El gobierno de Estados Unidos realiza una ofensiva diplomática y política en preparación de un ataque militar contra Iraq para el caso de que continúen los obstáculos a la labor del equipo de inspectores de armas de la ONU.
Funcionarios de Washington expresaron su confianza en que Bagdad permita libre acceso a todos los sitios a la Comisión Especial de las Naciones Unidas (UNSCOM), encargada de supervisar la destrucción de sus armas no convencionales, y en que la misión diplomática de Moscú en Bagdad rinda frutos.
Pero en Washington no se habla de otra cosa que de acción militar, tan pronto como el domingo o el lunes, y lo único que está en discusión es si el ataque se limitará a destruir supuestos depósitos de armas biológicas o tendrá objetivos más ambiciosos, incluido el derrocamiento de Saddam Hussein.
"Parece que la vía diplomática se agota", declaró este miércoles la secretaria de Estado Madeleine Albright, un día después del informe anual de Clinton al Congreso sobre El Estado de la Unión, en que advirtió al presidente iraquí que no puede "desafiar la voluntad del mundo".
Albright enviará al embajador estadounidense ante la ONU, Bill Richardson, a las capitales de los países miembros no permanentes del Consejo de Seguridad para informarles sobre la posición de Washington, a partir de este fin de semana.
Así mismo, Albright planea viajar a Medio Oriente para la próxima ronda de conversaciones con los líderes de Israel y la Autoridad Nacional Palestina, en la esperanza de que ambos acepten avanzar en el proceso de paz sobre la base de las ideas presentadas por Clinton la semana pasada.
Mientras esté en Medio Oriente, Albright visitará otras capitales árabes en busca de apoyo para la acción militar estadounidense contra Bagdad.
Además, la administración está considerando enviar al Golfo al secretario de Defensa William Cohen la próxima semana con el supuesto fin de persuadir a Arabia Saudita, y en especial de que permita el uso de sus bases para una incursión aérea contra Iraq, si ésta se lleva a cabo.
Esa visita coincidiría con el viaje a Washington la próxima semana del primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair.
De los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, Gran Bretaña y Estados Unidos son quienes, por lejos, tomaron la postura más severa contra Bagdad. Se espera que Londres participe de una eventual operación militar contra Iraq.
La actual crisis se remonta a noviembre, cuando Iraq trató de impedir que inspectores de armas estadounidenses integraran los equipos de inspección de armas de la ONU. Rusia evitó el enfrentamiento militar al persuadir a Bagdad de ceder en sus demandas a cambio de algunas concesiones del foro mundial.
Estas concesiones estaban referidas a las funciones y la integración de los tres paneles técnicos independientes que evaluarán el cumplimiento por parte de Bagdad de las resoluciones del foro mundial sobre la eliminación de armas de destrucción masiva de Iraq.
Hussein asegura que Iraq acató las resoluciones y, por tanto, tiene derecho a que se levanten las sanciones económicas en su contra, impuestas en primer lugar por el Consejo de Seguridad en 1990 al comienzo de la crisis que condujo a la guerra del Golfo.
Pero Washington, con el respaldo del presidente de la UNSCOM, Richard Butler, sostiene que Bagdad aún oculta armas biológicas y que todavía no es tiempo de cerrar la investigación de los misiles y armas químicas iraquíes.
Sin embargo, este mes Iraq se negó a permitir que un equipo de inspección de la UNSCOM realizara su labor de investigación. El grupo estaba dirigido por un estadounidense al cual Bagdad acusó de ser espía de Washington.
Entonces, Butler viajó a Bagdad donde exigió que sus inspectores tuvieran acceso sin condiciones a los sitios bajo sospecha.
Pero el viceprimer ministro iraquí Tariq Aziz se negó a ceder e insistió en que la investigación debía aplazarse hasta que los nuevos paneles técnicos, cuya traslado a Bagdad está previsto para el próximo domingo, entreguen sus conclusiones.
El fracaso de la misión de Butler intensificó la guerra verbal en Washington, donde los funcionarios discuten abiertamente sobre una serie de opciones militares.
La situación se complicó por la debilitada posición política de Clinton debido al escándalo actual, denominado "cremalleragate", a raíz de acusaciones de que el presidente mantuvo un amorío con una becaria de 21 años en la Casa Blanca y luego le pidió que lo negara, bajo juramento.
Varios analistas, incluso funcionarios iraquíes, temen que Clinton sienta la tentación de armar un ataque militar para distraer la atención del escándalo, de modo similar a lo que ocurre en una película de Hollywood, "Wag the Dog", que actualmente se exhibe en salas de cine de Estados Unidos.
Pero tanto los funcionarios de la administración de Clinton como la oposición republicana en el Congreso insisten públicamente que el presidente contará con su absoluto respaldo en un posible enfrentamiento con Hussein.
"Quiero decirle con claridad a Saddam Hussein que, a pesar de cualquier controversia actual, este Congreso respaldará plenamente al presidente en defensa de los intereses de Estados Unidos en el mundo", declaró el líder de la mayoría del Senado, Trent Lott, en la respuesta oficial del Partido Republicano al discurso de Clinton sobre el Estado de la Unión. (FIN/IPS/tra-en/jl/ml-aq/ip/98


