IRAQ: Estados Unidos duda de eficacia de la oposición

La política de Estados Unidos en relación a Iraq sigue siendo poco clara, al dudar altos funcionarios del Ejecutivo de la capacidad de la oposición al régimen de Saddam Hussein para gobernar el país.

Aun si el presidente Bill Clinton señala que Washington pretende ahora el derrocamiento de Hussein, altos responsables militares de su país afirman que esa estrategia puede llegar a ser incluso peligrosa.

Según dijo el jueves último Anthony Zinni, comandante en jefe de las fuerzas militares estadounidenses basadas en la zona del Golfo, la oposición iraquí es ineficaz.

Zinni formuló esas declaraciones luego que a mediados de enero el Departamento de Estado designara a nueve grupos de exiliados iraquíes con los que desea "trabajar" con el fin de derrocar a Hussein.

Entre ellos figuran dos fuerzas kurdas rivales (y con frecuencia en guerra) y la coalición Congreso Nacional Iraquí.

"No veo un grupo de oposición que tenga la capacidad de derrocar a Saddam", afirmó el general en Washington ante el Comité del Senado encargado de Asuntos Militares.

Al preguntársele si los esfuerzos realizados por Estados Unidos en virtud de la Ley para la Liberación de Iraq (ILA, por sus siglas en inglés) eran viables, Zinni describió la tarea como "muy difícil y, si no se hace adecuadamente, muy peligrosa".

La ley, aprobada en octubre, destina 97 millones de dólares a apoyar a los grupos de oposición iraquíes.

"He visto cambios de regímenes cuyos resultados no fueron los que nos hubieran gustado. Lo último que necesitamos es otro estado fragmentado o desintegrado, porque las consecuencias en la región serían mucho peores que un Saddam contenido", dijo Zinni.

"Zinni no estaría diciendo estas cosas si el Pentágono no lo apoyara, y si habla por el Pentágono entonces no estamos yendo a ninguna parte", dijo un congresista que respalda la ILA. "Clinton no hará nada que el Pentágono considere peligroso", agregó.

En el Departamento de Estado, que coordina las acciones a realizar en el marco de la ILA, funcionarios expresaron cierta sorpresa ante la franqueza de Zinni, pero afirmaron que su declaración no está reñida con la política de Estados Unidos.

"Podría ser peligroso sobreestimar la capacidad de algunos de los grupos de oposición de efectuar un cambio a corto plazo", dijo el portavoz James Foley, que insistió, sin embargo, en que Washington se comprometió a apoyar a los adversarios internos de Hussein tras la aprobación de la ILA.

Desde que Estados Unidos y Gran Bretaña bombardearon Iraq durante cuatro días en el curso de la Operación "Zorro del Desierto" a mediados de diciembre, la administración Clinton ha tenido muchas dificultades para explicar su estrategia.

La operación, la mayor contra Iraq desde la Guerra del Golfo de 1991, apuntó a destryir supuestos depósitos de armas químicas y a unidades militares como la Organización Especial de Seguridad y la Guardia Republicana.

Los ataques estaban diseñados para debilitar el poder de Saddam Hussein en virtud de una nueva política, expresada por primera vez por Clinton en noviembre, que pretendía ir más allá de la simple contención y trabajar para el eventual derrocamiento del presidente iraquí.

Sin embargo, tanto la ILA como la Operación Zorro del Desierto suscitaron fuertes críticas entre miembros clave del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), especialmente Rusia, Francia y China.

Para mantener el apoyo de estos países a su política hacia Bagdad, Washington se vio forzado a suavizar las sanciones económicas contra Iraq.

Ello le valió ser atacado por "blando" por los congresistas estadounidenses que apoyan la ILA.

"Un día bombardeamos y al otro proponemos medidas económicas de ayuda a Iraq. ¿Es esto coherente?", se preguntó el presidente del Comité encargado de Asuntos Militares John Warner.

Recientes desafíos de Bagdad a las patrullas británico- estadounidenses que sobrevuelan las llamadas zonas "de exclusión aérea" en el norte y sur de Iraq aumentaron la impaciencia de los "halcones", los sectores más duros respecto al gobierno de Hussein.

Senadores de esta tendencia pidieron el jueves último que Estados Unidos ataque los campos de aviación iraquíes y a otros blancos fuera de las zonas de exclusión, como respuesta a las incursiones de Bagdad en dichas áreas y a sus intentos de derribar los aviones de guerra británicos y estadounidenses.

Atrapada en un fuego cruzado, la administración de Clinton tuvo serias dificultades para convencer a todos de que su política es coherente.

Zinni insistió en que existe una "estrategia de gran alcance" que consiste, a corto y mediano plazo, en mantener las sanciones de la ONU y el accionar militar de Estados Unidos y, a largo plazo, en "desarrollar un programa que tienda a que Iraq tenga la clase de gobierno que su pueblo merece".

"No me cabe la menor duda de que Saddam es peligroso y debe irse, pero existe la posibilidad de crar una situación que podría ser peor", insistió Zinni, manifestándose partidario de que Hussein sea remplazado por un gobierno "representativo" que mantenga la integridad territorial de Iraq.

"No podemos decir cuán profundo es el sentimiento democrático en Iraq, excepto en las clases educadas", comentó por otra parte Ellen Laipson, vicepresidenta del Consejo Nacional de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

"Muchos iraquíes desean un líder autoritario que reconstruya al país rápidamente", afirmó Laipson, agregando que el Iraq post- Saddam Hussein "no será democrático". (FIN/IPS/tra-en/jl/kb-dg/ip/99

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