BIODIVERSIDAD: Investigar para conservar ballenas francas

Cuando una ballena franca que nada en el Atlántico norte, cerca de la nororiental ciudad estadounidense de Boston, canta a las tres de la madrugada, suena un teléfono en un pequeño pueblo del estado de Nueva York.

Las ballenas francas nadan en aguas llenas de peligros Crédito: Acuario de Nueva Inglaterra
Las ballenas francas nadan en aguas llenas de peligros Crédito: Acuario de Nueva Inglaterra

Un analista especialmente entrenado atiende su celular, lee el mensaje de texto que le informa sobre la ubicación de una de las apenas 400 ballenas que quedan en el mundo, y salta de la cama hacia su computadora.

Luego de ver más datos, decide telefonear, para dar una alerta de emergencia, a un buque cisterna de gas natural licuado.

«Puede ocurrir que los saquen de la cama. No es un trabajo fácil», dijo Chris Tremblay, gerente del sistema de alerta, sobre los 15 analistas. La Red de Escucha de Ballenas Francas es administrada por el Laboratorio de Investigación en Bioacústica de la Universidad de Cornell.

El sistema de alerta de Cornell trabaja 24 horas al día, siete días a la semana, cada vez que se detecta un llamado de ballena en cualquiera de las 16 boyas de escucha instaladas cerca de Boston, o las 10 que flotan cerca de la ciudad de Nueva York.
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Los analistas soportan esos extraños horarios de trabajo porque consideran que se trata de una oportunidad para proteger a uno de los animales más amenazados del mundo, explicó Tremblay.

«Sienten que están haciendo algo importante», dijo Tremblay para este artículo.

Con 65 toneladas y 15 metros de largo, estas ballenas no se apresuran. Avanzan pesadamente a través de las frías aguas de la costa este de América del Norte, llegando a la canadiense bahía de Fundy, a velocidades máximas de apenas 16 kilómetros por hora, como lo han hecho por miles de años.

Estos mamíferos nadan con sus bocas ampliamente abiertas, para alimentarse y para llamar a sus pares.

«Lo único que se puede decir es que son muy extrañas», dijo a esta periodista Charles «Stormy» Mayo, científico del Centro Provincetown para los Estudios Costeros.

«Una boca gigante ocupa el tercio frontal del animal. Tiene enormes paredes de barbas o láminas córneas (en vez de dientes), lo que permite esta capacidad de filtrar unas cantidades monstruosas de agua», agregó.

«Tienen colas mucho más grandes que otras ballenas porque las necesitan para que sus bocas gigantes se abran paso en el agua», dijo Mayo, quien desde hace 35 años estudia qué, dónde y cómo comen estos cetáceos.

La ballena franca del Atlántico norte fue objeto de caza, a tal punto que en el siglo XIX estuvo al borde de la extinción y su población no se ha recuperado.

Actualmente, las aguas donde nadan las ballenas están saturadas de buques cisterna, naves pequeñas y botes pesqueros, y también de redes de enmalle (que, generalmente rectangulares, se mantienen tensas cerca de la superficie del agua mediante flotadores), así como cordeles y aparejos de pesca.

Mueren principalmente al colisionar con barcos y enredarse en los aparejos, explicó Mary Colligan, experta en ballenas de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica.

Colligan es una de cientos de conservacionistas, investigadores y especialistas del gobierno que intentan desesperadamente impedir que las ballenas se extingan.

«Nuestro objetivo es llegar a cero enredo. Es un problema muy difícil, porque no hay una solución fácil», dijo.

Por lo general, las ballenas viven hasta 70 años, pero hoy en día el ciclo vital promedio es de apenas 15, principalmente por causas humanas, según el programa de bioacústica de Cornell.

Más de 75 por ciento de las ballenas francas tienen cicatrices producidas por las hélices de los barcos o por los aparejos utilizados para la pesca comercial, según el Centro Provincetown.

«En los enredos más severos, el equipo queda atrapado en la boca e impide la alimentación», dijo Colligan.

La población ballenera se redujo durante décadas. Desde alrededor de 1999 se aplican normas pesqueras y de circulación de embarcaciones, así como elaborados sistemas de alerta como el instalado en Boston.

«Las aguas a través de las cuales migran, y sus habitat, ahora son más seguros gracias a las medidas de conservación que hemos podido implementar», dijo para este artículo Moira Brown, científica del Acuario de Nueva Inglaterra.

En los últimos tiempos, «las cosas vienen mejor aspectadas para las ballenas francas», sostuvo.

Tras años de declive, la población de ballenas ha comenzado a aumentar a un ritmo de uno por ciento anual. En lo que va de 2009 nacieron 39 ballenatos, todo un récord, según Brown.

Su dedicación a estos mamíferos la hace adentrarse en el mar, cerca de Boston, en enero, cuando la temperatura es de seis grados bajo cero en tierra. Brown se turna con otros miembros de la tripulación, parada sobre la cubierta, para observar y fotografiar a las ballenas.

Todos los integrantes del equipo visten trajes de una sola pieza, debidamente aislados. Y «con un flotador, solamente a los efectos de la seguridad», explicó.

Las fotografías son ingresadas a una base de datos de cada ballena conocida, con la que contribuyen muchos investigadores. Los ejemplares son identificados por una protuberancia blanca única —callosidades— atrás de sus cabezas.

Al nacer, las crías tienen una piel totalmente suave, pero en apenas semanas se forman las callosidades, que les acompañan el resto de sus vidas.

Oficialmente, los investigadores catalogan a los animales por número. Extraoficialmente, algunos son conocidos como Nantucket o Silver. Kingfisher, por ejemplo, vive, año tras año, con un aparejo de pesca enredado en torno a sus aletas.

Ruth Leeney y su equipo toman fotografías aéreas de ballenas que se alimentan en la bahía de Cape Cod.

«Este trabajo es particularmente interesante porque una se acostumbra a fusionar investigación con conservación», dijo a esta periodista.

* Este artículo es parte de una serie producida por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales) para la Alianza de Comunicadores para el Desarrollo Sostenible (<http://www.complusalliance.org/>http://www.complusalliance.org). Excluida la publicación en Italia.

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