GHANA: Fiebre del oro, fuera del control ambiental

La fiebre del oro de desató en la región del Alto Este -en el extremo nordeste de Ghana- a fines de 1995, mucho después que en otras partes del país, pero los pequeños mineros han desbordado el control ambiental en la zona.

El virus atacó por última vez en 1989, cuando fue aprobada una ley que permitió trabajar a los buscadores de oro, a condición de que obtengan el correspondiente permiso de la Comisión de Metales Preciosos y vendan a este organismo estatal el metal extraído.

Antes de esa ley, los "galamsey" (buscadores, en la lengua local) operaban ilegalmente y vendían su oro a intermediarios que lo contrabandeaban fuera del país. La ley de 1989 ha reducido el contrabando y a la vez ha estimulado a miles de personas a dedicarse al oficio de buscadores del preciado metal.

Las compañías mineras más conocidas no operan en el Alto Este, ni siquiera lo hace la multinacional ghanesa Ashanti Goldfields Company -que extrajo 93 por ciento del millón de onzas de oro producidas en Ghana en 1995-, así como tampoco las firmas de tamaño mediano.

Toda la explotación en aquella región es realizada por los galamsey, que son acusados de degradar el ambiente y poner en peligro la salud de los habitantes.

"Ya es hora de que la policía comience a arrestar a estos buscadores antes de que la situación se le vaya de las manos", dijo un residente de Bolgatanga, la capital regional. "Están destruyendo todo, incluso nuestro hermoso bosque".

Después de dos meses de llegar a las cercanías de Bolgatanga, donde se encuentra la reserva forestal de Shirugu -190 kilómetros cuadrados-, los buscadores habían talado ya 22 hectáreas de árboles. A principios de abril, el ejército retiró más de 4.000 mineros del bosque, para evitar una mayor destrucción.

Un alto funcionario de la administración regional del Alto Este informó a IPS que la mayoría de los buscadores están trabajando ilegalmente. "Sólo se concedieron 33 permisos de un total de 200 solicitudes".

Muchos de los buscadores ilegales ignoran los peligros a los que ellos mismos se exponen. Cinco de ellos murieron de asfixia el mes pasado en el distrito de Bawku West, al noreste de Bolgatanga.

Bolgatanga ha sufrido de variadas formas las consecuencias de la fiebre del oro, incluyendo la destrucción de un equipo vital para una estación meteorológica a la que le fue robado el mercurio que los buscadores usan para separar el oro de la roca, perjudicando a los agricultores de la región.

Los residentes de la zona sostienen que la técnica usada para extraer las partículas de oro es perjudicial para la salud de la población y para el ambiente. Los mineros llevan cantidades de piedras a Bolgatanga, donde las pulverizan en molinos de grano, echando al aire nubes de polvo.

Jonathan Kumi, uno de los galamsey, explicó que los mineros debieron llevar las piedras a las áreas residenciales porque no existen molinos en los lugares de explotación, ni el agua suficiente para lavar la roca, operación que también forma parte del proceso de extracción.

Otra razón, según Kumi, es que los empresarios de Bolgatanga, que han invertido grandes cantidades de dinero en el negocio del oro, quieren que sus mineros lleven las piedras a pulverizar en la ciudad, como forma de mantener una vigilancia sobre ellos.

No obstante, al realizar esa operación en la ciudad, los mineros también envenenan el agua que se suministra a la misma, ya que el mercurio que utilizan es lavado en las corrientes cercanas.

Entretanto, el gobierno asegura que está tomando medidas para que las operaciones de los galamsey se realicen de forma correcta y segura para preservar las condiciones ambientales, además de reprimir a los que trabajan sin licencia. (FIN/IPS/tra-en/dk/kb/arl/en/96)

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