Pérdida de abejas pone en peligro ecosistemas latinoamericanos

De acuerdo con un estudio realizado en Argentina, las principales amenazas contra las abejas melíferas incluyen pérdida de biodiversidad, plagas e impacto de agroquímicos usados en la agricultura intensiva. Foto: Michael Mueller/Flickr
De acuerdo con un estudio realizado en Argentina, las principales amenazas contra las abejas melíferas incluyen pérdida de biodiversidad, plagas e impacto de agroquímicos usados en la agricultura intensiva. Foto: Michael Mueller/Flickr

BUENOS AIRES – La salud de las abejas melíferas —las de mayor distribución en el mundo— experimenta importantes amenazas en Argentina, el mayor productor de miel en América Latina, que pierde 34 por ciento de sus colonias al año.

Al igual que en otros países, las amenazas incluyen pérdida de biodiversidad, plagas e impacto de agroquímicos usados en la agricultura intensiva. A ello se suman factores asociados con las prácticas apícolas, como el estado sanitario y el manejo de las colmenas, advierte un estudio publicado en la revista Veterinary Sciences.

El trabajo involucró monitoreos sobre 506 colmenas y encuestas a 53 apicultores de la provincia argentina de Santa Fe. Lo lideraron investigadores de la Universidad Nacional de Rosario y del Programa Salud Apícola Latinoamérica, del centro de biotecnología de sistemas Fraunhofer Chile Research.

Su difusión se alimenta en este jueves 20, cuando se celebra el Día Mundial de las Abejas, que promueve el papel fundamental para la biodiversidad de uno de los mayores insectos polinizadores.

“Con abejas reinas jóvenes, sanas y de calidad genética certificada, las colmenas producen más crías, aseguran una mayor población de abejas adultas y en consecuencia aumentan las reservas de alimento, lo que se expresa en más salud y producción”: Mayda Verde.

Argentina es el mayor productor de miel en América Latina con 7,4 por ciento de las exportaciones mundiales, pero en este país las pérdidas de sus colonias se estiman en 34 por ciento.

Como en buena parte del Cono Sur, sus emprendimientos de miel están cercados por cultivos de soja, trigo, sorgo, maíz y girasol. Esa fragmentación del hábitat altera la flora, la fauna y los suelos. “La intensificación en el uso de agroquímicos lleva a una alta tasa de mortalidad en las colonias a causa del envenenamiento”, advierte el estudio financiado por Bayer AG.

Los perjuicios no se reducen a la productividad de la miel. La tarea de polinización de las abejas es responsable de mantener la mayor parte de la diversidad de plantas y sus organismos asociados en el planeta.

En Estados Unidos, donde la producción está más orientada a la polinización de cultivos, las colmenas disminuyeron 59 por ciento entre 1947 y 2005.

El “síndrome de colapso de colonias” se produce cuando las abejas obreras desaparecen repentinamente y empiezan a bajar las reservas de alimento para la reina y su cría. Algunas mueren, otras se resisten a comer y la colonia termina por desaparecer.

En América Latina “se han reportado muertes masivas en varios países del sur”, recuerda Mayda Verde, investigadora del programa de Fraunhofer y coautora del estudio, en un e-mail a SciDev.Net. Las pérdidas en Argentina, Chile, Uruguay y Brasil oscilan entre 30 y 50 por ciento.

El ácaro Varroa destructor es considerado el principal problema sanitario de la apicultura. La aplicación de tratamientos como el ácido oxálico tiene consecuencias en el desarrollo de parásitos resistentes, lo que a su vez repercute en bajas en la productividad.

El estudio identificó otros factores de manejo de la colmena que perjudican las cosechas, como las demoras en el reemplazo de la abeja reina. Para que la colmena produzca en su máxima capacidad, este reemplazo debería hacerse cada un máximo de dos años en zonas frías y un año en las calientes.

Debido a los altos costos de las reinas fecundadas (unos 13 dólares en Argentina), el cambio anual solo se concreta en 13 por ciento de los casos.

Ante este panorama, Verde recomienda establecer programas de selección y mejoramiento genético en centros especializados. “Con abejas reinas jóvenes, sanas y de calidad genética certificada, las colmenas producen más crías, aseguran una mayor población de abejas adultas y en consecuencia aumentan las reservas de alimento, lo que se expresa en más salud y producción”, explica.

El trabajo también reveló que, para compensar los déficits nutricionales de las colonias, solo 17 por ciento de los productores combina los suplementos energéticos con proteínas, algo imprescindible para bajar las tasas de infestación.

Además de compensar ese balance, los planes nutricionales deberían adaptarse a las curvas de floración y a las etapas de escasez o alto requerimiento, precisa en otro correo electrónico Martín Porrini, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina e integrante de la Sociedad Latinoamericana de Investigación en Abejas, que no participó en el estudio.

Los entrevistados coinciden en que el denominador común detrás de estos problemas es la ausencia de políticas públicas especializadas. “Siempre fueron inconstantes”, plantea Porrini, que también es apicultor.

“Urge vincular a la academia con el desarrollo armónico del sector, que las investigaciones respondan a los problemas que afectan la productividad y la diversificación de las producciones contribuya a la formación del capital humano”, advierte Verde.

Esas metas solo podrán alcanzarse cuando los gobiernos identifiquen a la apicultura como un sector productivo de interés, advierte Verde, que recuerda la paradoja central que hoy sobrevuela la relación entre humanos y abejas: el uso imprudente de plaguicidas enferma a los mismos polinizadores de los que dependen los cultivos.

Este artículo se publicó originalmente en SciDevNet América Latina.

RV: EG

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