La imagen mundial de India y su influencia se desdibujaron a partir de la independencia hace 50 años, mientras perdió su sitial como líder del Sur y fuerza motora de la política internacional.
En agosto de 1947, India comenzó su vida independiente con un Gran Proyecto para satisfacer "su cita con el destino", según dijo en esa fecha a la Asamblea Constituyente el primer jefe de gobierno del país, Jawaharal Nehru.
Con posibilidades de convertirse en potencia económica y motor del crecimiento basado en capacidades y recursos propios, India es uno de los holgazanes económicos del mundo, y hogar del mayor número de pobres del planeta.
Antes defensora de la igualdad Norte-Sur, Nueva Delhi está ahora más interesada en lograr acuerdos privados con miembros individuales del Norte.
India fue líder de la campaña por el desarme nuclear y opositora de las doctrinas de la seguridad de la guerra fría, pero ahora es vista como un obstáculo al desarme gradual y dispuesta a seguir esas doctrinas.
En 1954, India fue pionera de la propuesta del Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares. El año pasado, lideró la oposición al acuerdo, e intentó bloquearlo sin éxito.
Su sitial como fuerza principal en los asuntos mundiales quedó reducido al de una potencia regional, periódicamente en conflicto con sus propios vecinos más pequeños, especialmente Pakistán.
¿Cómo se llegó a esto? Una razón obvia es el cambio producido en la propia definición de poder y prestigio internacional. En la década de 1990, el peso económico cuenta más que el militar o la influencia política.
Otra es el cambio en la competición entre los países desde el fin de la guerra fría, y la irrelevancia de la no-alineación en un mundo sin rivalidad este-oeste.
Una tercera razón es la ruptura del llamado consenso para el desarrollo a nivel mundial. Esto significa que las instituciones financieras multilaterales se retiran cada vez más del esfuerzo por superar las desigualdades Norte-Sur, y se convierten en representantes de los intereses de las corporaciones del Norte.
No obstante, hay razones más importantes de la caída de India en los asuntos mundiales, basadas en factores internos, en particular el abandono por la elite gobernante del Gran Proyecto Indio.
Las agendas interna y externa de Nueva Delhi estaban estrechamente entrelazadas, y la renuncia a la primera afectó a la segunda.
Medio siglo después, India tiene más personas analfabetas que el total de la población en 1947. Su ubicación según el índice de desarrollo humano es en el lugar 134, en 173 estados. Según datos oficiales, no menos de 350 millones de pobres viven en el país.
Las desigualdades de género de India figuran entre las peores del mundo. Dos tercios de las mujeres de este país son analfabetas.
Las indias enfrentan durísimas formas de discriminación desde la primera infancia, incluyendo la limitación de los alimentos a temprana edad, la mutilación genital y la quema de la novia.
Mujeres y niños en India tienen 30 por ciento más de posibilidades de estar desnutridos que en Africa subsahariana, región castigada por la guerra y la hambruna.
Como proporción del producto interno bruto, India gasta menos en educación primaria y salud que la mayoría de los países pobres del mundo. El resultado es que más de la mitad de la población carece de capacitación mínima.
El gasto social, siempre magro, cae a medida que el Estado sigue el camino a la bancarrota.
Mientras, las diferencias geográficas crecieron al punto en que hay dos Indias. En una, casi dos tercios del país en la desesperación y la crisis económica, y otra que recibe tres cuartos de las nuevas inversiones y presenta cierto crecimiento, una elite próspera en medio de la desarticulación general.
Las diferencias étnicas y los conflictos se han agravado, como revelaron los sangrientos disturbios tras la demolición de la mezquita de Ayodhya en 1992. Varios estados fronterizos fueron testigos de insurgencias segregacionistas, que el gobierno tendió a aplastar mediante la fuerza.
Este escenario está muy alejado del sueño y el proyecto entrevisto con la independencia, y es reflejo del alejamiento del compromiso inicial, el seguimiento de un modelo de desarrollo "blando con los ricos" en los años '70, y la distancia cada vez mayor con la gente y la agenda del "crecimiento con igualdad".
La elite india abandonó la búsquda de un orden económico mundial equilibrado, y entró en alianzas con elites del Norte como socio menor.
Nueva Delhi, que en los años '80 resistió las presiones para firmar acuerdos comerciales desiguales, se rindió, y a medida que la política caminaba hacia el libre mercado, abandonó su búsqueda de la autosustentabilidad y de un sendero de desarrollo autónomo.
La inseguridad social creció rápidamente, agravando los conflictos domésticos, que se extendieron más allá de la frontera, en especial con Palistán, por el apoyo encubierto al secesionismo en Punjab y Jamú y Cachemira.
Esto, a la vez estimuló la militarizaicón y el gasto de recursos que podrían haberse asignado a fines sociales.
La elite india buscó el prestigio a través del poderío militar ante vecinos menores, y en los años '90, a través de las rutas nuclear y de los misiles, lo cual quitó a Nueva Delhi su estatura moral como impulsor de la paz y el desarme nuclear.
Asimismo, ingresó en una cooperación militar más cercana con Estados Unidos, inaugurada por su decisión de permitir que aviones de guerra estadounidenses cargaran combustible en India durante la guerra del Golfo. La no-alineación continúa siendo una mera consigna para los gobernantes indios.
La gran crisis económica de 1991 se conviritó en pretexto del lanzamiento de la liberalización indiscriminada, aumentando la dependencia de India de Occidente, y socavando su poder negociador.
Nueva Delhi tomó un gran préstamo del Fondo Monetario Internacional bajo estrictas condiciones, y desde entonces es más vulnerable a la presión del Norte.
En las instituciones multilaterales, India juega cada vez más el papel de un aliado débil, subordinado, dependiente de una u otra potencia occidental.
Como nación a la defensiva y como holgazán económico, India puede influir cada vez menos sobre la agenda internacional, y queda reducida la posición de un gigante torpe con los pies de barro. (FIN/IPS/tra-en/pb/an/lp/ip/97


