IRAQ: Certeza de destrucción de armas biológicas no es posible

El verdadero problema que enfrenta Richard Butler, director de la comisión de la ONU encargada de supervisar la destrucción de las armas no convencionales de Iraq, es que su tarea cubre los medios de fabricación y las armas en sí mismas.

Es casi imposible garantizar que Iraq está 100 por ciento "limpio" antes de dar por cumplidos los términos de la resolución 687 del Consejo de Seguridad de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), según expertos.

La construcción de una fábrica de bombas nucleares lleva años y millones de dólares, y una fábrica de gases neurotóxicos sería lo suficientemente grande para ser detectada por satélites.

Sin embargo, una fábrica de armas biológicas con la capacidad de devastar todo un país puede establecerse con menos de 10.000 dólares en la sala de estar de un científico.

La Comisión Especial de las Naciones Unidas (UNSCOM) podría pasar décadas inspeccionando infructuosamente las cervecerías y fábricas de productos lácteos de Iraq en busca de armas biológicas a base de ántrax, independientemente de las intenciones de Bagdad.

Dada la imposibilidad de lograr una certeza total, incluso algunos enemigos de Iraq consideran ahora que la determinación de Estados Unidos y Gran Bretaña de mantener la UNSCOM en Iraq en busca de lo imposible tiene la finalidad de encubrir otras operaciones de inteligencia.

Hasta el momento, UNSCOM logró casi 100 por ciento de certeza en la verificación de la eliminación de dos tipos de armas de destrucción masiva: nucleares y químicas.

Las fábricas de armas nuclares y químicas pueden ser detectadas e identificadas por satélite, los sistemas de entrega de armas también son difíciles de ocultar, y las normas de comercio y exportación controlan la materia prima y la tecnología especial necesarias.

Ambos sistemas de armas están cubiertos por el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares y la Convención de Armas Químicas, así como por sus respectivos organismos de control, la Agencia Internacional de Energía Atómica y la Oficina de Prevención de Armas Químicas.

Pero la certeza de casi 100 por ciento no existe en el área de las armas biológicas, ya que una instalación para el desarrollo de esas armas puede ocultarse fácilmente y el trabajo necesario puede realizarse en un laboratorio ordinario.

Además, no existen tratados contra las armas biológicas, dado que la Convención de Armas Biológicas y Tóxicas de 1972 carece de procedimiento de verificación.

El Grupo Ad Hoc de Expertos Gubernamentales establecido por la tercera conferencia de revisión de la Convención sugirió una lista de 21 medidas que incluyen inspecciones de laboratorios de aprendizaje, cervecerías y compañías farmacéuticas, así como visitas de intercambio.

Pero la misión del grupo linda con lo imposible. Los agentes biológicos son fáciles de esconder y las instalaciones de producción se establecen con facilidad dentro de empresas legítimas.

Además, los volúmenes que se manejan son pequeños. Un kilogramo de ántrax adecuadamente preparado y diseminado puede matar a miles de personas, y 50 kilogramos pueden dejar desierta una ciudad.

Aún si se revisara cada rincón de Iraq -con todo el costo, los recursos humanos y dificultades políticas que ello implicaría-, las bacterias se multiplican a tal velocidad que un biólogo competente podría volver a producir grandes cantidades de un agente mortal en pocos días.

Los inspectores podrían "limpiar" un laboratorio, pero éste podría tener nuevas armas bacteriológicas en el plazo de una semana.

Kathleen Bailey, ex subdirectora de la Agencia de Control de Armas y Desarme de Estados Unidos, se declaró "absolutamente convencida" de que es posible la construcción de un gran arsenal biológico con sólo 10.000 dólares y en una habitación de cuatro por cinco metros.

Después de todo, se pueden cultivar billones de bacterias con sólo un fermentador de cerveza, un medio de cultivo proteico, una máscara de gases y un atuendo de plástico. El equipo puede limpiarse, guardarse en cajas y ocultarse en menos de una hora.

Así mismo, casi todas las piezas (una centrífuga, pipetas, matraces) pueden utilizarse tanto para elaborar un arma como una vacuna, con propósitos legítimos o ilegítimos.

Los reactivos y las llamadas armas "precursoras" no pueden incluirse en la lista de materiales prohibidos, ya que algunos pueden aislarse de la tierra común.

Y, a diferencia de las armas químicas, las biológicas no precisan grandes volúmenes de precursores. Con una célula viva alcanza.

Algunos observadores argumentan que la imposibilidad de impedir que Iraq fabrique armas de destrucción masiva no constituye un motivo para detener las inspecciones.

Sin embargo, otros señalan que el carácter interminable de la tarea de UNSCOM llevó a Washington y Londres a una situación de constante confrontación sin esperanza de fin. (FIN/IPS/tra-en/jmp/mom/rj/ml/ip/98

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