La proximidad de grandes acontecimientos deportivos en Brasil pavimenta una nueva ruta del trabajo esclavo entre quienes migran del campo a los centros urbanos en busca de empleo.
La presión para terminar a tiempo los 12 estadios de fútbol de Brasil en los que se jugará desde junio la Copa Mundial de la FIFA impone jornadas extenuantes, de hasta 18 horas, y amplía el riesgo de accidentes y
Irrumpieron masivamente en los centros comerciales para divertirse. Pero la respuesta, una mezcla de temor, admiración y dura represión, hizo surgir en Brasil un nuevo movimiento juvenil, el de los “rolezinhos”.
Brasil reavivó sus glorias futbolísticas al ganar la Copa FIFA Confederaciones, pero este deporte perdió consenso en la sociedad. Alegró a millones, pero también se hizo fuente de la indignación que incendió el país.
Los preparativos de Brasil para acoger varios megaencuentros deportivos ocultan la intervención autoritaria de los poderes públicos y la violación de los derechos humanos, en favor de grandes proyectos urbanísticos y de remodelación de estadios, denunció un estudio.