Socialistas, partidarios del libre mercado y ambientalistas protestarán este jueves en el Capitolio de la capital de Estados Unidos, sede del Congreso, contra los paquetes de asistencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) a las quebradas economías de Asia.
"Estas decisiones se toman a puertas cerradas, sin siquiera la semblanza de un debate abierto y democrático, dentro o fuera del Congreso", afirmaron los convocantes en una declaración.
Entre quienes respaldan la protesta figuran el diputado estadounidense Bernie Sanders, único socialista en el Congreso, y centros de estudios derechistas como el American Enterprise Institute.
Los convocantes intentarán persuadir a los legisladores de que los paquetes de asistencia constituyen un mal uso del dinero de los contribuyentes, y que, en el caso de Indonesia, son ilegales.
Los grupos también procuran impedir que el gobierno de Bill Clinton desvíe otros 18 millones de dólares al FMI a través de una "ley de asignaciones suplementarias" cuya aprobación está prevista para febrero o marzo.
El comienzo de la discusión parlamentaria se prevé para el día 26. Mientras tanto, legisladores clave, entre ellos los presidentes de los comité de Finanzas del Senado y de la Cámara de Representantes, visitan Asia para estudiar el panorama.
La ubicación del debate en estas fechas impediría que el público le preste la atención que merece, según activistas y legisladores. "Esto es una subversión de la democracia", dijo a IPS Lisa McGowan, coordinadora de la red Cincuenta Años Son Suficientes.
"Tengo un pequeño problema con este paquete. ¡Es ilegal!", dijo Sanders ante el Comité de Finanzas de la Cámara de Representantes cuando el órgano consideró la crisis financiera asiática.
Sanders invocó la Enmienda Sanders-Frank, aprobada en 1994, que obliga al gobierno de Estados Unidos a usar su voz y su voto para garantizar en el FMI y otras instituciones multilaterales que se "aliente a los países acreedores a respetar los derechos de los trabajadores".
Las entidades crediticias internacionales deben "incluir esos derechos commo parte integral de sus políticas y sus diálogos con cada país", según la enmienda, que tiene rango constitucional.
Los derechos a los que hace referencia la norma son los establecidos por los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Entre ellos figuran la libertad de asociación, el derecho a la organización sindical y negociación colectiva y la protección del salario mínimo y la seguridad laboral.
"En inglés llano, esto significa que el gobierno de Estados Unidos no puede respaldar ningún préstamo del FMI o el Banco Mundial a Indonesia a menos que entre las condiciones figure el reconocimiento de los derechos laborales", dijo Sanders.
"Casi nadie discute que Indonesia es una sociedad autoritaria y que los trabajadores no disfrutan allí los derechos reconocidos en todo el mundo", agregó, para lo cual citó informes del Departamento de Estado (cancillerí) de Estados Unidos y de la OIT.
Sanders mencionó además la prolongada prisión del abogado constitucionalisa y sindicalista independiente Mukhtar Pakpahan.
"Es una atrocidad que los contribuyentes estadounidenses, muchos de los cuales están luchando duro para salir a flote, deban ayudar al gobierno corrupto y antidemocrático del general Alí Suharto, quien, según la revista Forbes, tiene una fortuna de 16.000 millones de dólares", afirmó el legislador.
Suharto debería "aportar unos pocos miles de millones de sus propios dólares" antes de que se le pida a los ciudadanos de Estados Unidos aportar para el paquete dirigido a Indonesia, dijo.
Los oradores en el acto de este jueves criticarán la insistencia del FMI en que los países asiáticos aumenten las tasas de interés y los impuestos y reduzcan el gasto público, lo cual, según los convocantes, equivale a tratar de apagar el incendio con gasolina.
Las recetas macroeconómicas del FMI conducirán a una deflación, o espiral descendente de ingresos, consumo y producción, un ciclo también conocido como depresión, advertirán.
Estas políticas generaron un conflicto entre el FMI y el Banco Mundial, cuyos funcionarios se reunirán en Washington esta semana para limar diferencias.
"Estas son crisis de confianza. No se debe empujar a esos países a una recesión grave. Debemos concentrarnos en los factores que generaron la crisis, no en los que harán más difícil combatirla", dijo el economista jefe del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, una fuerte crítica a la actitud del FMI.
Las medidas del FMI podrían ayudar a algunos bancos a limpiar sus balances y a los gobiernos a equilibrar sus presupuestos, pero "esto no solo provoca sufrimiento innecesario a la población, que es inocente de los excesos, sino que empuja en la dirección equivocada", alertó el experto William Greider.
Las condiciones del Fondo a los paquetes de asistencia "deprimirán aun más el sistema mundial y se sumarán al problema de la demanda inadecuada", explicó Greider.
"Nuestro imperativo económico debería ser la creación de mayor poder de compra a través de aumentos de salarios y estilización de los empleos", agregó. Industrias de carácter mundial como la automotriz están sobreproduciendo y afrontan un gran ajuste, sostuvo.
Los paquetes de asistencia revelan "la perdurable hipocresía de los libremercadistas", según los cuales "la gente debe someterse a los dictámenes de las fuerzas del mercado, pero el capital no", según Greider.
Banqueros e inversores rechazan los controles a sus actividades si logran ganancias, pero pretenden que se los rescate de sus propios errores si pierden dinero, argumentó.
De ese modo, las pérdidas privadas se "socializan", pues, con los paquetes multilaterles, las deudas de los banqueros se transfieren al gobierno y deben ser pagadas por los contribuyentes.
La derecha también manifiesta enojo hacia los inversores. "No es Corea del Sur la que se embolsa el dinero, sino las entidades financieras multinacionales que cobran los pagos", dijo Lawrence Lindsay, del American Enterprise Institute y ex gobernador de la Reserva Federal (banco central) de Estados Unidos.
"Es de presumir" que estas instituciones "prestan su dinero con la expectativa de lograr una ganancia", sostuvo Lindsay. "Su trabajo es asegurarse de que aquellos a quienes se les presta puedan pagar", agregó.
"Debieron haber insistido en esa tarea. No lo hicieron y perdieron", concluyó el experto. Como consecuencia, unos dos millones de indonesios quedaron sin empleo, y se prevé que haya un millón de despidos en Corea del Sur.
Las monedas nacionales de Asia oriental perdieron la mitad de sus valores en los últimos seis meses, y, con ellas, los bienes de las empresas y los ahorros de las familias. Los mercados de valores aún no se han estabilizado.
El Banco Mundial alertó sobre inquietud generalizada y deterioro de las condiciones sociales y sanitarias.
El gobierno de Clinton procura aportar 3.500 millones de dólares destinados a los paquetes de asistencia del FMI, así como 14.500 millones para cubrir la ampliación del capital de la entidad, 45 por ciento del cual corresponde a Estados Unidos.
La Casa Blanca pidió al Congreso los 3.500 millones de dólares en el presupuesto de asistencia externa, pero no fueron aprobados, como tampoco lo fueron 1.000 millones destinados a pagar las deudas del país a las Naciones Unidas.
Ambas partidas fueron rehenes de una disputa en torno a fondos de asistencia a la planificación familiar. (FIN/IPS/tra- en/aa/mj/if/97


