SRI LANKA: Cuando las lluvias no llegan

Sri Lanka depende mucho del agua, por lo que es particularmente vulnerable a los cambiantes patrones de lluvias y temperaturas. Crédito: Amantha Perera/IPS
Sri Lanka depende mucho del agua, por lo que es particularmente vulnerable a los cambiantes patrones de lluvias y temperaturas. Crédito: Amantha Perera/IPS

Para muchos srilankeses, los efectos del cambio climático pueden sintetizarse en una sola palabra: lluvia.

"El mayor impacto (del cambio climático) es la lluvia o su falta", dijo W L Sumathipala, experto en el cambio de los patrones climáticos, a IPS.

"La disponibilidad de agua puede impactar en múltiples cosas en Sri Lanka, desde los cultivos hasta la generación de electricidad o la moneda", agregó Sumathipala, quien antes estuvo al frente de la Unidad de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente.

Los últimos seis meses, con su implacable combinación de precipitaciones escasas y temperaturas abrasadoras, demostraron la veracidad de sus palabras. El hecho de que en la temporada monzónica no cayeran suficientes lluvias tuvo serias consecuencias en las vidas de los srilankeses, sus medios de sustento y la economía en general.

En los distritos de la región centro-norte, vital para la cosecha arrocera del país, se secaron pequeñas reservas de agua destinada a la irrigación. Y otras más grandes, alimentadas por ríos, dejaron de ser útiles para los agricultores porque sus volúmenes se redujeron demasiado.
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El agua del Parakrama Samudraya, un tanque de 20 kilómetros cuadrados ubicado en el distrito de Polonnaruwa, solo llegaba a ocho por ciento de su capacidad en la primera semana de este mes, debido a la falta de precipitaciones.

"Esta es probablemente la peor (sequía) que hemos tenido en los últimos años", dijo R M Karunarathna, un ingeniero experto en irrigación, a IPS.

Casi seguramente, la sequía tendrá severos efectos sobre la cosecha de arroz. Los agricultores que dependen del Parakrama Samudraya y las reservas vinculadas a él han realizado protestas públicas, alertando que ya se perdieron más de 16.000 hectáreas de arrozales.

Más al norte, según las últimas actualizaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el país, la falta de agua amenaza con deshacer las ganancias logradas desde el fin de la guerra civil, en mayo de 2009, en áreas que hasta entonces habían sido escenario de los combates.

El conflicto había comenzado en 1983, tras una serie de ataques de la comunidad cingalesa, mayoritaria en este país, contra la tamil, que luchaba por la separación del norte y este de Sri Lanka, donde era predominante.

"El retraso de las lluvias monzónicas en el noroccidente causó una severa sequía en el país, afectando a su sector agrícola (y) amenazando con destruir la mayor parte de los rendimientos previstos para el arroz, las verduras y otros cultivos alimentarios", alertó la ONU. Según el Ministerio de Agricultura, unas 60.700 hectáreas de tierras de cultivo corren peligro de ser destruidas, agregó.

La falta de agua también hizo que la capacidad eléctrica de Sri Lanka pasara a depender casi por completo de la energía térmica.

En un año promedio, la energía hidroeléctrica alcanza para cubrir alrededor de 42 por ciento del suministro del país, dijo Thilak Siyambalapitiya, asesor en energía y exingeniero del Consejo de Electricidad de Sri Lanka, en conversación con IPS.

En años durante los cuales las lluvias fueron excepcionalmente altas, por ejemplo entre fines de 2010 y principios de 2011, el aporte de las fuentes hidroeléctricas llegó a 50 por ciento.

De hecho, en 2011, el Consejo de Electricidad de Ceilán (antiguo nombre de Sri Lanka) registró un año de inusuales ganancias, en buena medida debido al componente hidroeléctrico, dijo Siyambalapitiya.

"Este año seremos afortunados si el Consejo puede satisfacer algo así como 25 por ciento (de las necesidades de iluminación) a partir de fuentes hidroeléctricas", pronosticó. Pero incluso ese planteo puede ser optimista: para comienzos de este mes, menos de 15 por ciento de la electricidad requerida se había sastisfecho mediante represas.

Generar una unidad de electricidad por esa vía cuesta alrededor de un centavo de dólar, mientras que los costos de la energía térmica aumentan el precio a siete centavos para el carbón, a 11 para el combustóleo y 18 centavos para el diésel. "Las diferencias de costo son exorbitantes", dijo Siyambalapitiya.

Para colmo de males, la rupia srilankesa se ha devaluado ante el dólar desde fines del año pasado.

A mediados de noviembre de 2011, el Banco Central dejó de intervenir para fortalecer la moneda, y en los ocho meses siguientes la rupia se debilitó alrededor de 17 por ciento.

"Cuando las lluvias no llegan y el calor evapora el agua superficial, esto es lo que obtenemos", dijo Sumathipala.

Es probable que el fenómeno continúe. Los expertos pronostican que la escasez hídrica jugará un rol crucial en los próximos años.

El último informe anual del Banco Central señaló que, en las últimas dos décadas, las temperaturas registraron un aumento de 0,45 grados. Un aumento de 0,5 grados puede reducir 5,9 por ciento los rendimientos de la cosecha de arroz.

El Banco agregó que esto sería desastroso para los 1,8 millones de habitantes -cerca de 10 por ciento de la población del país- que dependen de la agricultura para sobrevivir.

"Sri Lanka es vulnerable al impacto del cambio climático, en buena medida debido a que depende de modo crucial de los recursos hídricos para la biodiversidad, la seguridad alimentaria, los medios de sustento y la generación eléctrica", según el informe.

La Segunda Comunicación Nacional sobre Cambio Climático 2012, un informe del Ministerio de Ambiente, también confirmó que el patrón de altas temperaturas y pocas lluvias tendrá un enorme impacto sobre las cosechas de arroz.

El mismo reporte reveló que, debido a esos cambios en las temperaturas y las precipitaciones, mientras la zona seca será cada vez más seca, es probable que la húmeda se vuelva más lluviosa de lo necesario. Incluso sugirió transportar el agua excedentaria a las dos zonas.

La alta concentración de lluvias en la zona húmeda aumenta el riesgo de daños vinculados a las inundaciones, además de la propagación de enfermedades como el dengue.

En los últimos cinco años aumentó la cantidad de casos de dengue en Sri Lanka durante y después de las lluvias monzónicas, especialmente en áreas urbanas llanas como la capital.

Colombo es vulnerable a inundaciones repentinas, dado que las partes bajas de la ciudad "quedan bajo agua cada vez que hay lluvias intensas incluso por unas pocas horas", según el informe.

Los expertos sostienen que para acompasar los cambios en la disponibilidad de agua, es vital una mejor coordinación entre las empresas públicas y privadas y los expertos.

"Algunos de los cambios y patrones pueden pronosticarse, pero necesitamos una mejor comunicación para estar listos para ellos", dijo a IPS la directora de la Unidad de Cambio Climático del Departamento Meteorológico, Malika Wimalasuriya.

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