Los presidentes de Colombia y Venezuela se verán forzados a dialogar en Asunción este fin de semana sobre la acción de la guerrilla colombiana en territorio venezolano, dos semanas después de un encuentro en que superaron un período de tensión por motivos similares.
El expresado objetivo de la guerrilla colombiana es actuar en Venezuela para crearle a Bogotá la mayor tensión posible con Caracas, en lo que podría denominarse como un frente diplómatico externo, complementario al militar frente interno.
El episodio que recreó la tensión una semana después del primer encuentro bilateral de Rafael Caldera (Venezuela) y Ernesto Samper (Colombia) desde 1995, el día 9, fue el secuestro de un militar venezolano por un comando guerrillero colombiano la madrugada del día 16.
La cumbre bilateral de Guasdualito, en el extremo sudoccidental de Venezuela y asiento de uno de los Teatros de Operaciones que mantiene militarizadas áreas fronterizas, parece sin embargo estar sirviendo como "test" positivo de los acuerdos allí alcanzados, para manejo de crisis como la actual.
La misma decisión de Caldera de reunirse con Samper, aprovechando la cumbre del Grupo de Río en la capital paraguaya, representa un cambio de actitud positivo frente a otros incidentes, así como la coordinación y cautela ministerial sobre el secuestro, pese a las presiones de algunos sectores políticos.
El teniente de navío Carlos Bastardo fue secuestrado en un episodio confuso que las Fuerzas Armadas venezolanas han tratado de presentar como un una acción durante una operación de inteligencia, en la población de Puerto Chorrosquero, a 120 kilómetros de Guasdualito y 40 de la frontera.
El diario El Universal de Caracas hizo este jueves un recuento de las versiones que circulan en torno al secuestro, que van desde la oficial hasta la que el teniente y otros tres militares fueron de civil a un bar a Chorrosquero, "a beber y compartir con unas demas".
Fuentes contrastadas del ámbito oficial, coincidieron en decir a IPS bajo anonimato, que entre tres y cinco guerrilleros tenían ubicado a Bastardo y lo secuestraron cuando junto con los otros militares bebía en un bar, en compañía de su amante.
Esa mujer habría informado al comando sobre los movimientos de Bastardo, aunque no está claro si era una infiltrada. El Ministerio de Defensa informó que una lugareña fue detenida cuando se halló en su domicilio el arma del secuestrado.
Pero más allá de las circunstancias del secuestro, el hecho es que el mismo crea una situación difícil para los dos gobiernos, porque si el militar venezolano fue o es trasladado a Colombia, toda la negociación deberá tramitarla el gobierno de ese país.
El general Enrique Medina, comandante del Teatro de Operaciones 1 de Guasdualito, consideró que es muy probable que el teniente no haya salido de Venezuela, por el cerco inmediato tendido en la zona por esa entidad, con 5.000 militares.
El ministro de Defensa de Venezuela, almirante Tito Rincón, quien coordina la posición oficial, dijo tanto si Bastardo se encuentra en Colombia como en Venezuela, cualquier decisión sobre una eventual negociación recorresponderá al presidente Caldera, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
El único cambio consiste en que si se confirma que traspasó la frontera, el caso pasará a ser coordinado por el canciller Miguel Angel Burelli, dijo Rincón.
Rincón tampoco quiso especular sobre si la acción atribuida a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) era consecuencia de la negativa de Caldera a emprender una negociación directa con el grupo, aunque se declaró ante Samper abierto a cualquier mediación pedida por Bogota.
Las FARC han buscado con ahinco este año promover actuaciones directas de Caracas en negociaciones para terminar con los ataques guerrilleros en territorio venezolano, o para mediar en la liberación de militares secuestrados en Colombia.
Además de la distensión bilateral recién lograda, la otra víctima del secuestro de Bastardo ha sido, una vez más, la población civil de Chorrasquero y de toda el área donde 3.000 hombres fueron desplegados en busca del secuestrado.
Este jueves se informó desde la zona que más de 200 pobladores de Chorrasquero fueron detenidos, incluidos niños y mujeres, tras el secuestro, mientras un oficial del Teatro de Operaciones calificó a todos los lugareños cómo "guerrilleros".
Toda el área está militarizada desde que se instalaron los Teatros de Operaciones, a raíz de ataques guerrilleros en 1996 en los que fueron muertos efectivos de puestos fronterizos.
Eso permite detener a personas por 30 días y la desconfianza, cuando no la animadversión, de los militares por los pobladores aumenta a cada incidente y sale a la luz a cada diálogo directo con los miembros de los teatros, aislados en áreas difíciles, con realidades muy complejas y con un enemigo importado no visible.
La presidenta del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en el área, Eglée Sánchez, dijo que Chorrasquero "parece un campo de concentración", ya que 80 por ciento de la población fue detenida.
Beatriz Ceballos, miembro de Amnistía Internacional y de una organización humanitaria local que dictaba un curso en el área cuando se produjo el secuestro, dijo que desde el sábado 16 comenzó "un gran hostigamiento".
En diálogo con pobladores de Guasdualito, durante la cumbre del día 9, niños y adultos de fincas cercanas o de la misma población de unos 15.000 habitantes, coincidieron en indicar a IPS que les parece bien que los militares estén en la zona.
Pero "les tienen que enseñar a tratar con personas porque nos maltratan y nos ven cómo subversivos, cuando somos campesinos abandonados de siempre a nuestra suerte y soportando palos por todos lados", como sintetizó Eduardo Guevara.
Un niño, de nombre Juan, limpiabotas en la plaza del pueblo, comentó que ni el ni su familia han conocido un guerrillero, que todos se llevan bien con los colombianos, con los que conviven en el llamado "tercer país" de la extensa e intensa frontera.
"Nosotros no tenemos problemas con ellos, hemos convivido siempre y son pobres como nosotros", comentó el niño. (FIN/IPS/eg/ag/up-hd/97