Los dirigentes de 113.000 cafetaleros peruanos temen que la depreciación de la moneda brasileña agrave la caída de los precios del café y provoque el colapso a la producción nacional del grano.
La producción peruana de café está peligrosamente cerca del nivel mínimo de rentabilidad y los dirigentes del sector creen que no podrá resistir una nueva caída de precios internacionales.
La moneda brasileña cayó más de 40 por ciento desde el día 14, un factor que, sumado a la necesidad de dólares de Brasil, empujó a la baja los precios del café.
"El café está sufriendo una desmesurada caída en la bolsa de Nueva York, porque existe la sensación de que Brasil ampliará su oferta, para obtener las divisas que necesita con urgencia", comentó José Rivera, gerente de una empresa exportadora de café peruano
"Del 1 al 20 de enero, el precio del café en los mercados internacionales disninuyó de 120 a 107 dólares cada 100 libras", y se teme que la incesante depreciación de la moneda brasileña "acentúe aún mas la caída y aproxime el precio al nivel crítico de los 100 dólares", dijo Rivera.
"Para nosotros, lo peligroso de la crisis brasileña es que ha generado una necesidad de divisas en dicho país, que puede inducirlo a adoptar una agresiva comercialización de sus principales productos de exportación", expresó.
"Antes de la crisis brasileña, el panorama del sector era optimista, pues se esperaba que la producción de café de Brasil disminuyera de 36 a 23 millones de quintales, una reducción que mejoraría los precios internacionales", comentó Rivera.
Similar preocupación por el impacto negativo de la crisis brasileña en los precios internacionales manifestó Lorenzo Castillo, coordinador ejecutivo de la Junta Nacional del Café (JNC).
La producción peruana de café "tiene estratégica importancia social", a pesar de "su relativamente reducido volumen", advirtió Castillo.
"En 1998, Perú tuvo una cosecha record, de casi 2,6 millones de toneladas, cantidad que sólo representa 1,7 por ciento de la producción mundial", admitió el representante de la JNC.
"Los 300 millones de dólares que aportó el año pasado el café podrían considerarse no decisivos para la economía nacional, pero sin duda lo fueron para un importante sector social", afirmó.
Esos ingresos también contribuyen a la erradicación del narcotráfico y la preservación del ambiente, "dos objetivos políticos fundamentales del Estado", dijo Castillo.
"El café se siembra en la llamada 'ceja de selva', es decir, en las estribaciones andinas sobre la Amazonia, y allí su cultivo es una alternativa a las plantaciones ilegales de coca", explicó.
"Por otro lado, su siembra permite preservar las laderas y reduce la erosión de los suelos, que es muy rápida en dicha zona de lluvias copiosas y frágiles suelos", añadió.
El cultivo de café, que cubre 217.833 hectáreas en las zonas más pobres del país, es el medio de subsistencia de 113.000 familias.
La productividad de los cafetaleros peruanos es baja, con un rendimiento promedio de 547 kilos por hectárea, mientras que en Costa Rica, la productividad es de 700 kilos y en Colombia, de 950 kilos por hectárea.
"Ese bajo rendimiento se debe principalmente a que 80 por ciento de los productores no utilizan semillas óptimas", observó Castillo.
Añadió que "la Junta Nacional del Café promueve mayor apoyo técnico y crediticio para sus asociados, pero que la escasa respuesta oficial a estas demandas revela, probablemente, que se considera que los agricultores deben extraer el respaldo que necesitan del propio mercado".
"Es muy fácil decirle a los productores que bajen sus costos y sean mas competitivos internacionalmente, pero eso no se conseguirá sin créditos oportunos y suficientes para mejorar la tecnología", advirtió Castillo.
"En ese marco, la caída de precios que provoca la crisis brasileña es muy grave para nosotros. Esperamos que el nuevo ministro de Agricultura, Belisario de la Casas, impulse el proyecto del Fondo de Financiación del Agro, para conjurar la escasez de préstamos al sector", finalizó. (FIN/IPS/al/ff/if/99