El foie gras ("hígado graso", en francés) es considerado un manjar.
Se trata del hígado atrofiado de un ganso o de un pato que ha sido
sobrealimentado.
La organización
Animal Equality acaba de exponer cómo trabajan
múltiples granjas productoras de foie gras, seis en España y cuatro
en Francia.
En esta investigación, realizada a partir de julio de 2011,
activistas tomaron fotografías, filmaron vídeos y realizaron
entrevistas fingiendo estar interesados en aspectos generales de la
industria y sin develar su verdadero propósito: documentar el
sufrimiento al que son sometidos los animales.
"Quieren ocultar lo que hacen, porque el foie gras implica mucho
sufrimiento para los animales", dijo a IPS la coordinadora general de
la organización, Sharon Núñez.
Las imágenes del grupo fueron obtenidas legalmente porque no se
utilizaron cámaras escondidas.
El comité del Convenio Europeo sobre Protección de los Animales en las
Ganaderías, adoptado en 1978, estableció en 1999
recomendaciones para
el bienestar de patos
y gansos.
El artículo 7 de esas recomendaciones señala: "En la inspección se tiene que
tener en mente que el
ave saludable emite sonidos y tiene actividades apropiadas a su
edad".
Los "ojos brillantes, la buena postura, los movimientos vigorosos… el
buen plumaje… la forma de caminar… y su comportamiento a la hora de
comer y beber son elementos a tomar en cuenta también", añade.
El artículo 10 exige que se ubique a los animales de forma que
estos puedan "batir las alas, girar sin dificultad y pararse de forma
normal".
Pero, como muestra uno de los vídeos de Animal Equality, los animales
en estas granjas no tienen ese comportamiento adecuado.
Algunos sumergen sus cabezas en los contenedores de agua y no son
capaces de levantarse, a veces debido a su peso y a veces a causa de
las jaulas individuales donde se encuentran.
Frederic Vincent, portavoz de la Comisión Europea, órgano ejecutivo
de la Unión Europea, dijo a IPS que, según las recomendaciones,
"hasta tanto no haya evidencia científica que avale métodos
alternativos, la producción de foie gras debe ser realizada solo donde es
practicada habitualmente y según los estándares de las leyes locales".
Pero, como al parecer las granjas no siguen estas pautas, la Comisión
Europea adoptó en enero una
nueva estrategia en la
que la efectiva
implementación es una máxima prioridad.
"Las recomendaciones explícitamente reconocen la legalidad de la
producción de foie gras y solo establecen ciertas obligaciones a los
países que lo producen", explicó Vincent.
Hoy solo cinco países producen foie gras: Bélgica, Bulgaria, España,
Francia y Hungría. Francia es el mayor productor, con unas 20.000
toneladas en 2011, según un informe del Ministerio de Agricultura de
ese país.
Foie gras en Estados Unidos
En Estados Unidos, el debate llegó al Departamento de Agricultura a
comienzos de julio, cuando el Fondo para la Defensa Legal de los
Animales presentó una acción legal.
El argumento central del grupo es que, para obtener foie gras, los
patos y los gansos son alimentados a la fuerza, con el fin de que sus
hígados se agranden 10 veces su tamaño normal.
"Es un principio simple: los animales saludables producen un alimento
saludable, y los animales no saludables producen alimentos no
saludables", dijo a IPS el director de litigios del Fondo, Carter
Dillard.
"Están literalmente dispuestos a torturar al animal solo para hacer
que tenga mejor sabor, y eso es realmente cruel", señaló Dillard.
El 1 de julio, el occidental estado de California prohibió la
alimentación forzada de animales. Como consecuencia, no se puede
producir, vender ni consumir foie gras.
Desde el cierre de una granja de Sonoma, en California, quedan solo
otras dos en Estados Unidos dedicadas a la producción de foie gras,
ambas en el noroccidental estado de Nueva York: La Belle Farm y
Hudson Valley Foie Gras.
La organización Human Society ha sido muy activa en este caso. El
vicepresidente del grupo, Paul Shapiro, dijo a IPS que "cerrar el
mercado de California para este producto cruel e inhumano fue un
importante paso para el movimiento humanitario".
Cuanto más aprendan los estadounidenses sobre lo "abusivo e inhumano
que es alimentar a la fuerza", señaló Shapiro, "más horrorizados
estarán".
Pero, por otro lado, la Artisan Farmers Alliance, coalición de
productores estadounidenses de foie gras, realiza una fuerte campaña
contra la prohibición en California y presentó un recurso legal
contra ese estado en un tribunal federal.
El caso es impulsado en particular por los grupos Association des
Eleveurs de Canards et D’Oies, de la oriental provincia canadiense de
Quebec, Hudson Valley Foie Gras y el Hot’s Kitchen Restaurant Group,
de California.
El secretario de la Artisan Farmers Alliance, Marcus Henley, explicó
a IPS que la coalición puso toda sus baterías en el caso.
Pero la Humane Society también intervino. La organización trabaja
principalmente para mantener la prohibición en California, informó
Shapiro. El 18 de julio, la justicia falló que esta permanecería en
vigor mientras se analizara el recurso de los productores.
Uno de los últimos acontecimientos en este debate es la enmienda
introducida por el congresista Steve King, del opositor Partido
Republicano, a la Ley Agrícola de 2012, que impide a los estados
establecer sus propios estándares a los productos importados de otros
estados.
La enmienda afectará directamente la prohibición sobre la producción
de foie gras.
"California no tiene derecho constitucional a decirles a granjeros de
Nueva York o de Iowa que no pueden vender en California su producto
legalmente producido según las regulaciones federales", dijo Henley.
Mientras organizaciones como Artisan Farmers Alliance o Hudson Valley
Foie Gras contraatacan las prohibiciones, argumentando que la
alimentación forzada de los animales no les causa sufrimiento, Humane
Society y el Fondo para la Defensa Legal de los Animales aseguran que
la práctica es cruel.
Y mientras hay señales de que el consumo continuará por un buen
tiempo, ya que emerge un mercado negro de foie gras en California,
para otros este manjar culinario tiene los días contados.
"Creo que dentro de 50 años la gente se horrorizará de pensar que
hacíamos esto", opinó Dillard.