ESTADOS UNIDOS-IRAQ: Qué sigue

La gran pregunta este miércoles en la capital estadounidense es qué vendrá tras el derribo de estatuas del presidente iraquí Saddam Hussein en Bagdad, y esa interrogante no abarca sólo Iraq y Medio Oriente, sino toda la política internacional.

Para empezar, las tropas estadounidenses y británicas que invadieron Iraq deben sofocar focos de resistencia en la capital y la sudoriental ciudad de Basora, poner fin al saqueo y el caos en esas urbes y muchas más, y decidir cómo se tomarán con el menor derramamiento de sangre posible las que aún no controlan.

Entre esas ciudades sin conquistar están la de Kirkuk, la de Mosul, y la de Tikrit, donde nació Saddam Hussein, todas al norte de Bagdad.

Los invasores también deben instalar una autoridad de ocupación, que preparan en Kuwait desde el mes pasado, y afrontar la escasez de insumos médicos en Bagdad, donde hubo miles de víctimas en los últimos días, así como la situación humanitaria general de Iraq, que se ha vuelto especialmente desesperada en áreas del sur, debido a falta de agua.

El columnista Thomas Friedman, del diario estadounidense The New York Times, afirmó en un artículo publicado este miércoles que esas regiones regresaron a ”un estado de naturaleza primordial y prepolítico”.

”Estados Unidos quebró a Iraq, ahora posee Iraq, y también la responsabilidad primaria de normalizar” ese país, alegó Friedman, quien apoyó el ataque.

Pero el columnista expresó dudas de que los principales halcones del equipo de gobierno encabezado por el presidente George W. Bush estén dispuestos a afrontar tal responsabilidad.

Por ahora es difícil predecir qué ocurrirá con la reconstrucción de Iraq. El gobierno pareció muy satisfecho por lo que describió como manifestaciones espontáneas de bienvenida a las tropas estadounidenses en Bagdad, pero hay informes muy preocupantes sobre la situación en otras ciudades.

Según esos informes, las Fuerzas de Operaciones Especiales estadounidenses dieron luz verde a milicias locales iraquíes para imponer un reinado del terror en ciudades como la meridional Najaf.

”Ahora la guerra es por los corazones y las mentes, lo sepa el gobierno (estadounidense) o no. La ocupación será un gran desastre si nos permitimos errores de este tipo”, comentó un funcionario del Congreso que pidió no ser identificado, en relación con las noticias sobre desmanes de milicias.

Los consejos sobre qué hacer en Iraq llueven sobre Bush, desde dentro y fuera del gobierno.

Los halcones gubernamentales parecen deseosos de formalizar la ocupación cuanto antes, y han planteado en forma tentativa realizar este sábado una conferencia de grupos iraquíes que se oponían a Saddam Hussein, para sentar las bases de una Autoridad Interina Iraquí (AII).

Esa Autoridad sería en primera instancia asesora de los ocupantes, quienes luego le traspasarían poderes gradualmente.

El favorito de los halcones del gobierno para presidir la AII es Ahmed Chalabi, cofundador y actual presidente del Congreso Nacional Iraquí, una coalición de opositores a Saddam Hussein apoyada desde hace años por Washington.

Chalabi y 500 de sus seguidores llegaron el domingo en avión a la sudoriental ciudad iraquí de Nasiriya, controlada por los invasores, y comenzaron de inmediato una intensa ronda de contactos políticos, para gran desaliento de otras figuras opositoras a Saddam Hussein con aspiraciones de protagonismo.

Los halcones, liderados por el vicepresidente Dick Cheney, el secretario (ministro) de Defensa, Donald Rumsfeld, y los principales asesores de ambos, quieren establecer hechos consumados, antes de que se articulen negociaciones internacionales sobre el futuro de Iraq.

Esas negociaciones, impulsadas por el secretario de Estado (canciller) Colin Powell y el primer ministro británico Tony Blair, con quien se reunió Bush en Belfast a comienzos de esta semana, podrían llevar a que el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) asuma un papel central en las decisiones de posguerra.

Los halcones pretenden limitar el papel de la ONU a la asistencia humanitaria, la reconstrucción y la propuesta de integrantes de la AII.

El ala derecha del gobierno de Bush se siente reivindicada por el éxito de la operación, en particular luego de fuertes críticas de militares retirados cuando las tropas estadounidenses parecieron empantanadas ante una resistencia iraquí mucho más fuerte que la prevista.

Cheney sostuvo este miércoles que tanto la reconstrucción como la creación de un nuevo gobierno iraquí deberán ser responsabilidad de Washington. ”No creemos que la ONU esté equipada para desempeñar ese papel central”, afirmó.

Cheney y Rumsfeld exhibieron un estado de ánimo triunfalista este miércoles, cuando la victoria parecía a la vista.

Pero Rumsfeld señaló que la batalla aún no ha terminó por completo, y aprovechó la ocasión para advertir que los cañones podrían apuntar ahora a Siria, acusado por Estados Unidos de haber suministrado armas a Iraq.

Pero el Departamento de Estado y Blair, al igual que figuras influyentes fuera del gobierno, aún procuran ampliar la participación y responsabilidad internacionales en la posguerra, entre otras razones para reparar el vínculo de Washington con Alemania, Francia y Rusia, dañado por la oposición de esos tres países a la guerra.

Como en anteriores disputas internas, el ala moderada del gobierno cuenta con el respaldo de ex funcionarios de la presidencia de George Bush (1989-1993), padre del actual mandatario, como el ex consejero de Seguridad Nacional Brent Scowcroft.

En una conferencia en el Instituto Nobel de Oslo, Scowcroft recomendó el martes que el Consejo de Seguridad organice la administración del Iraq de posguerra.

El propio George Bush padre afirmó públicamente que es prioritario recomponer vínculos con los países europeos que se opusieron a la guerra. Pero no está claro si su hijo está de acuerdo con eso.

De todos modos, figuras cercanas a los halcones del gobierno realizaron recomendaciones similares, entre ellas Robert Kagan, cofundador del derechista Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC, por sus siglas en inglés), quien manifestó una postura contraria a la de muchos de sus aliados.

Kagan aconsejó a Washington dejar de promover a Chalabi en Iraq, en una columna publicada este miércoles y titulada ”Resistir tentaciones superpoderosas”.

”El gran éxito del presidente Bush se verá desacreditado, si empieza a parecer que Estados Unidos libró una guerra para ubicar a Chalabi en el poder”, escribió.

Bush también deberá resistir la tentación de castigar a tradicionales aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, y en especial a Alemania, Francia y Turquía, por oponerse a la guerra, como quieren la mayoría de los legisladores del gobernante Partido Republicano y algunos del opositor Partido Demócrata, así como figuras del Poder Ejecutivo, alegó Kagan.

”La única superpotencia mundial no necesita guardar rencor, y a veces no puede darse el lujo de hacerlo”, y castigar a Turquía sería, en especial, ”política y estratégicamente una locura”, dada la pretensión estadounidense de construir un Iraq democrático, añadió.

El mes pasado, Kagan y otras figuras del PNAC, entre ellas su presidente William Kristol, pidieron a Bush en una carta abierta que procurara respaldo del Consejo de Seguridad a las autoridades de posguerra de Iraq.

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe