/AMBIENTE/: Explotación maderera destruye islas Salomón

La explotación de la madera en las islas Salomón está generando una severa escasez de alimentos, tras haber producido una invasión de cerdos salvajes a las zonas pobladas, mientras destruye costumbres y sabiduría tradicional.

Los bosques del sur del Pacífico son doblemente preciosos, ya que cubren frágiles ecosistemas isleños, hábitat de especies nativas de plantas y animales únicos en el planeta. La pérdida de forestación, además de dañar la tierra, produce sedimentaciones que matan los corales y afectan la vida marina.

Las Islas Salomón, con una población de 340.000 habitantes, son seis islas principales y numerosas pequeñas que se extienden en un área de 1.500 kilómetros cuadrados. El país es uno de los más pobres en esta región del mundo.

Desde 1992, las exportaciones de madera se convirtieron en la mayor fuente de divisas para las islas, y ayudaron al gobierno a balancear su presupuesto.

Pero los isleños advierten que enfrentan una seria carencia de alimentos y hambruna debido a la destrucción de sus granjas y huertos causada por cerdos salvajes cuyos hábitats naturales fueron distorsionados por las actividades de tala y extracción de madera.

Grandes poblaciones de cerdos salvajes que normalmente viven en la mayoría de las islas mayores se lanzan a las áreas costeras de Makira, Guadalcanal y las provincias Central y Occidental, para alimentarse en los huertos.

La situación se agrava debido a que las empresas madereras, en su mayoría de Malasia, lograron comprar tierras a agricultores, quienes perdieron los alimentos que antes garantizaba su economía de susbsistencia, y recurren ahora a alimentos importados y enlatados.

Silvanus Suta, un anciano de la villa Oncibia en la isla Makira, dijo que antes de que llegaran las empresas madereras, cazar un cerdo salvaje era difícil.

Pero después que la compañía del primer ministro, Soloman Mamloni, Soma Limited, junto a una socia malasia, iniciaran las operaciones en el oeste de Makira, alrededor de dos años atrás, los cerdos "llegan al jardín y el huerto, comiendo todo lo que encuentran a su paso".

"Los matamos, pero siguen llegando y destruyen nuestras cosechas", dijo Suta, un ex maestro de escuela de más de sesenta años. "Nunca en mi vida vi algo así. Ahora dependemos de alimentos de las tiendas para sobrevivir".

"Se dice que la tala traerá dinero para el desarrollo, pero la gente está peor que antes de la llegada de las empresas madereras", añadió al anciano.

El el área Dovele, en la provincia occidental, la gente ya no puede cultivar a la orilla del bosque para evitar que sus cosechas sean arrasadas por los chanchos salvajes. El área es explotada por una empresa australiana, y cuenta con el respaldo del representante parlamentario e la zona.

Alice, una mujer Dovele, afirma que "aquellos de nosotros que no dependemos del dinero de la tala y continuamos viviendo de la tierra, debemos ahora cultivar cerca de las villas, donde la destrucción de los cerdos es menos fuerte".

La explotación también mató el espíritu de la comunidad y la cohesión de los clanes. Los hermanos se enfrentan unos con otros, las comunidades luchan por la tierra, los árboles y el dinero. "La codicia, el egoísmo, los celos y el robo reemplazaron los pricipios", sostuvo la mujer.

Ante las noticias del impacto negativo de las actividades madereras en el país, algunos ancianos en áreas aún no afectadas comienzan a pensar en la forma de evitarlas en sus tierras.

Shadrick Gapu, anciano y propietario en Makira oriental, sostiene que prefiere que las generaciones futuras disfruten de la tierra, los ríos y los bosques, en lugar de que se eliminen su medio ambiente y su cultura.

El subsecretario de Agricultura de las islas admite el problema de la invasión de cerdos salvajes en las granjas, pero sostiene que el gobierno no puede tomar medidas si no se presentan quejas formales. (FIN/IPS/tra-en/ss/kd/lp/en-dv/96

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