CHINA: Destrozan Gran Muralla para levantar mercados y carreteras

El apetito por los proyectos de desarrollo está destruyendo la Gran Muralla China, algo que no pudieron hacer desastrosos terremotos y brutales ataques de tribus del norte de Eurasia a lo largo de siglos.

Dos secciones del muro, que cubre 7.000 kilómetros y cuya construcción se remonta al período de los Estados Beligerantes (476-221 antes de Cristo), se demolieron con el fin de allanar terreno para la construcción de una carretera de circunvalación y de un edificio de la provincia de Hebei.

"Dos incidentes de vandalismo histórico" fue la frase elegida por el diario en lengua inglesa China Daily para describir esos proyectos.

Estos episodios fueron discutidos con amplitud por la población de Hebei, en el norte de China, pero también por la de todo el país, donde reina una creciente división en torno a la importancia y significado de este antiguo monumento.

"Esto es increíble. Lo que esta gente ha hecho es dejar a un lado su propio pasado. ¿Cómo alguien podría demoler algo que sus ancestros construyeron hace miles de años?", se preguntó Yang Qilei, empleado de una firma consultora extranjera en Beijing.

"No entiendo por qué tanta alharaca. Fuera de las secciones restauradas para las visitas turísticas, no hay más que montañas de escombros. ¿Cómo hacer dinero de eso? ¿Para qué mantenerlo?", se preguntó Mu Shi, empresario privado en la capital china.

La Compañía de Verduras del Distrito de Xuanhua, en Hebei, pidió permiso para tirar parte del muro con el fin de ampliar su mercado. El Diario de la Juventud de Beijing informó que ese proyecto contó con el aval de la Oficina de Protección de Reliquias Culturales del distrito.

Con el pago de un tributo de 3.600 dólares, la Oficina permitió la demolición de 30 metros de la Gran Muralla. Pero la empresa fue más allá de lo planificado y tiró abajo 100 metros más.

Se trataba de una de las partes mejor conservadas entre las construidas por la dinastía Tang (618-917 después de Cristo), según los expertos.

Otra sección de 35 metros de la Gran Muralla en la misma provincia cayeron luego de que el Congreso del Pueblo del distrito de Qinhuangdao dio luz verde a la construcción de una carretera de circunvalación.

Pero "ningún gobierno local tiene la potestad de aprobar ninguna acción que destruya la Gran Muralla", dijo Chai Xiaoming, funcionario de la Administración Nacional de Reliquias Históricas, al China Daily.

Cualquier cambio a la Gran Muralla debe ser aprobado por su repartición o, de lo contrario, se lo considerará "una acción ilegal", explicó Chai.

"La construcción de la circunvalación es necesaria para el desarrollo de la economía de la región, pero destruir el muro es un error garrafal", afirmó Wang Pengzhi, de la Oficina de Cultura de Qinhuangdao.

El conflicto entre la preservación cultural y el desarrollo económico reveló los puntos de vista y sentimientos divergentes del pueblo chino acerca de la Gran Muralla, que cubre dos tercios de la latitud del país entre la provincia de Gansu, en el noroeste, y la de Hebei, en el norte.

Muchos ven en el muro una de las reliquias más representativas de China y su civilización. Otros perciben en él un remanente de una época opresiva y oscura de la historia del país que representa el antiguo aislamiento del mundo exterior.

Ji Ren, subsecretario del Instituto de la Gran Muralla, la considera "un símbolo de las características nacionales chinas". El esfuerzo humano y tecnológico es un signo de "la confianza en sí misma de la nación, de su autoestima, su independencia y sus esfuerzos para progresar", manifestó.

El muro "refleja fortaleza indestructible", al igual que el Ejército de Liberación, dijo Ji.

Pero una profesora de enseñanza secundaria en Beijing considera ridícula la idea de la grandeza de la obra. "No encuentro sentido en ese orgullo hacia un monumento en el que muchos obreros fueron enterrados durante su construcción", dijo.

"¿Debemos sentirnos orgullosos de tener una símbolo nacional de división y aislamiento?", se preguntó la educadora, que reclamó reserva sobre su identidad.

Construido en los albores de la cuatro veces milenaria civilización china, la Gran Muralla fue, al principio, una defensa contra las incursiones de tribus nómadas en el corazón del Imperio Celeste.

Hay más de 20 tipos distintos de artilugios militares en el ingenio, entre ellos torres, castillos, portones y muros ocultos.

Mucho después de su construcción, cuando el mundo exterior penetró en el país, la Gran Muralla se convirtió en un símbolo cultural y político de China, e incluso más cuando cayó el sistema imperial a comienzos de este siglo.

Cuando la figura del emperador dejó de ser central para la definición de la nación, el país necesitó nuevos símbolos, y el muro fue uno de los elegidos.

Muchos en China dicen que la Gran Muralla es más popular en Occidente que en el propio país.

Liu Ruitang nunca estuvo allí en sus 31 años de vida. Jamás se le ocurrió hacer ese paseo, quizá porque nació y vive en una zona de Beijing muy cercana al muro. De cualquier manera, ella no le encuentra mayor sentido.

"Los extranjeros están fascinados con la Gran Muralla y creen que, si visitan China, subirse a ella es obligatorio. A mí no me parece tan grande. Es larga, por cierto, pero no tan alta o impresionante como algunos castillos europeos que he visto por televisión", dijo. (FIN/IPS/tra-en/ab/js/mj/cr dv/98

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