Unas 170.000 minas antipersonales amenazan a la población civil de América Central cuatro años después del fin del último conflicto bélico en la región, según estadísticas de la Cruz Roja y otros organismos internacionales.
"Sólo en nuestra frontera con Nicaragua se calcula que hay diseminadas unas 5.000 minas", dijo a IPS el coronel José Fabio Pizarro, Jefe del Programa de Desminado del Ministerio de Seguridad de Costa Rica.
El 8 de junio de 1998, dos de esas minas convirtieron a Elizabeth Sandoval y a su esposo Francisco Ramírez en un par de minusválidos, y a su hijo de 11 años, Johnny, en un pequeño héroe.
Ramírez, cuya familia, de muy escasos recursos, está asentada en la zona norte, cruzó un río cercano a su casa para recoger un racimo de plátanos. De pronto, lo que describió como un enorme golpe lo levantó por los aires. "Al caer, sentí que mis piernas no me respondían y sólo pensé en pedir auxilio", narró entonces.
El estallido fue escuchado por su esposa, quien pisó una segunda mina al tratar de auxiliarlo. Cuando ambos parecían condenados a morir en un lugar desolado, fueron rescatados por Johnny, quien logró arrastrarlos unos 200 metros, los metió en un bote, pidió ayuda y los llevó al hospital.
Cuando terminó la guerra civil en Nicaragua, a comienzos de esta década, también se calculó que había unas 5.000 minas en territorio costarricense, o sea que el problema no ha disminuido en absoluto.
"Es que hasta ahora el trabajo ha sido intermitente, porque el país no cuenta con un helicóptero con capacidad para hacer evacuaciones aeromédicas, y no hemos podido ejecutar el programa como Dios manda", agregó Pizarro.
El trabajo permanente, aseguró, empezará en los próximos dos meses, porque un organismo internacional donará el helicóptero que se necesita. "Creemos que una vez solucionado este problema, el desminado de la zona podría tomarnos un año y medio", señaló.
Guatemala tiene previsto comenzar este año sus operaciones de desminado, y El Salvador (donde se calculó que había unas 200.000 minas) asegura haber terminado la tarea gracias al trabajo conjunto del ejército y los ex guerrilleros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.
Honduras, dijo Pizarro, ha eliminado más de 2.000 minas y Nicaragua aproximadamente 7.000, pero se calcula que en ese país quedan aún unas 100.000.
El huracán Mitch, que a finales de octubre y principios de noviembre devastó la región, hizo inútil el trabajo previo de localización en Nicaragua, pues el agua arrastró las minas y éstas quedaron enterradas en nuevos sitios, aún no ubicados.
El programa de desminado en Costa Rica es financiado por la Organización de Estados Americanos, y trabajan en él 50 personas. Actualmente el equipo se encuentra en reentrenamiento y desarrolla campañas para enseñar a los niños de la zona norte del país a identificar una mina y a no tomar ningún objeto extraño.
"Los niños, por su curiosidad, son las principales víctimas de las minas antipersonales", indicó Pizarro.
"Hay minas en forma de mariposa, que parecen un juguete. Un niño se acerca, la coge, y explota. El objetivo de una mina no es matar, sino mutilar: es un mensaje que dice 'mira lo que te pasará si no te rindes"', explicó Jean Marc Bornet, delegado regional del Comité Internacional de la Cruz Roja.
Las operaciones de desminado son sólo una parte del programa contra las minas antipersonales, que incluye, entre otras labores, la atención de las víctimas y el suministro de prótesis a los mutilados.
El Tratado para la Prohibición de las Minas Antipersonales, firmado en Otawa en 1997, fue ratificado hasta ahora por 130 países, con la excepción de aquellos donde hay conflictos en curso o que tienen grandes intereses en la producción de material bélico, como Estados Unidos.
"Algunos no lo han ratificado porque la producción de minas es un excelente negocio, y los países que las hacen reciben centenares de millones de dólares en ganancias. Pero tenemos la impresión de que la fabricación de minas está cobrando tan mala fama como el uso de gases venenosos", dijo Bornet.
Existe una creciente condena moral a la producción de minas antipersonales, que hace ver a los países que la realizan como si estuvieran al margen de la ley, agregó.
El delegado de la Cruz Roja señaló que el problema de las víctimas de minas no se soluciona con una prótesis, ya que se plantea un problema social. La familia sufre y necesita asistencia, y el problema es aún mayor si quien la sostenía económicamente se vuelve un minusválido, subrayó.
Cuando la víctima es, por ejemplo, un niño de ocho años, entre el momento de su accidente y los 40 años de edad habrá que cambiar la prótesis cerca de 30 veces, y en cada ocasión el costo será aproximadamente 1.000 dólares, añadió.
"Las minas son la única arma cuya explosión es provocada por la víctima, comprarla cuesta tres dólares y eliminarla puede costar 1.000", concluyó Bornet.
Según estadísticas de la Organización de Naciones Unidas, en el mundo hay unas 250.000 personas que sufrieron amputaciones por haber sido víctimas de minas personales. Se calcula además que hay unos 110 millones de minas sembradas, cuya eliminación podría llevar más de mil años. (FIN/IPS/mso/mp/ip/99


