El reinicio de la lucha armada en Congo-Brazzaville empeoró la situación humanitaria del país, advirtió Martin Griffiths, coordinador de la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados.
Los partidarios del ex presidente Pascal Lissouba, expulsado en 1997 por su antecesor militar y actual presidente Denis Sassou- Nguesso, libran batalla en la capital con las milicias gubernamentales desde diciembre de 1998.
Las milicias "Ninja"-fieles al ex primer ministro Bernard Kolelas- se sumaron en las últimas semanas a la lucha contra los seguidores de Sassou-Nguesso.
"Dos de los principales barrios de la capital están vacíos y fueron completamente saqueados", anunció Griffiths. Para colmo de males, agregó, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cuenta con muy poco personal en ese país.
El personal de ayuda humanitaria seguirá siendo insuficiente porque todo hace suponer que la batalla de Congo se agravará, indicó.
Francia, que apoya a Sassou-Nguesso y que aún tiene 300 ciudadanos en Brazzaville, se prepara para evacuarlos de urgencia en caso de necesidad.
Los países vecinos también fueron afectados por la agudización de la crisis de la República de Congo. La semana pasada, algunas bombas no alcanzaron sus objetivos en Brazzaville y explotaron en la capital de la vecina República Democrática de Congo (RDC).
Kolelas, que reside en Estados Unidos, confesó que sus "Ninjas" reanudaron la lucha contra las fuerzas de Sassou- Nguesso y defendió sus acciones con el argumento de que la ley congoleña insta a la "desobediencia civil cuando la constitución no es respetada".
Las fuerzas de Sassou-Nguesso tienen el apoyo de Angola, que envió tropas a Brazzaville hace dos años.
Los tres países del área -Congo, RDC y Angola- son escenario de guerras de facciones. En Angola hay una verdadera guerra y en la RDC se producen enfrentamientos armados en las provincias orientales.
En la RDC hay cerca de medio millón de desplazados internos a causa de las luchas armadas. En Angola se perfila una situación aún peor, que podría "constituir un nuevo desastre, algo que no ocurría desde 1992-1993", advirtió Griffiths.
El gobierno de Angola y la rebelde Unión Nacional para la Independencia Total de Angola mantuvieron una tregua hasta hace poco tiempo, que había conducido a una merma de los enfrentamientos armados. Entre 1992 y 1993 esos combates produjeron la muerte de al menos 300.000 personas.
El Consejo de Seguridad de la ONU debe decidir este mes si retirará o no a los cerca de 1.000 efectivos de mantenimiento de paz que tiene en Angola, cuyo papel es menos efectivo desde que se reanudó la lucha armada.
El secretario general de la ONU, Kofi Annan, recomendó retirar la misión, mientras el gobierno de Angola manifestó su deseo de que todas las misiones de Naciones Unidas abandonen el país. (FIN/IPS/tra-en/fah/mk/ceb-dg/ip//99


