El presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, comenzará este viernes en Tailandia una gira de una semana por los países del sudeste de Asia afectados por la crisis económica, a los que ofrecerá el respaldo de su institución.
Wolfensohn "hará hincapié en la voluntad del Banco de ofrecer más apoyo para impulsar la economía, aliviar los efectos sociales de la crisis y encarar las principales reformas estructurales que deben llevarse a cabo" en la región, dijo Jean Michel Severino, vicepresidente del Banco para Asia oriental y el Pacífico.
El presidente del Banco permanecerá en Tailandia hasta el 1 de febrero y luego estará en Singapur del 1 al 2, en Malasia del 2 al 3, en Indonesia del 4 al 5, en Filipinas del 5 al 6 y, finalmente, en Corea del Sur del 7 al 8 antes de volver a Washington.
Una cuestión central relacionada con su visita es si el Banco está dispuesto a incrementar los 16.000 millones de dólares que hasta el momento prometió para los paquetes de rescate que el Fondo Monetario Internacional otorgará a Tailandia, Indonesia y Corea del Sur.
"Si hay programas que necesiten apoyo adicional en el futuro y si somos capaces de ofrecer ese apoyo, entonces lo haremos", declaró Severino en una conferencia de prensa otorgada el martes, en la víspera de la partida de Wolfensohn.
Para fines de junio, menos de un año desde que se decidió el primer paquete de rescate financiero, el Banco habrá desembolsado unos 7.000 millones de dólares de los 16.000 millones que prometió en préstamos de emergencia a Tailandia, Indonesia y Corea del Sur.
Por otra parte, la agencia prestó unos 5.400 millones de dólares a las nueve economías más importantes de la región en 1996.
Severino señaló que, al parecer, los países con dificultades no necesitan más financiación de emergencia que la prometida por el Banco y otros organismos y dijo que "los problemas más difíciles refieren a la esencia y el aporte del Banco será más del tipo asesor e intelectual".
"Ahora estamos descubriendo e intentando resolver las consecuencias a largo plazo de la crisis", añadió.
El principal objetivo de Wolfensohn consiste en recabar información sobre estas consecuencias de parte de los gobiernos, sindicatos, organizaciones no gubernamentales y empresas asiáticas.
El desempleo está en aumento en toda Asia oriental. Unos 800.000 trabajadores tailandeses y 2,4 millones de indonesios perdieron su empleo desde que se desató la tormenta económica y, en Corea del Sur, la falta de trabajo "podría convertirse, por primera vez, en un problema social importante", declaró el Banco.
En las últimas semanas, funcionarios del Banco expresaron su preocupación porque la crisis actual puso en peligro las conquistas logradas con ardua labor, entre ellas, algunas de las tasas de crecimiento económico y reducción de la pobreza más rápidas del mundo.
Incluso antes de que aparecieran los problemas a mediados del año pasado, el Banco advirtió que la creciente desigualdad estaba minando la relativa estabilidad de la región y que unos 350 millones de habitantes vivían por debajo de la línea de pobreza absoluta, con un ingreso diario inferior a un dólar.
Decenas de millones más viven apenas por encima del límite de subsistencia y, más vulnerables que nunca, podrían ser arrastrados por debajo de ese límite, advirtió Masood Ahmed, vicepresidente encargado de la Red para la Reducción de la Pobreza y Administración Económica del Banco.
"En el caso del este de Asia, debemos reconocer que, aunque existen notables antecedentes en la reducción de la pobreza, la situación en muchos países sigue siendo frágil", sostuvo Ahmed.
A medida que las monedas nacionales y los mercados de la región recuperen la estabilidad, la prioridad del Banco será "proteger el gasto público destinado a los pobres", añadió Ahmed, sobre todo los programas de salud pública y nutrición.
Los gobiernos se verán obligados a limitar el gasto, pero es importante que lo hagan de manera de proteger a los pobres, argumentó.
Cuando se le preguntó a Severino qué parte de los préstamos de emergencia del Banco se destinará a contener y aliviar el daño social provocado por la crisis, el funcionario respondió que el dinero "no se aplica a un objetivo específico" salvo el de ayudar a los gobiernos a pagar sus deudas pendientes.
El Banco está negociando con las autoridades de Tailandia e Indonesia la expansión de los programas de infraestructura rural financiados por el organismo y nuevas inversiones en la rehabilitación de barrios pobres.
Severino destacó que estas iniciativas deben contar con mucha mano de obra con el fin de reducir el desempleo.
Gran parte del esfuerzo del Banco se dirigirá a "ayudar a los países a construir redes de seguridad social modernas y duraderas", añadió Ahmed. Pocos países de Asia tienen planes de seguro de desempleo y jubilación.
Los gobiernos deben actuar con rapidez para ofrecer programas que brinden empleo o capacitación a personas sin trabajo que subsisten gracias al sistema de bienestar social, exhortó Ahmed.
Organizaciones laborales de Estados Unidos criticaron este enfoque porque ofrece, en la mayoría de los casos, puestos de trabajo temporales y con bajo salario.
En muchos casos, los participantes de este tipo de programas ganan menos que cuando recibían el seguro de desempleo y sólo se les capacita para los trabajos de menor categoría, aseguran sus detractores. (FIN/IPS/tra-en/aa/mk/aq-ml/dv/98


