Funcionarios del gobierno del Distrito Federal de Brasil, activistas comunitarios y policías civiles y militares controlan en forma conjunta el funcionamiento de los bares, y ya lograron una disminución de la violencia.
Al menos ocho de las 19 regiones administrativas del Distrito Federal aplican la nueva política de control de la violencia, explicó Matias Santana, asesor jurídico de la Secretaría de Seguridad Pública de la capital de Brasil y alrededores.
"Cada administración debe adoptar sus propios criterios porque cada localidad tiene características diferentes", sostuvo.
Entre las medidas que aplican los equipos conjuntos figura la fijación de horarios de funcionamiento de los establecimientos, con la intención de que disminuyan los índices de criminalidad y violencia relacionados con el consumo de alcohol y drogas.
En Samambaia, a 25 kilómetros del centro de Brasilia, el principal problema es el funcionamiento en áreas residenciales de puestos de comercio informal, con venta de alcohol, comestibles y cigarrillos, sostuvo el administrador de la región, Jacques Pena.
"La policía militar fijó una ruta y comenzamos a visitar esos establecimientos", dijo Pena. Cada propietario de bar recibe en esa visita, efectuada por un policía militar, uno civil y un funcionario del Distrito Federal, un folleto con algunas reglas que deben ser obedecidas.
En caso contrario, advierten, se cerrará el negocio.
En Samambaia se permite el funcionamiento de bares y restaurantes solo hasta las 22 horas. Los espectáculos de música en vivo solo pueden realizarse con la autorización de los vecinos y de la División de Fiscalización de la Administración Regional.
Los menores de 18 años no podrán comprar cigarrillos, consumir alcohol o participar en juegos de azar dentro o en las inmediaciones de los establecimientos, cuyos propietarios serán responsables por cualquier disturbio al orden público provocado por sus clientes.
"Estamos discutiendo las reglas caso por caso", dijo Pena.
En Ceilandia, una de las localidades más populosas del Distrito Federal, con 600.000 habitantes, funcionan 5.000 bares, de los cuales 3.000 son informales. Al mismo tiempo que los funcionarios municipales inspeccionan los lugares, la policía inspeccionan el tráfico de drogas y el proxenetismo.
Cícero Sobriño, administrador de la localidad de Gama, a 30 kilómetros del centro de Brasilia, prefirió apostar a la toma de conciencia de los residentes.
"Sin usar fuerza policial, logramos el cierre de un club nocturno", dijo. Se trataba de un lugar donde ya se habían registrado riñas, tiroteos y muertes, la última en julio.
Para convencer a los propietarios de la necesidad del cierre, Cícero les mostró una bolsa con 55 cápsulas de balas recogidas por los vecinos en las inmediaciones del club.
En Planaltina, a 38 kilómetros del centro de Brasilia, el índice de violencia disminuyó 50 por ciento, según datos oficiales.
Esa localidad sufre el mayor desempleo y el mayor nivel de consumo de alcohol del Distrito Federal. "Comprobamos con los dueños de los bares que la mayoría de los crímenes ocurren entre las 23 y la 1 horas, en sus negocios o en las proximidades", dijo el administrador regional, Wilmar Lacerda.
"Les demostramos que el lucro a partir de la medianoche no compensaba el riesgo de riñas", agregó. Así, se coincidió en cerrar los locales a la hora 0 y permitir que los fines de semana permanezcan abiertos hasta la 1. (FIN/IPS/mom/mj/cr ip/97


