El FMI finalizó hoy su visita a Argentina con la misma preocupación que al llegar: el déficit externo es creciente, el endeudamiento es alto, la economía es vulberable ante un eventual ataque especulativo y el gobierno rechaza las medidas propuestas por el organismo multilateral.
La delegación del FMI (Fondo Monetario Internacional) emplazó al gobierno de Carlos Menem a contener el desequilibrio del sector externo antes de junio.
La alternativa sería el ajuste recomendado para desacelerar el crecimiento: aumento del costo del crédito y de los impuestos, regular el ingreso de capitales y recortar el gasto público.
El ministro de Economía, Roque Fernández, al igual que cuando la misión llegó el primer día a Buenos Aires, minimizó este lunes las posibilidades de estallido en Argentina de una crisis como la que sufrió México en 1994 y el sudeste asiático en 1997.
Fernández aseguró que no habrá modificaciones de política económica.
El ministro sostuvo que Argentina no está emitiendo deuda pública de corto plazo, como hizo México antes de devaluar su moneda en diciembre de 1994, ni tiene un sistema financiero laxo dispuesto a favorecer con créditos a las empresas industriales o inmobiliarias asociadas a los mismos bancos, como ocurría en Asia sudoriental.
También aseguró que el gobierno presta atención a los desequilibrios. Uno de los síntomas preocupantes para las autoridades es el costo de la deuda pública argentina, que supera el de Brasil y el de México y parece indicar cierta resistencia de los inversores a apoyar a este país.
Los técnicos del FMI señalan que Argentina debe frenar su crecimiento económico, que llegó a ocho por ciento en 1997 y superaría seis por ciento este año. También reclaman aumentar las exportaciones y detener el crecimiento de las importaciones.
Daniel Tassan Din, director del departamento de investigaciones del Deutsche Morgan Grenfell, advirtió que tras la crisis asiática, el FMI teme volver a ser acusado de no haber atendido el déficit externo como señal de alerta.
Fernández reconoció que son ciertas las observaciones del FMI sobre la evolución negativa de la cuenta corriente de la balanza de pagos y el aumento de la deuda de Argentina.
Pero también aseguró que esas tendencias no responden a la demanda del Estado sino a un aumento del flujo de inversiones, y rechazó las recomendaciones para frenar el crecimiento.
"El FMI está inmerso en el panorama internacional y ve con gran preocupación cierta volatilidad de los mercados", explicó el ministro. Teme "que nuestro crecimiento responda a una burbuja especulativa que en un momento explote, pero no es ese el caso argentino", agregó.
La delegación del fondo, encabezada Teresa Ter Minassin y Tomas Reichmann, llegó a Argentina hace una semana para evaluar la marcha de la economía y puso especial énfasis en observar la evolución del comercio exterior, que este año presentará un desequilibrio de 8.000 millones de dólares, 60 por ciento superior a lo pactado.
El desequilibrio total de la cuenta corriente será este año casi cinco por ciento del producto interno bruto, según la proyección realizada. Sumará 17.000 millones de dólares, frente a una previsión inicial de 13.000 millones.
Economistas y asesores financieros coinciden en que si bien el déficit externo de Argentina parece de administración posible, muchos gerentes de fondos de inversiones sólo toman sus decisiones en base a unos pocos indicadores. Si uno de esos indicadores es el dficit externo, la economía argentina ya estaría expuesta al veto.
Ter Minassin y Reichmann señalaron además que el endeudamiento privado es muy alto y que faltan regulaciones al ingreso de capitales volátiles. En su opinión, se ha configurado un escenario de "precrisis" semejante a las vísperas de la ola devaluatoria en el sudeste de Asia.
Los técnicos del fondo observaron también que algunos bancos de inversión extranjeros de primera línea recomiendan a sus clientes no correr riesgos comprando acciones argentinas. Temen lo que Ter Minassián definió como "un cóctel explosivo" entre el déficit externo, el endeudamiento alto y el clima preelectoral.
En este último capítulo, la mayor preocupación política se concentra en el proyecto de reelección de Menem. Partidarios de Menem intentan hallar resquicios jurídicos para sortear la prohibición impuesta por la Constitución a la segunda reelección consecutiva del presidente.
A jucio del FMI, esa campaña política retrasa reformas pendientes.
Los funcionarios consideran que es cada vez más imperiosa la necesidad reformar el sistema tributario, para permitir al Estado el aumento de la recaudación.
También solicitan una reforma laboral para reducir los costos de las empresas y abatir el desempleo, que afecta a casi 14 por ciento de la población económicamente activa.
Si bien hace apenas tres meses los inversores internacionales concentraban su temor en Brasil, la misión del FMI destacó que el ajuste fiscal puesto en marcha por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso a fines de 1997 está dando frutos y ahora las expectativas son más favorables para Brasil y México que para Argentina.
Ter Minassin y Reichman manifestaron ante funcionarios y dirigentes de la oposición su confianza en la conducción económica de Cardoso y en el respaldo que iene su política.
También destacaron que el presidente brasileño no dudó en aplicar el ajuste, pese a que este año se celebrarán elecciones en Brasil y el propio Cardoso buscará su reelección. (FIN/IPS/mv/ff/if/98