La crisis económica en Corea del Sur amenaza con tirar por la borda el espíritu caritativo de la población del país hacia la hambrienta Corea del Norte.
La obtención de dinero para Corea del Norte no era hasta mediados de 1997 problema de Corea del Sur, que aportó 260 millones de dólares a través del Programa Mundial de Alimentación (PMA) para la asistencia a 2,5 millones de norcoreanos entre abril de 1997 y marzo de 1998.
Pero las ganas y la capacidad de gasto de Seúl hacia Corea del Norte se moderarán, al parecer, este año, mientras los ciudadanos sufren la peor crisis desde la guerra de Corea que se desarrolló en los últimos años 40 y primeros 50.
Al aceptar un paquete de asistencia encabezado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a fines del año pasado, Seúl debió aceptar dolorosas condiciones.
El gobierno cortó el presupuesto estatal 15 por ciento y aumentó los impuestos a las familias, que ya soportan una inflación de nueve por ciento con la constante preocupación de pérdida de empleo.
"La gente tiene prioridades diferentes. Todavía recibimos alimentos y aportes de grupos cívicos o religiosos, pero mucho menos que hasta mediados de 1997", dijo Yoon Byong-hak, gerente de Cooperación Internacional de la Cruz Roja surcoreana.
Las organizaciones de la Cruz Roja en las dos Coreas han coordinado sus programas de asistencia y alivio para las víctimas de la hambruna en la del Norte, que sufre intensas sequías y escasez de alimentos hace más de tres años.
La crisis en Corea del Sur enlenteció la economía y desató el desempleo, lo que generó un cambio perceptible en las opiniones sobre la asistencia a la del Norte. Hasta 1997, reinaba la piedad y los lazos fraternales.
Los medios de comunicación nacionales, que hace unos pocos meses daban una cálida cobertura a la reanudación de las conversaciones intercoreanas, ponen ahora la lupa sobre el costo de la ayuda al Norte.
"Me pregunto por qué deberíamos dedicarnos tanto a estas reuniones si no podemos esperar demasiado de ellas y los surcoreanos estamos a punto de fundirnos", dijo un periodista que concurrió a la última instancia de negociaciones en Beijing.
El cambio de actitudes preocupa a la Cruz Roja de Corea del Sur, que por ahora continúa siendo el mayor contribuyente a proyectos de asistencia a la del Norte con el patrocinio de la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR).
La filial surcoreana aportó al menos la mitad de los 17,4 millones de dólares suministrados a 2,6 millones de habitantes del noroeste norcoreano en la segunda fase del programa de 1976.
La IFRC también planea dar 13,5 millones de dólares en alimentos y suministros médicos a 3,5 millones de personas en el noroeste de Corea del Norte durante un año a partir del 25 de noviembre de 1997.
La federación, que cuenta también con fondos de la Oficina Humanitaria de la Comunidad Europea (ECHO), también trabaja con la Cruz Roja de Corea del Norte en el suministro de agua y combustible a 2.000 familias del nororeste, la zona más golpeada por las intensas inundaciones de 1995.
Aún es muy pronto para saber si la Cruz Roja de Corea del Sur continuará siendo el principal donante, pero Yoon afirmó que la implementación de los planes para este año continúan en marcha. "El alimento era lo más importante del programa de 1997, pero la salud y la nutrición será la prioridad de 1998", explicó.
En los últimos meses, la recaudación de fondos se enlenteció, aun cuando un empresario coreano-estadounidense anunció la instalación de una fábrica de fideos en el norte.
El Sur debe ahora ser más consciente. "Hasta ahora hemos comprado mijo de India y maíz de China y transportado el alimento por vía férrea hasta la frontera", dijo Kim Myong-hoon, subdirector de la División de Intercambio Coreano de la Cruz Roja.
Pero el aumento del precio del maíz chino llevará a esa oficina a comprar harina surcoreana.
El PMA informó el 7 de enero que confiaba en suministrar 378 millones de dólares en asistencia, o sea unas 658.000 toneladas de alimento, para impedir que se desate una hambruna catastrófica en abril. Se trata del pedido de ayuda más grande planteado por la agencia en toda su historia.
Se espera que Seúl aporte por lo menos 40 millones de dólares, pero una fuente diplomática sostuvo que eso sería "demasiado costoso'.
Mantener el entusiasmo y la voluntad política es uno de los principales desafíos del presidente electo Kim Dae Jung, que asumirá el cargo en febrero. Hasta ahora, Kim exhortó a renovar las gestiones para mejorar el vínculo entre las dos Coreas e incluso propuso una cumbre en Pyongyang.
Pero Corea del Norte no ha respondido a la oferta. Los observadores políticos pronostican que el presidente Kim Jong Il tardará unos seis meses en contestar.
Las dos Coreas han asistido a reuniones cuatripartitas, con la participación de China y Estados Unidos, la última de ellas el 9 de diciembre en Ginebra. El objetivo de las conversaciones es la firma de la paz definitiva, aún no declarada. (FIN/IPS/tra- en/amy/js/mj/dv pr/98


