ISRAEL-PALESTINA: Escepticismo ante el nuevo acuerdo

Los rezos del viernes ya habían terminado y el mercado árabe estaba lleno de comerciantes palestinos cuando llegó la noticia de que Israel y Palestina finalmente alcanzaron hoy un acuerdo en Washington.

"Son sólo palabras huecas", dijo Amar Tawhi, un joven tintorero palestino sentado en los escalones de la Puerta de Damasco, en la Ciudad Vieja. "Aquí no hay paz entre nosotros y los judíos", agregó.

Del otro lado de Jerusalén, israelíes hacían compras de último momento mientras un judío ultraortodoxo hacía sonar un cuerno para avisar a los compradores que el mercado Mehane Yehuda cerraría al anochecer para el Sabbath.

"Todavía habrá muchos líos con este tratado", opinó Haim Rucham, un vendedor de frutas que se opone al acuerdo. "Habrá atentados y otros problemas. No habrá paz", pronosticó.

Básicamente, el acuerdo exige a Israel el repliegue de un 13 por ciento adicional de territorio de Cisjordania a cambio de medidas específicas de seguridad por parte de las autoridades palestinas.

Pero 19 meses de estancamiento y recriminaciones mutuas dejaron a muchos israelíes y palestinos escépticos sobre el cumplimiento de cualquier acuerdo firmado por sus líderes.

"Nadie piensa que esto conducirá a una nueva atmósfera en Medio Oriente", afirmó Reuven Hazan, analista político de la Universidad Hebrea de Jerusalén. "Las partes simplemente desconfían una de la otra".

Sin embargo, las encuestas demuestran que la mayoría de los israelíes y palestinos aprueban el acuerdo de paz firmado este viernes en Washington tras una cumbre de nueve días entre los mandatarios palestino e israelí, Yasser Arafat y Binyamin Netanyahu, con la mediación del presidente estadounidense Bill Clinton.

El acuerdo incluye el retiro de soldados israelíes de 13,1 por ciento del territorio de Cisjordania, la entrega de 14 por ciento de tierras administradas conjuntamente al control palestino, y varios puntos más sobre prisioneros políticos y la seguridad de tránsito entre Cisjordania y Gaza.

A la vez, la ANP pondrá en práctica medidas específicas de seguridad, como la confiscación de armas ilegales, la reducción de la fuerza policial palestina y el encarcelamiento de guerrilleros requeridos, con el control de la estadounidense CIA (Agencia Central de Inteligencia).

"Tendremos que esperar para ver si esto funcionará o no, si no nos conduce a un círculo vicioso de recriminaciones", comentó Hazan.

"Si Israel dice: 'los palestinos no hicieron algo, entonces no nos vamos a retirar', entonces la perspectiva es mala. Por otra parte, entraron en detalles, trajeron a la CIA para los asuntos de seguridad y quizá así funcione", dijo.

Pero Arafat y Netanyahu tendrán que enfrentarse con los elementos de línea dura de sus respectivos bandos, que ya empezaron a criticar el acuerdo alcanzado este viernes.

En Gaza, el líder espiritual del grupo radical islámico Hamas, jeque Ahmed Yassin, advirtió que la intervención de la CIA en cuestiones de seguridad "no podrá borrar a Hamas".

Aharon Domb, líder de una organización de colonos judíos, calificó el avance de "acuerdo de rendición" y advirtió que habrá "consecuencias más graves".

Entre Arafat y Netanyahu, el primer ministro israelí es el que enfrenta la mayor amenaza a su supervivencia política. El Partido Religioso Nacional, importante socio de la coalición de gobierno y defensor de los asentamientos judíos, anunció este viernes que no aprobará por el acuerdo.

Netanyahu "tiene que venderle lo que haya firmado a la derecha. Aun así, hay una posibilidad bastante realista de que tenga que someterse a elecciones anticipadas", opinó Leslie Susser, corresponsal del Jerusalem Report, principal revista política de Israel.

La mayoría de los analistas estiman que el gabinete israelí votará por el acuerdo. Incluso sin el respaldo del Partido Nacional Religioso, Netanyahu puede depender del opositor Partido Laborista para conseguir la red de seguridad que necesita para asegurar la aprobación del parlamento.

Pero si se aprueba el acuerdo, este paso será sólo uno más en el largo proceso, cuyo resultado no es para nada seguro.

El acuerdo no incluye una cuestión que seguramente se convertirá en un obstáculo en el futuro: la exigencia palestina y estadounidense de que Israel suspenda la construcción de nuevos asentamientos judíos en Cisjordania y Jerusalén oriental.

Ahora ambas partes deberán avanzar sobre puntos más conflictivos que se aplazaron hasta la negociación del tratado de paz definitivo, como el estatuto de Jerusalén, los refugiados, los asentamientos judíos, las fronteras y la fundación del estado palestino.

Quizá el acuerdo de este viernes logre aplacar las amenazas palestinas de declarar la independencia en mayo, cuando venza el plazo de los acuerdos preliminares, lo que probablemente provocaría violencia.

Mientras, israelíes y palestinos esperan que el tratado los saque del pantano en que se encuentran desde hace 19 meses y que aguó las expectativas creadas por los acuerdos firmados hace cinco años en Washington. (FIN/IPS/tra-en/dho/rj/ml-aq/ip/98

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