BRASIL: Reforma agraria desnuda contradicciones del gobierno

La fuerza ganada en Brasil por la demanda de reforma agraria tras la masacre de 19 campesinos sin tierra, perpetrada el 17 de abril, obligó al gobierno de Fernando Henrique Cardoso a desnudar su ecleticismo, que puede ser paralizante.

La ambigüedad del gobierno fue puesta en evidencia por la división del Ministerio de Agricultura y Reforma Agraria en dos carteras, una de las cuales quedó en poder de la derecha y la otra fue entregada a izquierda.

El nuevo ministro extraordinario para la reforma agraria, designado para asentar en tres años a 240.000 familias de campesinos sin tierra, es Raúl Jungman, del Partido Popular Socialista (ex comunista), quien dirigía el instituto encargado de aplicar la política ambiental oficial.

Mientras, el senador Arlindo Porto, un hacendado del estado de Minas Gerais, se hizo cargo este miércoles del Ministerio de Agricultura.

El nombramiento de Porto, afiliado al Partido Laborista Brasileno, fue bien recibido por la bancada "ruralista" del Congreso, que representa a los grandes productores agrícolas.

Desde mucho tiempo atrás, políticos y analistas señalaban que difícilmente una reforma agraria para los desposeídos sería promovida por el Ministerio de Agricultura, que está presionado por los intereses de poderosos empresarios del campo.

Con la division realizada, la contradicción no desaparece. Sale del Ministerio de Agricultura, pero persiste en el gobierno, y puede provocar entre los dos ministros conflictos que sólo resolvería el arbitraje del presidente.

Esa experiencia ya tuvo lugar en el gobierno de José Sarney (1985-1990), que también creó un ministerio específico para impulsar un Plan Nacional de Reforma Agraria. La meta consistía en el asentamiento de 1,4 millones de familias y tuvo un cumplimiento de sólo siete por ciento.

El gobierno de Sarney, de conciliación nacional, reunía a las corrientes políticas que contribuyeron a la redemocratización de Brasil después de 21 años de régimen militar. El mosaico de fuerzas contradictorias que lo vertebraba determinó el fracaso agrario y de otros planes, incluyendo el combate contra la inflación.

La administración de Cardoso se parece cada día más a la de Sarney. Elegida por una alianza de socialdemócratas con liberales, tiene ahora participación de siete partidos importantes, la mayoría de derecha.

Cardoso amplió la composición de su gobierno en procura de la mayoría parlamentaria de tres quintos necesaria para las reformas constitucionales que exige su programa de reforma del Estado y de eliminación de reglamentaciones en el área económica.

La conmoción causada por la masacre de abril y la división del Ministerio de Agricultura redundaron en un triunfo parcial para el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), que encabeza la movilizacion campesina.

La cuestión de la tierra ya no pertenece al área de un ministro de Agricultura conservador, pero el presidente no aceptó asumir directamente la gestión del problema.

"La ambiguedad no se resuelve en el Estado", sino por presiones de la sociedad, opinó el sociólogo Herbert de Souza, campeón de las luchas sociales brasilenas e inspirador de una campaña contra el hambre que movilizo a millones de voluntarios y de otra por la "democratización de la tierra".

La lucha por la reforma agraria "tuvo un crecimiento lento, gradual y seguro", pasando de "las pequenas olas a las oleadas actuales", y desplazándose del campo ecónomico al social y político, dijo De Souza.

El tema de la tierra es conflictivo. En los primeros años 60 estuvo en el centro de las disputas y la agitacion política que desembocaron en el golpe militar de 1964, uno de cuyos pretextos fue la defensa de la propiedad, supuestamente amenazada por el comunismo.

El caso es ahora distinto. El actual movimiento por la tierra tuvo origen religioso, vinculado a la iglesia católica, y nació hace más de una década en una región del sur de agricultura familiar, para propagarse luego a todo el país, recordó De Souza.

El movimiento está integrado por familias que piden una parcela para convertirse en pequeños agricultores. Nunca faltan las mujeres ni los niños en sus manifestaciones y en las ocupaciones de predios, dijo el sociólogo. "Son la cara del pueblo brasileno", agregó.

También representan el sector de población pobre que "rechazó el recurso a la mendicidad en las ciudades, mantuvo la dignidad y está dispuesta a morir por ella y por la tierra", puntualizó De Souza.

El MST, frecuentemente criticado por su radicalismo, parece haber ganado la batalla de la opinión pública, incluso en las ciudades. La mayoría de la población brasileña apoya la reforma agraria, segun encuestas.

La Conferencia Episcopal católica declaró el 24 de abril que "la reforma agraria, acompañada de política agrícola orientada a la producción de alimentos para la mesa del pueblo, es una exigencia de la propia democracia", y debe de ser "asumida con coraje y determinacion por el gobierno".

No obstante, esa demanda enfrenta duros obstáculos en el Congreso, que no aprueba leyes para la distribución de tierras, y también en la justicia, que asegura los "derechos adquiridos" de los terratenientes, y en la policía, que mata campesinos sin tierra. (FIN/IPS/mo/ff/pr ip/96)

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