TURISMO: El alto precio de las vacaciones económicas

No existen las vacaciones económicas. Los turistas cuentan sus monedas y los operadores turísticos cuentan sus ganancias, pero siempre hay alguien, por lo general sus anfitriones en el Tercer Mundo, que pierde.

"Al turismo no le interesan las consecuencias a largo plazo sobre los países anfitriones porque pueden trasladarse y explotar otros lugares", opinó Tricia Barnett, directora de una influyente entidad británica de estudio sobre el turismo.

El turismo será la mayor industria mundial para el 2000, y el fomento de la competencia leal en turismo es una tarea gigantesca, admitió Barnett.

Requiere sueldos justos y condiciones aceptables de trabajo para los trabajadores turísticos en los países anfitriones así como participación de la comunidad local.

Require también, añadió, que los beneficios económicos alcancen a la población anfitriona tanto como a los operadores turísticos de propiedad extranjera para fomentar la cultura indígena, la salud, la educación, la capacitación y el empleo.

La gran escala de la industria obstaculiza la competencia leal, de acuerdo a la Asociación de Operadores Turísticos Independientes (AOTI), que representa a 150 pequeños y medianos operadores de este mercado multimillonario en dólares dominado por unas pocas empresas.

El 70% de las vacaciones de extranjeros reservadas en Inglaterra se adquieren tan sólo a tres grandes compañías turísticas.

Los grandes operadores deben asegurar la calidad y el precio, y la mayoría prefiere comprar productos europeos, perjudicando a los comerciantes locales que lidian con una infraestructura mediocre o con financiación insuficiente.

Otros realizan sus compras en el lugar pero utilizan su poder adquisitivo para bajar los precios o venden 'paquetes' de vacaciones que mantienen a los turistas y su dinero dentro del hotel.

"Los turistas no tienen necesidad de salir del hotel. Podrían estar tanto en la luna como en cualquier país", dice el director de comunicaciones de AOTI, Orla Fulham-Smith. Y los que pierden inevitablemente son los prestadores de servicios locales.

A pesar de las enormes dificultades, algunas comunidades anfitrionas se rebelan contra los paquetes turísticos internacionales donde las ganancias retornan a las aerolíneas, hoteles y operadores turísticos extranjeros.

Ranjith Henry, de la agencia Kolam en Madras, India, fomenta la participación de los turistas en la elaboración de sus itinerarios como forma de aprender sobre el país y los lugares que desean visitar.

Los grupos son reducidos para permitir la interacción con la población local y evitar una avalancha de turistas en determinado lugar.

Ello facilita el uso de pequeños hoteles independientes de propiedad de lugareños. Cuando los turistas se hospedan en casas de familia, Kolan se asegura que a las familias se les pague lo mismo que un hotel común.

Para distribuir el ingreso más equitativamente y evitar la comercialización de los pueblos, la agencia evita también las visitas repetidas a los mismos lugares.

Henry lleva a sus grupos a comer en restaurantes con especialidades locales y casas de familia y no a las cadenas internacionales de comida, y los impulsa a consumir productos de la India en vez de las omnipresentes Pepsi y Coca Cola.

Sus turistas también viajan por la aerolínea nacional Air India, "porque el costo del vuelo es el gasto individual más caro del viaje y queremos que quede en la India".

Los turistas compran en centros artesanales administrados por el gobierno donde pueden comprar directamente de los artesanos. Asimismo, Henry ofrece sueldos adecuados para los guías con el fin de contratar a aquellos que demuestren conocimiento y entusiasmo en la materia.

En Gambia, donde los hoteles son mayoritariamente de propiedad extranjera, los propietarios locales de hoteles, restaurantes y bares, los choferes de taxi, proveedores de alimentos y artesanos, han formado un consorcio denominado DEEGOO, una palabra que significa cooperación y unidad.

Baba Sillah, de la operadora turística Patrimonio Africano, de Londres, miembro fundador de DEEGOO, afirma que el objetivo del grupo es brindar apoyo en capacitación y mercadeo, consejo y guía para el comercio e instalaciones locales con tasas de interés accesibles para más de 80 pequeños proveedores.

Un empleado de la organización no gubernamental (ONG) británica Servicios Voluntarios en el Extranjero, asiste en la administración, la capacitación y el control de calidad.

A pesar de las dificultades iniciales, -los miembros no cuentan con un modelo a seguir y les falta convicción sobre sus propias habilidades- Sillah está convencido de que ofrece una vía hacia el comercio justo.

Es un paso bienvenido por la Fundación Británica de Comercio Justo que fija las normas de los productos comercializados en forma justa y los clasifica para los consumidores.

El director de la Fundación, Phil Wells, concuerda en que lo más práctico es que un consorcio de proveedores turísticos locales presente un paquete de competencia leal para que sea evaluado, reconocido formalmente y promocionado entre los operadores turísticos británicos.

"Nuestra dificultad reside en que la Clasificación de Competencia Leal está unida a un producto específico, y en turismo, el único 'producto' es el paquete de vacaciones.

Tendría problemas para clasificar a la mayoría de los paquetes turísticos en existencia porque con frecuencia son los que más perjudican a la cultura y el ambiente", afirmó.

De todas maneras, la industria demuestra poco interés en estos programas. Sólo 400 negocios en el mundo se han asociado en los últimos dos años al Programa Tierra Verde, organizado por el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (CMVT) para brindar apoyo en temas ambientales.

Jonathon Porritt, consejero ambiental del CMVT, afirma que la industria "percibe a la reglamentación como un enemigo y se aleja de ella cobardemente. Tienen un punto de vista primitivo sobre sus posibles beneficios".

Según Fulham-Smith, un enfoque más considerado del turismo puede ser sostenible y redituable.

"En Kenia, por ejemplo, los grandes operadores adquieren los viajes por paquete y la cantidad de turistas que responden es tan grande que terminan mirándose unos a otros en vez de mirar a los animales".

"Si se utilizaran hoteles más pequeños y el ingreso a los parques se restringiera diariamente, los turistas obtendrían lo que desean, facilitando su retorno en otra ocasión. La ganancia no siempre debe ser el punto final". (FIN/IPS/tra-en/sl/rj/aq-jc/if/97

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