo", gritó en referencia al gobierno.
La industria del carbón lucha para sobrevivir desde la disolución de la Unión Soviética en 1991. Los subsidios estatales se redujeron a la octava parte de lo que eran en 1993, y un gran número de minas no logran atar cabos.
Sólo 50 de las 126 compañías de carbón son lucrativas, y el resto pierden dinero, según cifras oficiales. Las firmas administran unas 200 minas que produjeron aproximadamente 240 millones de toneladas de carbón el año pasado.
De ese total, las 100 minas menos eficientes sólo produjeron 30 millones de toneladas.
Los problemas de la industria se agravan por la ocurrencia habitual de accidentes mortales, debido a los equipos obsoletos y al incumplimiento de las normas de seguridad.
Aman Tuleyev, alcalde de Kemerovo, la principal zona productora de carbón de Siberia, a 4.000 kilómetros al este de Moscú, señaló que se deben aumentar al menos 250 dólares los salarios mensuales de los mineros. En la actualidad el pago que reciben asciende a 150 dólares.
Por otra parte, los mineros recibieron demasiados privilegios a principios de esta década, sostuvo. "Trabajan 30 horas por semana y 180 días al año, y el gobierno sencillamente no puede pagar las cuentas para subsidiar la industria", explicó.
Durante el régimen soviético, el gobierno mantuvo en operación a minas viejas, mucho después de que se agotara su capacidad lucrativa. A partir de 1991, el gobierno también se mostró reacio a cerrar las minas agotadas, para evitar el descontento social.
El principal sindicato minero, el Sindicato Ruso de Trabajadores de la Industria del Carbón, cuenta con 780.000 afiliados y es uno de los más organizados y activistas del país.
El gobierno considera ayudar al sector en base a préstamos por 800 millones de dólares del Banco Mundial y del Eximbank de Japón, según anunció esta semana ante el congreso de mineros el ministro de Combustibles y Energía, Sergei Generalov.
El Banco Mundial ya otorgó varios préstamos al sector del carbón para cerrar minas improductivas y brindar capacitación en otras áreas de trabajo a los mineros despedidos. Desde junio de 1992, el Banco Mundial concedió unos 7.500 millones de dólares a Rusia, el tercer prestatario de la institución financiera.
Pero los préstamos a los que se refirió Generalov aún no fueron aprobados por el Banco Mundial.
"Necesitamos una sociedad social", declaró Primakov, prometiendo hacer lo que pudiera para resolver la crisis que provocó la falta de pago de los salarios de los mineros.
El funcionario explicó que existen 552 causas pendientes, incluso 145 sólo en la zona de Kemerovo, contra gerentes involucrados en malversación de fondos o fraudulentas firmas de intermediación.
En muchos casos, los ejecutivos del carbón crearon turbias firmas consultoras a nombre de sus familiares para extraer dinero de las compañías mineras, lo que causó el retraso en el pago de los salarios.
Primakov reconoció que a los mineros se les debe más de 200 millones de dólares en salarios atrasados. El retraso tiene un promedio de cinco meses y, en algunas minas, alcanza a los 10 o 12 meses.
Los mineros que no reciben sus sueldos sobreviven gracias a empleos de tiempo parcial, cultivando verduras en terrenos suburbanos, y pidiendo dinero prestado a sus familiares.
La mayoría de las minas se encuentran en el norte de este país, donde las temperaturas pueden descender en febrero hasta a 50 grados bajo cero, y la falta de dinero y la incapacidad de pagar las cuentas podría provocar cortes de energía.
A pesar de las gestiones del gobierno, los mineros parecen perder la paciencia. Inmediatamente después del congreso, trabajadores de la mina de Berezovskaya, en la zona de Kemerovo, ocuparon la mina para protestar porque hace seis meses que no reciben su salario.
Los mineros del sur, junto con los del norte, podrían reaccionar como sus compañeros de Rumania, advirtió el dirigente sindical Vladimir Kotelnikov.
Los rumanos terminaron la marcha en enero declarando la victoria, luego de que el primer ministro Radu Vasile cediera a sus reclamos sobre el pago de salarios y el cierre de minas. El acuerdo aún no se hizo público y la acción de los trabajadores le costó al país decenas de millones de dólares, según funcionarios rumanos.
Analistas afirman que los mineros rusos, cuyas huelgas fueron fundamentales para provocar la caída del gobierno soviético y llevar al poder al presidente Boris Yeltsin, ahora no tienen la voluntad para ejecutar una acción decisiva.
No obstante, los mineros se manifestaron frente a la sede del gobierno en Moscú durante casi cuatro meses del verano boreal, en protesta por el atraso de los salarios. Los manifestantes se congregaban a diario para gritarle insultos a Yeltsin.
Entonces, los sindicatos rusos amenazaron con lanzar una huelga nacional indefinida en protesta por el retraso de los salarios y contra el programa de austeridad del gobierno. Pero el "día de la protesta de toda Rusia", el 7 de octubre, sólo resultó en una serie de marchas pacíficas.
Los incidentes no generaron resultados concretos, y ahora los observadores creen improbable que el caso rumano se repita en Rusia, en parte porque las zonas carboníferas están muy alejadas de Moscú como para que los manifestantes se trasladen a la capital.
No obstante, la industria del carbón sigue siendo un pilar del sector energético. Aproximadamente la mitad de la electricidad se produce en plantas de energía generada por carbón. Las reservas totales se estiman en tres billones de toneladas con cuatro quintos de los yacimientos de carbón situados en Siberia.
A largo plazo, el gobierno se enfrenta al problema de que la mayoría de las minas no lucrativas se encuentran en pueblos aislados donde no hay otra fuente de empleo.
Los mineros se enfrentan a la perspectiva de tener que trasladarse a otras regiones, pero la actual inestabilidad económica hace que sea poco probable la posibilidad de conseguir otros empleos.
El Banco Mundial calculó que aproximadamente la mitad de los mineros se verían obligados a abandonar la industria durante la próxima década, lo que tendría repercusiones impredecibles en el contexto de la crisis actual. (FIN/IPS/tra-en/sb/mk/aq/if/99


