ASIA ORIENTAL: Francia busca comercio en sus viejas colonias

Francia regresa con toda su fuerza al sudeste de Asia, 40 años después de que el poder colonial de París murió de forma humillante a manos de los nacionalistas de Vietnam en la batalla de Dien Bien Phu.

De Tailandia a Birmania, de Laos a Cambodia, los vestíbulos de los hoteles bullen de empresarios, funcionarios y turistas procedentes de Francia, que procuran la ampliación de los vínculos comerciales con la región o la supervivencia en la memoria del pasado colonial de la potencia europea.

A pesar de que la mayoría de los habitantes del sudeste de Asia no tiene inconvenientes en hacer negocios con los franceses, existe una creciente intranquilidad debido al carácter agresivo del que hacen gala, tanto en lo cultural como en lo político, según los lugareños.

La actitud de los asiáticos va de la vigorosa promoción de Francia como un socio en materia de defensa o el impulso del idioma francés a expensas del inglés hasta la resistencia y el resentimiento ante lo que se percibe como arrogancia de los ciudadanos del país europeo.

Los sentimientos antifranceses alcanzaron el clímax a fines del año pasado, cuando las pruebas con armas nucleares emprendidas por el gobierno de Jacques Chirac en el Pacífico Sur despertaron protestas en toda la región.

En un intento por reparar el daño político ocasionado por las pruebas, París lanzó una campaña publicitaria previa a la visita de Chirac a Bangkok a principios de marzo, cuando se reunieron los jefes de estado y de gobierno de Asia oriental y Europa.

El presidente declaró en los avisos que tenía un "asunto amoroso con Asia", y aseguró que su país es una potencia de la que los países de la región pueden esperar apoyo, como una alternativa al que ofrecen Estados Unidos o Gran Bretaña.

"Ya no existe ninguna 'cortina' o 'teoría de dominó' que justifique que dejemos nuestras responsabilidades en materia de defensa en manos de otros", dijo Chirac, al reclamar a los países del sudeste de Asia el establecimiento de alianzas militares propias.

Esta recomendación fue interpretada como un velado intento de horadar la dependencia que el este de Asia tiene en cuestiones militares con respecto a Estados Unidos en la posguerra fría.

Luego de las tensiones entre Estados Unidos y China a causa del hostigamiento militar a Taiwan en marzo, Francia se apresuró a ofrecer apoyo moral y estratético al primer ministro del gigante asiático, Li Peng, durante su visita oficial a París el mes pasado.

"Esta fue la señal más clara del interés de Francia en Asia. Quedó claro que Francia estaba pronta para hacer cualquier cosa para ganar el mercado de China y no perturbar a Beijing", dijo Jean-Marie Boissou, especialista en asuntos asiáticos del Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales.

Esta estrategia dio sus frutos. Además de fortalecer sus lazos con China, Francia ganó para su industria un contrato de 1.500 millones de dólares para la fabricación de aviones en detrimento de la estadounidense Boeing, que también pretendía el encargo.

La inversión directa de Francia en China alcanzó, en 1993, 162 millones de dólares, y se incrementó en forma sostenida desde entonces, aunque no alcanza el monto de la de Estados Unidos o Japón. Además, desde comienzos de esta década, Francia también ha invertido fuertemente en Indochina y Birmania.

La inversión directa francesa en Singapur fue de 613 millones de dólares en 1993, mientras la que recibió Tailandia ascendió a 127 millones de dólares.

En sus antiguas colonias de Vietnam, Camboya y Laos, París vertió millones de dólares en asistencia a proyectos educativos y culturales, mientras el sector privado francés se ubicó persistentemente en la lista de los cinco mayores inversores.

Al mismo tiempo, las instituciones francesas en la región han promocionado el uso de la legislación civil francesa en lugar de la mezcla de los sistemas estadounidense y británico que rige en los países del sudeste de Asia.

"Chirac dispuso un resurgimiento de la diplomacia gaullista" (por el ex presidente Charles De Gaulle), dijo el analista político Alain Duhamel, quien destacó la atención que presta París a sus antiguas colonias en Medio Oriente y Asia oriental.

Un diplomático asiático que reclamó anonimato dijo en Phnom Penh que "los franceses aún consideran Indochina como un territorio de su propiedad, y son muy posesivos frente a otros países que operan en el área".

Esta actitud no le ganó muchos amigos a Francia. El año pasado, por ejemplo, los estudiantes de Phnom Penh salieron a las calles cuando un instituto de enseñanza técnica que recibe asistencia financiera francesa intentó impedir que los cursos fueran impartidos en inglés.

Los estudiantes argumentaron que el idioma inglés, y no el francés, era verdaderamente internacional y, por lo tanto, su conocimiento le garantizaría la obtención de empleos.

Por otra parte, los intelectuales de Indochina no perdonaron a Francia su intento de reestabler el régimen colonial después de la segunda guerra mundial, lo que provocó lamuerte de millones de ciudadanos inocentes.

Los críticos acusan a París de usar sus programas bilaterales de asistencia que, afirman, suponen un "soborno" a organizaciones de Indochina para que adopten las prácticas culturales y sociales francesas.

"Francia procura regresar al sudeste de Asia o Indochina y fortalecer su presencia mediante la promoción del legado francófono, pero su estrategia no es efectiva, especialmente en países como Vietnam, que se ha volcado hacia Estados Unidos", admitió Boissou.

"Si Francia se deja dominar por la nostalgia de los días de gloria de la Indochina francesa, está destinada al fracaso", agregó.

Francia, de todos modos, deberá recorrer un largo camino antes de que pueda establecer el mismo tipo de presencia cultural o económica que ostentan Estados Unidos o Japón en la región.

A lo largo de la década del 80, Francia se mantuvo apenas a la par de otros países europeos, como Gran Bretaña y Alemania, en cuanto a inversiones y esfuerzos diplomáticos. La inversión de la Unión Europea en el área se en tercer lugar, por lejos atrás de Japón y Estados Unidos, con 13 por ciento del total en 1994.

Pero Francia pretende un papel internacional independiente de la Unión Europea, como lo demostró recientemente cuando presentó una iniciativa de paz autónoma para Líbano, sin relación con la del bloque.

"Una aproximación más efectiva debería ser no solo francesa, sino europea, porque Europa en su totalidad puede imponer su peso frente a Estados Unidos y Japón. Y no deberá ser meramente mercantil, sino incluir un compromiso de diálogo político", acotó Boissou.

Mientras tanto, muchos en la región observan de cerca si Francia aprendió su lección de la historia o está condenada a repetirla. (FIN/IPS/tra-en/tg/ao/rj/mj/ip if/96)

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