El acceso a la enseñanza secundaria es casi imposible en Malawi porque no existen suficientes centros de estudio. Pero para quienes lo logran, casi no hay posibilidades de continuar su educación en este país de Africa austral.
Sólo existe una universidad, mientras numerosos "falsos colegios privados ofrecen cursos no reconocidos" a la población de nueve millones de habitantes, sostuvo un ex estudiante que terminó la enseñanza secundaria hace unos años y busca un benefactor que financie su educación en el exterior.
La gente en la calle, los restaurantes y los autobuses responsabiliza directamente al gobierno por la seria escasez de instituciones de educación superior.
Unos 12.000 alumnos se presentan a los exámenes de Nivel Ordinario en el cuarto año de la secundaria, de los cuales unos 8.400 los aprueban. Pero la universidad sólo acepta a unos 900, explicó Stanley Chamdimba, director de planeamiento del Ministerio de Educación.
La matrícula disminuye año tras año debido a la falta de fondos. Parte del problema se remonta a lo que Chamdimba llamó la "época de los misioneros".
"Nunca se preocuparon por construir escuelas secundarias", declaró Chamdimba a IPS. "Aun cuando el primer gobierno poscolonial tomó el poder, se concentró en la enseñanza primaria y secundaria y no en las instituciones de educación superior".
Pero la mayor dificultad es el dinero. El producto interno bruto por habitante de Malawi es de unos 170 dólares anuales, lo que lo convierte en uno de los países más pobres del mundo.
Aunque el ministerio de educación es la cartera que recibe el mayor porcentaje (27 por ciento) del presupuesto anual del gobierno, la cifra no satisface las necesidades del sector.
Chamdimba aseguró que enviar a un niño a la enseñanza primaria le cuesta al gobierno unos 10 dólares por año, mientras la cantidad en la enseñanza secundaria asciende a unos 70 dólares en el mismo lapso. Así mismo, la universidad implica unos 2.250 dólares anuales por estudiante.
"Dado el énfasis puesto sobre la educación básica, las consecuencias serían enormes si el gobierno aumenta la matrícula tan solo uno por ciento", manifestó Chamdimba.
El problema se agrava debido a la mala calidad de la enseñanza que caracteriza a los institutos desde primaria hasta la universidad.
"La calidad de la enseñanza disminuye de tal manera que, aun si aumenta el número de alumnos, la medida no resolvería el problema de largo plazo", dijo Shyley Kondowe, director ejecutivo del Instituto de Asuntos Democráticos y Económicos de Malawi (MIDEA).
"El compromiso del gobierno con la educación superior disminuyó drásticamente. El presupuesto para la enseñanza universitaria se redujo enormemente".
"Tanto profesores como estudiantes expresan su frustración por la situación", declaró Kondowe a IPS.
Aunque la situación estadística no era muy distinta durante el gobierno del fallecido dictador Kamuzu Banda, quien gobernara entre 1964 y 1994, Kondowe sostuvo que entonces al menos existía disciplina en las instituciones de enseñanza.
"El proceso de enseñanza era disciplinado. El currículo se cumplía. La gente sabía lo que iba a pasar en el próximo período", afirmó Kondowe.
"Pero ahora disminuyó la confianza del público en las instituciones. La administración de las facultades es caótica. Los estudiantes están desmoralizados y la mayoría de los profesores se están incorporando al sector privado", añadió.
Mientras los profesores que se pasan al sector privado ganan más que cuando eran empleados del Estado, los estudiantes que optan por las instituciones privadas no tienen muchas razones para festejar.
"La mayoría de los colegios privados sólo quieren el dinero de la gente y sus certificados no cuentan con el reconocimiento oficial", declaró la periodista Vitima Ndovi.
"Es un problema serio porque la situación está limitando las posibilidades de la gente de conseguir educación. En lugar de invertir en la enseñanza superior, el gobierno concentra sus esfuerzos en los niveles básicos. Ambos se deben equilibrar".
Pero incluso el acceso a la enseñanza secundaria no es fácil.
Cerca de 30.000 estudiantes toman por año el examen de ingreso a la enseñanza secundaria pero sólo unos 8.000 encuentran lugar en los colegios del Estado. La cifra aumenta a casi 10.000 cuando se incluyen las instituciones privadas, según Kondowe.
Aumentar el número de plazas disponibles para los estudiantes sólo resolvería una parte del problema. La otra sería hallar empleo para los egresados adicionales en un mercado de trabajo que está prácticamente paralizado. (FIN/IPS/tra-en/lm/aq-lp/ed/98


