Las cubanas no retornaron al hogar. Montaron bicicleta, adelgazaron, echaron sobre sus hombros la carga que habían empezado a compartir y, a pesar de la crisis, siguieron soñando con tener dos hijos.
Rosa Gómez aplazó la maternidad por dos o tres años "hasta que las cosas mejoraran". Mariela Díaz pensó que a sus 30 años tenía que apurarse y parió un niño de muy bajo de peso que, "por suerte, pronto se recuperó".
Dixie Edith y Ariel Terreno no quisieron esperar que pasara la escasez, trabajaron el doble para alimentarse mejor, enfrentaron un embarazo sin problemas y Ania nació hace dos años con un peso adecuado y bien saludable.
Ahora, la joven de 25 años y periodista de profesión, hace pública su decisión de tener tres hijos mientras los amigos le dicen que "ha perdido la cordura" y los demógrafos quisieran que su caso no fuera tan aislado.
Desde 1978 la tasa bruta de reproducción que debe garantizar el nivel de remplazo de la población no alcanza en Cuba a una hija por mujer. El número ideal de hijos sigue siendo dos, pero no pocas mujeres se conforman con uno.
La peor crisis económica que ha vivido la isla en la segunda mitad de este siglo deterioró las condiciones de vida de la mayoría de los 11 millones de habitantes. No obstante, no cambió los patrones reproductivos de la mujer.
En los peores momentos de los últimos siete años, los pronósticos más apocalípticos apuntaban hacia un posible deterioro de los índices de salud e incluso se llegó a hablar de un retroceso en conquistas de la igualdad entre géneros.
Aunque algunas estadísticas mostraron sus altas y sus bajas, los expertos alertaron que en la mayoría de los casos se trataba de fluctuaciones coyunturales y no cambios radicales en las tendencias de las últimas décadas.
A mediados de esta década alrededor de 40 por ciento de las cubanas en edad laboral trabajaban fuera de sus casas. Las mujeres representaban más de 60 por ciento de la fuerza técnica, más de 40 de los investigadores científicos y casi 30 por ciento de los dirigentes.
Según los tres últimos censos de población realizados, la tasa de actividad femenina pasó de 12,42 en 1953 a 11,54 en 1970 y en 1981 alcanzó 32,8.
En Cuba no se reportan casos de analfabetismo, la mujer tiene igual acceso que el hombre al estudio, recibe igual salario por igual actividad y, desde inicios de la década del 60, accede a los métodos de planificación familiar.
La política social emprendida por el gobierno de Fidel Castro a su llegada al poder en 1959 estableció la igualdad entre los géneros, legalizó la anticoncepción y el aborto, hizo publico todo el sistema de salud y creó las condiciones para los índices de salud reproductiva que exibe hoy el país caribeño.
Una encuesta nacional realizada a finales de la pasada década arrojó que 99 por ciento de las cubanas en edad reproductiva conocía, al menos, un método anticonceptivo y que 88 por ciento de ellas usaba alguno en ese momento.
Expertos estiman que el uso de anticonceptivos puede haber descendido durante los últimos años a consecuencia de las fluctuaciones en la disponibilidad de los mismos en las farmacias y en las instituciones especializadas.
La frecuencia del aborto inducido, que se realizada de forma legal, se eleva a 25,9 por cada 1000 mujeres entre 12 y 49 años y hace pensar a los especialistas en la utilización del mismo como un medio de planificación familiar.
Fuentes de la Oficina Nacional de Estadísticas y del Ministerio de Salud Pública indican que en 1995 el 99,8 por ciento de los partos ocurrieron en instituciones de salud, nacieron en la isla 147.170 personas y murieron 48 mujeres por causas vinculadas al embarazo.
"La toxemia aparece como primera causa de muerte materna, situación que está recibiendo atención especial, ya que no es lógica", aseguró el cuarto informe de seguimiento del programa nacional de acción presentado en la Cumbre Mundial de la Infancia.
Unas 15 mujeres murieron en 1995 por toxemia del embarazo o del puerperio, ocho por aborto, una por hemorragia y y 24 por otras complicaciones del embarazo, del parto y del puerperio.
Los índices de mortalidad materna alertaron a los expertos cuando se dispararon de 31,6 muertes por 100.000 nacidos vivos en 1990 a 36,2 un año después. En 1992 comenzó a descender para enfrentar un alza hasta 42,8 en 1994.
"En los últimos años hemos tenido que hacer magia para mantener los niveles de atención", dijo una ginecóloga de un céntrico hospital habanero y se quejó de problemas de asepsia y de la escasez de instrumental y de los medicamentos necesarios.
Fuentes oficiales reconocieron en 1993 que se emprendió una investigación nacional sobre las causas de la fluctuación de la mortalidad materna y se inició un grupo de acciones destinadas a mejorar la calidad de la atención prenatal.
Cuba tiene un programa de atención materno-infantil que establece un cronograma de alrededor de 15 consultas médicas durante el embarazo, la inmunización contra varias enfermedades, y el diagnóstico precoz de enfermedades genéticas.
En los peores momentos de la crisis, cuando se elevó discretamente la tasa de las mujeres que empezaban el embarazo con bajo peso y de aquellas que mantenían una ganancia deficiente, las autoridades decidieron vincular estos casos a comedores de instituciones estatales.
"Salí embarazada en 1994 y decidí tener mi hijo. La cosa estaba bastante mala por esos días y en mi casa a veces no pasábamos del plato de arroz con frijoles", contó Mariela Díaz, que durante varios meses almorzó en el comedor de una fábrica cercana a su domicilio.
Díaz es una de las tantas cubanas que ha optado por la maternidad en solitario. Nacida durante la explosión demográfica de los años 60, pertenece al amplio grupo de profesionales mujeres que en la isla han optado por aplazar su vida personal en aras de una carrera.
Sin embargo, la maternidad tardía aún no es un problema en este país. Un estudio realizado en 1995 por expertos cubanos y de las Naciones Unidas concluyó que se observan en la isla inequidades reproductivas entre las adolescentes.
"El grupo de mujeres menores de 20 años contribuye en una quinta parte al total de nacimientos anuales", según el texto titulado "Cuba: Transición de la Fecundidad. Cambio Social y Conducta Reproductiva".
El problema del embarazo precoz, muy tratado en la década del 80 cuando se realizó en la isla una fuerte campaña de educación sexual, fue tema de documentales y hasta Carlos Varela, un trovador muy conocido en Cuba, cantó "no es tiempo de cigüeñas".
De acuerdo con los últimos estudios los mayores problemas de inequidad reproductiva se verifican en las adolescentes urbanas, no blancas, de menor nivel de instrucción. Ellas representan ocho por ciento de todas las adolescentes y aportan 13 por ciento de los hijos de madres menores de 20 años. (FIN/IPS/da/dg/pr-he/97


