GUATEMALA: Alianza múltiple declara guerra al hambre

«Ahora recibo víveres para alimentar a mis hijos y tengo un huerto familiar donde cosecho zanahoria, cebolla y remolacha», dice esperanzada Marta Quinilla, originaria de Uspantán, una zona al noroeste de la capital guatemalteca que fue asolada por la larga guerra civil.

Esta indígena de la etnia maya quiché pertenece a una de las 10.250 familias beneficiarias del Programa Maya de Seguridad Alimentaria, una iniciativa multisectorial que desafía la desnutrición crónica en los municipios de Sacapulas, Cunén, Nebaj, Cotzal, Chajul y Uspantán, en el departamento de Quiché.

El enfrentamiento armado entre la guerrilla izquierdista y las fuerzas del Estado (1960-1996) dejó 250.000 muertos y desaparecidos. Pero fue Quiché, con mayoría de indígenas, el que llevó la peor parte al registrar 344 de las 669 masacres documentadas y 45 por ciento de las violaciones a los derechos humanos, según la independiente Comisión para el Esclarecimiento Histórico.

No es casualidad, entonces, que hoy sea uno de los departamentos más pobres del país a juzgar por sus indicadores. Por ejemplo en los seis municipios atendidos por el Programa Maya de Seguridad Alimentaria, los índices de desnutrición infantil oscilaban entre 65 y 78 por ciento en 2008, según el Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá.

Así que labores como la de esta iniciativa tienen especial importancia para estas familias, especialmente luego de que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) advirtió que la situación alimenticia de América Central "es crítica" por el alza de los precios de los productos agrícolas.
[related_articles]
"Me dan arroz, fríjol, aceite y leche de cabra para mi niño de un año y ocho meses", cuyo peso también es controlado, relata Quinilla, quien se dedica al cuidado de sus dos hijos, mientras su esposo trabaja en la agricultura.

El programa entrega cada mes una ración de 40 libras de soja, fríjol, arroz y aceite a las familias atendidas, a cuyas madres y padres también enseña prácticas de alimentación sana a través de escuelas, ferias y teatro ambulatorio.

Además provee leche de cabra, como parte de toda una estrategia alimentaria, focalizada en mejorar el estado nutricional de los niños menores de tres años que suman 9.572 en los municipios atendidos.

La iniciativa, en la que coparticipan la organización humanitaria Save the Children, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), la Fundación Frito Lay y organizaciones comunitarias, también promueve servicios y practicas mejoradas en medios de vida, recursos naturales y gestión de riesgo, y desarrollo empresarial.

"Recibimos capacitación para producir semillas mejoradas y para abrirle espacio a nuestro producto en el mercado", dijo a IPS Manuel Ajcot, un microempresario dedicado al cultivo de papa en la comunidad El Caracol, ubicada a 15 kilómetros de Uspantán.

Un grupo de 20 agricultores de la zona sembró en mayo cinco cuerdas (2.200 metros cuadrados) de papa para la firma trasnacional estadounidense Frito Lay, subsidiaria de Pepsico, la fabricante de Pepsi-Cola, con la oferta de que, si el producto satisface sus necesidades, sembrarán 400 cuerdas (176.000 metros cuadrados) del tubérculo cuya cosecha será comprada por esa corporación.

"Si demostramos que esta variedad sembramos se adapta, nos pagarían 200 quetzales (26 dólares) por quintal, cuando normalmente lo vendemos a 125 quetzales (16 dólares)", dijo Ajcot.

Todo apunta a que este esfuerzo multisectorial ha valido la pena.

Leonardo Argueta, subgerente técnico del Programa Maya de Seguridad Alimentaria, señaló a IPS que en esta segunda fase del proyecto, vigente desde 2007, ha reducido la desnutrición crónica infantil de 78,7 a 74,4 por ciento en el área de cobertura.

Argueta achacó esta deficiencia nutricional al bajo consumo de proteína animal derivado de las carencias por los altos índices de pobreza de esos municipios.

Es que entre 86 y 95 por ciento de la población de la zona sufre pobreza, mientras que entre 29 y 41 por ciento directamente son indigentes, lo cual los convierte en seis de los 125 municipios más paupérrimos de Guatemala, según la gubernamental Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia.

Guatemala es uno de los países más desiguales del mundo, con alrededor de 80 por ciento de la tierra productiva en manos de cinco por ciento de la población, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Datos de otros organismos añaden que uno de cada dos niños y niñas de hasta cinco años sufre desnutrición crónica, la tasa más alta de América Latina.

Por eso, el experto considera fundamental lograr que la gente aprenda e implemente prácticas mejoradas para la producción y consumo de alimentos. "Lo que buscamos es cómo generar capacidades en las comunidades para que el conocimiento y las prácticas se queden cuando el programa se vaya", explicó.

Además de las carencias, los técnicos deben lidiar con los hábitos tradicionales de alimentación, como usar "un solo plato de comida para la mamá y el hijo, cuando cada uno debe tener el suyo, u obligar a los niños a comer cuando lo hacen los padres, dos o tres veces al día, cuando los menores comen a cada rato", narró.

Parte del trabajo del programa es también la gestión de riesgos a través de la cual han promovido el desarrollo de viveros con plantas forestales y frutales, los cuales son sembrados en laderas, cuencas de los ríos y otros sitios deforestados.

Así, el programa contribuye a mejorar la calidad de vida de estas comunidades y también a generar expectativas hacia el futuro.

"Tenemos esperanzas de salir adelante con este apoyo a los microempresarios. Lo que quiero es sacar adelante a mis siete hijos", dijo a IPS Andrés Reynoso Sajbin, un productor de papa de micro escala de la Aldea Macalajau, situada a nueve kilómetros de Uspantán.

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe