La economía de Chile, considerada la más solvente de América Latina, es una de la más expuestas en la región al impacto de la crisis asiática como consecuencia de su alto volumen de comercio con los países del "otro lado" del Pacífico.
La inminente caída de las exportaciones chilenas motivó ya las primeras medidas de austeridad fiscal y un incremento en las tasas de interés, mientras afloran demandas de que el Banco Central liberalice el ingreso de capitales extranjeros.
Los mensajes de optimismo acerca de la capacidad del país para aminorar la crisis, contrastan con denuncias sindicales acerca de los 7.000 trabajadores que perderían este año su empleo sólo en el sector minero por la baja de las ventas externas de cobre.
El ministro de Hacienda, Eduardo Aninat, anunció este lunes la postergación de inversiones por 340 millones de dólares en las principales empresas productivas del Estado, aunque aseguró que no habrá recortes en el gasto social.
Hace 10 días, el Banco Central dispuso un aumento de 6,5 a siete por ciento en las tasas de interés con el fin de alentar el ahorro, frenar el desborde en las cotizaciones del dólar y defender su política antinflacionaria.
Estas medidas, así como las intervenciones del Banco Central con la venta de dólares en el mercado libre, no lograron rebajar la divisa, cuyo precio, del orden de los 415 pesos hasta octubre último, se mantiene en torno a los 458 pesos.
Los senadores derechistas Francisco Javier Errázuriz y Sebastián Piñera plantearon al presidente del instituto emisor, Carlos Massad, la revisión del mecanismo del encaje bancario como remedio para restituir la oferta de dólares y bajar su precio.
El encaje es una suerte de ahorro forzado por la vía de un impuesto temporal a las inversiones externas no productivas y constituye hasta ahora la mejor salvaguarda del país contra la volatilidad de los llamados "capitales golondrinas".
Los inversionistas extranjeros en acciones y títulos de deuda están obligados a depositar por un año en las arcas del Banco Central el equivalente a 30 por ciento de sus recursos, según este mecanismo.
El encaje bancario y los sistemas institucionalizados de ahorro a través de los fondos de pensiones fueron, según analistas, los instrumentos que en 1994 permitieron a Chile sortear los efectos "tequila" y "tango".
Errázuriz y Piñera argumentan que el encaje se justifica en períodos de abundancia de dólares, pero que hoy, ante la explosión de la demanda y del precio de la divisa, es conveniente relajarlo para aumentar así la oferta en el mercado cambiario.
Los senadores reabrieron así un debate que se inserta en demandas empresariales anteriores de liberalización del mercado de capitales, pero que ahora se conjuga con las urgencias inmediatas creadas por la crisis asiática.
El senador Jorge Lavandero, del oficialista Partido Demócrata Cristiano, se declaró en cambio contrario a una eliminación o rebaja del encaje bancario, subrayando que "la mejor forma de paliar la crisis (asiática) es ahorrando".
Y es que para muchos el remedio podría resultar peor que la enfermedad, en tanto el relajamiento del mercado de capitales podría reproducir en el país las condiciones de que condujeron a los "craks" bursátiles y cambiarios en el sudeste asiático.
La afluencia masiva de capitales externos que no son absorbidos por los sectores productivos provoca el desplazamiento de los fondos a inversiones bursátiles e inmobiliarias en moneda local que huyen ante los primeros síntomas de devaluación.
El interrogante a resolver es si esas condiciones que se dieron en Tailandia y los demás tigres asiáticos son reproducibles en Chile, que hasta ahora se precia de una conducción equilibrada de su economía y sus finanzas.
En 1997 este país tuvo uno de los mejores desempeños en la región, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en términos de equilibrio con un crecimiento del producto de 6,5 por ciento y una inflación de seis por ciento.
El déficit en cuenta corriente, de 3.200 millones de dólares, aumentó más de 15 por ciento en relación a 1996, pero también crecieron las reservas internacionales a 19.000 millones de dólares, equivalentes a más de 14 meses de importaciones.
La deuda externa llegó a 26.668 millones de dólares al 30 de noviembre, con 21.597 millones del sector privado, de los cuales correspondían sólo 2.132 millones a la banca, mientras el endeudamiento de las empresas y personas llegaba a 17.765 millones.
Las colocaciones en moneda extranjera en el sector privado disminuyeron de un promedio mensual de 4.483,3 millones de dólares en diciembre de 1995 a 4.435,6 en diciembre de 1996 y a 4.248 millones en octubre de 1997, según las últimas cifras del Banco Central.
En el horizonte inmediato no se vislumbran amenazas para la economía chilena por el lado de las finanzas, salvo que la demanda de dólares adquiriera caracteres de sicosis y estimulara el endeudamiento en divisas con fines especulativos, con o sin encaje bancario.
El mayor motivo de preocupación para las autoridades proviene del comercio exterior, por el cierre de los mercado asiáticos, receptores de 34 por ciento de las exportaciones chilenas, sobre todo de productos mineros y forestales.
El nuevo secretario ejecutivo de Cepal, el colombiano José Antonio Ocampo, hizo una proyección optimista de la capacidad de América Latina para enfrentar la "fiebre amarilla" pero advirtió que el caso chileno es de "especial cuidado" por las razones comerciales.
Si bien el incremento del precio del dólar está favoreciendo a los exportadores, se estima que será insuficiente para contrarrestar el impacto de la baja de exportaciones, del orden de uno a dos puntos del producto interno bruto en 1998.
Juan Gabriel Valdés, principal responsable de las negociaciones comerciales de la Cancillería, dijo este martes que es urgente recuperar mercados en la Unión Europea, que hoy recibe sólo 25 por ciento de las exportaciones chilenas en contraste con el 40 por ciento de hace una década. (FIN/IPS/ggr/dg/if/98


